18 feb. 2012

DE SILENCIOS Y LUCIÉRNAGAS


Dos de mis amigas, Mariela y Juana discutían acaloradamente, y yo no entendía porque lo hacían, pero en determinado momento, Mariela se quedó callada y Juana a pesar de seguir hablando a los gritos también hizo lo propio al rato.

Pensé que se habían calmado los ánimos y todo había vuelto a la normalidad, pero me equivoqué, lo que había pasado era que Mariela había decidido no seguir la discusión aunque no estaba de acuerdo con Juana, cosa que después me comentó y además acotó: “Mi madre me enseñó, porque lo sufrí en carne propia, que la peor forma en que alguien te puede reprobar es mediante su silencio.
Ella callaba en medio de las discusiones y sin previo aviso, porque cuanto más hablaba, yo más le contestaba y lo hacía muy bien, me estaba convirtiendo en las discusiones en una oradora de cuidado y muchas de las veces tenía la razón, pero ella jamás me la daba, solo callaba y así se terminaba la discusión. De todas formas yo seguía rumiando para mis adentros y pensaba que tenía razón, aunque ella no me la hubiera dado. “El que calla otorga” dice el dicho. Pero ese refrán a veces te sirve de consuelo, y otras te da por el trasero, según la situación y quién es el que se calla, porque si se calla el que se suponía te tenía que defender, es muy malo...si vas a suponer que en realidad "otorga". El que se calla, también puede que sea cobarde.", razonaba después, completando el refrán”.

Y todo eso me hizo pensar, en que es verdad, que si has metido la pata hasta el fondo, es mejor callar y no seguir hablando porque si se sigue la discusión, se agrava más la situación y ya no tendrá arreglo ni solución.

Pero también pensé en que la única forma de seguir siendo feliz en un mundo que cada vez pierde más la razón, es darle la razón a todo el mundo, o por lo menos un poco, a ver si la recuperan, porque dice el dicho:

"Debes elegir entre tener la razón o ser feliz: porque ambas cosas a la vez es imposible tener”, y además agrego otro que decía mi madre: “a los locos hay que seguirlos pa’l lado que disparan”.

Si algo está claro es que hablando se entiende la gente, pero a veces los silencios dicen más que mil palabras. Además no podemos ser tan cabezotas, porque las cosas se pueden complicar. Hay que hablar cuando lo que tienes que decir es interesante o tan contundente que termine una disputa, si no mejor callarse, para no meter la pata y además no alimentar a las alimañas porque hay gente en el mundo que nació solamente para molestar a los demás y se comportan como la serpiente que perseguía a la luciérnaga porque le molestaba su luz…es así….cuando hay gente que brilla con luz propia…siempre habrá alguien que quiera apagarla.