6/3/2012

LA PAJA EN EL OJO AJENO

Tengo cuarentaytantos y como a muchos de mi misma quinta, me educaron a la antigua usanza, me enseñaron que todo lo que queremos cuesta, que nos lo tenemos que ganar con esfuerzo y que el esfuerzo es lo que cuenta para conseguir las cosas importantes de la vida, que somos los únicos responsables de nuestros actos y de las decisiones tomadas y que debemos proceder siempre de manera honrada, sin juzgar a los demás.

A mi padre le gustaba usar refranes para darme alguna lección o para hacerme entender alguna situación.

Los refranes son consejos tan contundentes e inteligentes, que no dejan lugar a la acotación.

Hace unos días me vi inmersa en una discusión con una persona que repetía y repetía su argumento de que el error en determinada documentación no era relevante, sin fijarse en que para mí era importante que ella averiguara el porqué de dicho error. Le dejé claro que la entendía y que no era necesaria tanta explicación, pero que mi posición era también de atender, como para zanjar la discusión. Ella seguía en sus trece, sin detenerse a escucharme ni callarse, y emitiendo opiniones sobre mi persona que no correspondían ni venían al caso.

Como lo dije en esta entrada, preferí callar y no seguir la discusión, porque además sabía que si le contestaba, la discusión seguiría y ya no podríamos parar.

Hoy que reflexiono sobre el tema, recuerdo un refrán, de los que alguna vez me decía mi padre: “No mires la paja en el ojo ajeno, si no la viga en el tuyo propio".

Lo que significa que no es bueno creer que podemos valorar las acciones y las condiciones de los demás y emitir opiniones, juicios e incluso sentencias, porque no tenemos autoridad para hacerlo, además, así evitamos que nos juzguen de la misma forma y que nos traten con las mismas palabras malsonantes.

Todos en algún momento, nos equivocamos, entendemos mal las cosas o no las entendemos, deformamos la realidad o la distorsionamos, cambiamos el sentido de los acontecimientos, y enceguecidos hemos tratado mal a alguien y lo hemos juzgado malamente, viendo toda clase de defectos, feos y terribles, pero en cambio no vemos esos mismos defectos, e incluso mayores en nosotros mismos y  si los vemos nos parecen insignificantes y hasta los justificamos.

Somos exigentes con los demás y aumentamos sus defectos, viendo la paja en el ojo ajeno mientras presumimos de una vista nítida, siendo todo lo contrario, porque tenemos en nuestro ojo una viga que no nos deja ver claramente.

Antes de juzgar a alguien….es mejor comenzar por sí mismo....yo también me tengo que aplicar a ello.