6 jun. 2012

EL ÁRBOL DE GARDENIAS (reeditado)

Es moda entre los blogueros, a veces, reeditar alguna entrada de las escritas tiempo atrás,  porque te gustó en su momento, porque te ha pasado algo y viene al caso reeditarla, porque quieres que alguien especial la lea, porque quieres que tus nuevos lectores la conozcan….o porque te da la gana…total, el blog es tuyo y en él haces y deshaces cuanto quieres.

Pues entonces, heme aquí reeditando una entrada a la que le tengo mucho cariño, pero a la que le agregaré otro final.

Como introducción diré que esta entrada la escribí hace mucho tiempo ya más de 3 años, en otro lugar y en noviembre de 2010 se me ocurrió publicarla por primera vez en Blogger, con la etiqueta de CUENTOS, VIDA….ese VIDA…significa que es parte de mi vida la historia contada, porque siempre digo que este blog me sirve de desahogo, cuento cosas que me han pasado maquilladas con un poco de invención,…tiene mucho de real la historia…como que en mi casa había un árbol de gardenias casi tan alto como la casa y les digo que nunca he visto un árbol de gardenias igual….generalmente quedan como arbustos o árboles de 1 m más o menos, pero nunca tan altos como ese….supongo que era el amor con el que había sido plantado y cuidado que lo hizo así de grande, porque lo plantó mi padre para mi madre, porque eran sus flores favoritas, pero también, que una persona muy importante para mí, me regaló una planta de gardenias hace más de 5 años, porque también son mis flores favoritas, pero que un día se marchitaron como dice la canción, entre el calor de Almería y la falta de cuidado cuando la relación se terminó.

Los protagonistas de la historia se distanciaron, pero no tanto como para mantenerse en contacto…verse de vez en cuando, ser amigos, compartir algún que otro momento cuando las aguas volvieron a su cauce y la ocasión era propicia y después de un tiempo plantearse reintentar algo más que una amistad.

Y desde el momento que decidieron hablar para limar asperezas, desencuentros, resquemores, miedos y desconfianzas, y a pesar de las borrascas y los negros nubarrones que de vez en cuando atraviesan los cielos soleados de Almería, seguir juntos…..porque la relación tiene de todo…como todas, creo yo….y nos vamos armando de paciencia para superar cada uno de los tropiezos, para seguir caminando uno al lado del otro…que eso es lo que importa.

Y no hablo más….y reedito la historia con agregados:

Lo había conocido en la casa de una buena amiga y no habían cruzado más de cuatro palabras, cuando sus amigas le dijeron que se iban así que él al despedirse le preguntó su número de teléfono. Ella dudó en dárselo, pero le había caído bien y le impresionaban sus ojos verdosos, así que pensó, por qué no? y se lo dio.

Y ahí estaba su teléfono sonando y en la pantalla el número de él. Le sorprendió su llamada pero a la vez le agradó. Él le preguntó si podrían verse el sábado para cenar y seguir conversando, ella le dijo que mejor era un café por la tarde. Su teoría era que si recién conocía a alguien era mejor quedar para un café, porque si la conversación no era agradable, en cuanto terminara el café podía poner la excusa de que tenía otras cosas que hacer y luego si te he visto no me acuerdo.

Se citaron en una cafetería cerca de su casa, era mediados de septiembre y hacía mucho calor, así que en vez de un café los dos pidieron refrescos, era lo mejor para aliviar la sed y hacer más amena la charla. La conversación transcurría agradablemente, se caían bien, a ella le gustaba su charla, lo que él hacía, le contaba de sus plantas y de su tierra. Le atraía su conversación, ya que nunca había conseguido que ninguna planta viviera, le gustaban las plantas pero ninguna sobrevivía en sus manos, aunque ella se esforzaba, pero en algún momento las plantas la abandonaban, cosa que la entristecía y ahora estaba frente a frente con alguien que hacía que las plantas brotaran y dieran fruto….para ella eso era mágico.

Y transcurrió el tiempo, llego la hora de cenar y se dieron cuenta porque ya la Luna ocupaba en el cielo el lugar donde antes había estado el Sol. Decidieron cenar en un restaurante enfrente de la cafetería donde estaban.

La conversación seguía su curso y los dos lo comentaron, a él le sorprendía que con una persona a quien había visto solo una vez tuviera tanto tema de que hablar.

En ese momento, él hablaba de flores y que tenía rosales a los que cuidaba mucho, ella le dijo que le gustaban las gardenias, porque amaba ese delicioso aroma que es único y es como música que entra por la nariz. Él no conocía las flores de las que ella hablaba, así que ella le tarareó una canción, diciéndole además, sé por qué me gustan las gardenias. Son las flores que asocio con mi niñez y con el amor que se profesaban mis padres. A mi madre también le gustaban mucho las gardenias, mi padre plantó un árbol de gardenias para ella en el jardín y en verano, mi casa siempre olía a gardenias.

Él sin pensarlo mucho le dijo, algún día plantaré unas para ti.

Y ella pensó, si alguna vez lo hace, espero que no se marchiten jamás.

Pasaron dos años, las gardenias no resistieron y se marchitaron, así como se marchitó su amor….aunque ha quedado una linda amistad y unos jazmínes, que ella espera no se marchiten jamás....aunque quizás algún día vuelvan a florecer las gardenias otra vez...nunca se sabe...

Ahora no hay gardenias….aunque hay melones y sandías….pero como dice Antonio Machín…dos gardenias para ti…con ellas quiero decir…te quiero…te adoro…mi vida…..