30 ago. 2011

LA CARTA (VI)


- Bieeeenn!!!,- exclamó Julio.

- Pero antes me tenéis que decir algo, ¿quién os habló de María?, porque que yo recuerde, nadie sabía de su existencia, solo la abuela Rosa y yo,- dijo José pensativo.

- Pues….pues….es que….abuelo….hemos leído una carta,- dijo titubeando Marina.

- Una carta?,- preguntó José.

- Si…una que estaba en el baúl de la buhardilla,- dijo Julio. – En realidad la leyó Marina.

- Eeeeyy…no seas chivato…porque tú también la has leído después,- dijo Marina mirando a su hermano con ceño fruncido.

- Vale…vale….no pasa nada…es verdad…había olvidado que la abuela había guardado algunas cartas allí…pero nunca pensé que una carta que escribí hace mucho hubiera llegado al baúl…en fin.

- Y entonces…abuelo….¿quién es María?,- preguntó nuevamente Julio.

- Os contaré y voy a empezar desde que tenía diecisiete años,- dijo José mirando a sus nietos.

- Uuuuyyy abuelo….de eso hace mucho tiempo, dijo Julio.

- Juliooooo!!!,- exclamó Marina regañando a su hermano.- Claro que hace mucho tiempo de eso…pero deja hablar al abuelo.

- Y vivía en otro pueblo muy lejos de aquí con mis hermanos. Era un pueblo pequeño y allí conocí a María…era la niña más bonita que jamás había visto y me enamoré perdidamente de ella.

- Qué bonito!!!,- exclamaron los dos niños al unísono.

- Lo más bonito,- continuó José- es que ella se enamoró de mi también. Fue un año glorioso…sin desmerecer a los que he pasado con vuestra abuela, claro…además era la primera vez que me enamoraba y siempre la primera vez es especial. Nos veíamos una vez a la semana en su casa, siempre acompañados de sus padres…así que os imaginaréis…ni un beso ni nada, solo nos mirábamos y sonreíamos…María tenía un año menos que yo…y era adorable. Yo estaba embelesado por sus ojos, su cabello, su sonrisa, su ternura….todo.

José calló un instante. Parecía recordar todos los detalles de esa época de su vida con total claridad y en sus ojos asomaban algunas lágrimas que trató que no resbalaran por sus mejillas.

Julio y Marina lo miraban maravillados, porque siempre les había encantado que su abuelo les contara historias, pero ésta era especial, era su historia y eso les interesaba aún más.

- Poco tiempo después estalló la guerra…los tiempos eran difíciles…todos mis amigos y mis dos hermanos mayores decidieron alistarse…yo con diecisiete años aún no podía, pero esperaba fervientemente mi siguiente cumpleaños para ir a la capital y alistarme…tenía que hacer algo por mi país, igual que mis hermanos y para disgusto de mis padres….y sobre todo de Maria….que me dijo un rotundo no cuando le comenté lo que haría.

- Pero…a pesar de su negativa ¿te alistasteis, abuelo?,- preguntó Julio.

- Claro que si…en esa época, era un hombre muy impulsivo….y cuando se me cruzaba algo entre ceja y ceja, lo llevaba hasta las últimas consecuencias. Pero…ahí comenzó mi desdicha….

- Por qué abuelo?,- preguntó Marina mirando como su abuelo se enjugaba una lágrima que caía lentamente por su mejilla.

Continuará…


28 ago. 2011

LA CARTA (V)



José se despertó en su habitación de la residencia donde estaba. La luz del sol que entraba por las rendijas de la persiana le indicaba que hacía un buen día y podría salir al jardín o jugar a la petanca con otros residentes.

Se acicaló como siempre lo hacía. A pesar de su edad y algunas dolencias que lo aquejaban últimamente, conservaba una buena figura y el aire risueño que había enamorado a alguna que otra mujer en el pasado.

Desayunó en el comedor y bajó al jardín. Se dispuso a caminar un rato por él, pero al final sus piernas cansadas le pidieron un descanso y se acercó a un banco del jardín donde había un hombre que lo miraba con ojos un tanto tristes.

- Hola, puedo sentarme aquí?,- preguntó al hombre, mientras se sentaba en el banco en el que aún notaba la humedad del rocío matinal.

- Si, claro que si,- contestó el hombre.

- Me llamo José. ¿Eres nuevo por aquí?, porque no te había visto hasta ahora.

- Si…mi hija me acaba de dejar aquí….ella debe estar en la Administración dando mis datos y yo he preferido respirar un poco de aire fresco…ahí me ahogaba, sabe?. Me llamo Miguel….encantado José.

- A mi me ha pasado igual el primer día…pero poco a poco me voy acostumbrando a estar aquí…no es fácil…pero lo mejor es estar acompañado por alguien, ya que la familia no puede.

- Puede ser… pero…

- Ya….la familia se echa de menos…porque al estar aquí y no verlos….es duro…y esperas el fin de semana que sabes que lo verás porque vienen a verte.

- Si…he estado en otra residencia hace un tiempo…pero no aguantaba y le pedí a mi hija volver a la casa…pero ella aunque se esforzaba no podía cuidarme…ya estoy muy achacoso, sabe?…así que aquí estoy.

- A mi me ha pasado lo mismo….la parienta se fue hace dos años y los hijos todos en la capital con sus esposas, hijos y ocupaciones varias…y no podían estar pendientes…y uno que empieza con los dolores aquí y allá…que le vamos a hacer!!!...la edad no viene sola y uno que no quiere molestar. Hace un mes, me dio un mareo estando en el baño de mi casa y la única que estaba allí era mi perrita, mi Panchita…me lamió la cara hasta que reaccioné….cuando mis hijos se enteraron me dijeron que no podía estar solo….así que aquí me ve.

- Y que hizo con su perrita?. Porque aquí no se permiten perros.

- Se la llevó mi hijo mayor a su casa….pobrecilla!!….no es lo mismo vivir en una casa en el pueblo con un gran jardín donde poder jugar y correr a vivir en un piso y estar confinada en una terraza…pero sé que mis nietos la están cuidando.

- Menos mal que ella no se ha quedado sola.

- ¿Puede caminar Miguel?. Así le muestro donde nos reunimos todos después de desayunar tempranito. A algunos les gusta leer y se sientan en este parque, pero a otros nos gusta jugar a la petanca.

Miguel se levantó y dando pasitos cortos siguió a José por el parque. De repente vieron a dos niños que apresuradamente corrían a su encuentro gritando: “abuelo…abuelo”.

- Son mis nietos, los hijos de mi hijo mayor,- le dijo José a Miguel que sonreía al ver a los dos chiquillos corriendo.

- Hola abu,- dijo Marina dándole un abrazo y dos besos a José.

- Hola mi niña!!!. Esta vez le has ganado a tu hermano,- dijo José mientras veía que Julio se esforzaba por llegar hasta él.

- Abuelo,- dijo Julio abrazando a su abuelo.

- Qué grande está mi niño!!!. Y ese corte de pelo?,- preguntó al ver la cresta que adornaba la cabeza del niño.

- Está de moda abuelo,- se apresuró a contestar Marina.

- Vaya modas,- dijo José y mirando a Miguel, - Estos son mis nietos, te los presento, Julio y Marina.

- Mucho gusto,- dijo Miguel. – Me voy adentro, quiero ver si mi hija ha terminado el papeleo.

Julio y Marina saludaron a Miguel y se sentaron en un banco del jardín con su abuelo, mientras miraban como Miguel se alejaba.

- Hoy es martes,- dijo José – ¿qué hacéis por aquí?.

- Mamá tenía una reunión esta tarde aquí cerca y nos preguntó si nos apetecía verte y le contestamos que si.

- Pero que buena idea. Me alegro mucho de veros.

- Y nosotros a ti, abuelo, -contestaron los dos niños al unísono.

- Además….queremos preguntarte algo, abuelo, - dijo Julio mirando a su hermana.

- Bien…qué queréis saber?,- preguntó José temiendo lo peor, ya que las preguntas de sus nietos a veces lo dejaban sin saber que responder.

- Esta es fácil, abuelo,- dijo Julio.

- Vale…y qué es?.

- ¿Quién es María?,- preguntó Julio, recibiendo en ese momento un golpe de su hermana que desaprobaba la pregunta.

- Habíamos dicho que no le preguntaríamos nada al abuelo, -dijo Marina mirando fijamente a su hermano.

- Auuuuccchhhh!!!,- exclamó Julio tocándose el brazo.

- No pasa nada….¿queréis saber quién es María???...se los contaré,- dijo José con los ojos llenos de tristeza.

Continuará….

25 ago. 2011

LA CARTA (IV)


- ¿Qué hacemos con la casa?,- se apresuró a preguntar Lorenzo a sus hermanos.

- ¿Qué quieres hacer con ella?,- preguntó a su vez Renato.

- Pues…no sé…quizás venderla….Papá ya no regresará a ella,- contestó Lorenzo mientras servía los vasos de cerveza que había dejado Marisa sobre la mesa.

- ¿Cómo sabes tú que papá no querrá algún día regresar?,- dijo Luis, el más pequeño de los hermanos.- Papá le tiene mucho cariño a esta casa. La ha construido él con sus propias manos y los rosales los plantó mamá. No creo que al viejo le guste la idea de que vendas la casa.

- Pero ¿qué podemos hacer?. Los cuatro estamos lejos, sería imposible por lo menos para mí venirme a vivir a ella….tendría que pedir un traslado en el trabajo, Marisa también en el suyo, a los niños cambiarlos de colegio….no sé….no sé…y vosotros…¿podríais veniros a vivir aquí?,- dijo Lorenzo pensativo.

- Por mi parte me es imposible también. Ya sabes que viajo mucho por mi trabajo y tengo que estar en la capital donde hay mejor comunicación….¡¡este pueblo está alejado de la mano de Dios!!,- dijo Roberto bebiendo un sorbo de su cerveza.

- A mi me pasa lo mismo,- dijo Renato.- Y no creo que a Susana le haga mucha gracia tener que venir a trabajar en un ambulatorio teniendo su consulta en la capital y trabajando en el Hospital Provincial, donde ha conseguido su plaza por fin.

- Si es que estamos todos complicados….¿y tú que Luis?....eres el único que creo se resiste a la idea de vender la casa,- dijo Lorenzo.

- Pues si…no me gustaría que se vendiera…aquí nací y crecí….todos tenemos bonitos recuerdos en ella…pero además….¿por qué tanta prisa por venderla?,- dijo Luis.

- Al no estar papá y nosotros no poder venirnos aquí, creo que esto se vendría abajo….y eso si que no me gustaría….y a papá, menos, que menos. Para él sería una tristeza muy grande. Ya sabes que no estaba muy decidido a irse a la residencia, pero al verse solo y ya con muchos achaques, se convenció que era lo mejor. Lo último que me dijo cuando lo dejé en su habitación fue: “cuida de los rosales”. Le contesté que sí….pero a menos que contrate a un jardinero que se dé una vuelta todas las semanas…para mí va a ser imposible,- dijo Lorenzo.

- Bueno…esa es una solución inmediata….y con el tiempo iremos viendo que hacer, digo…no?,- dijo Luis mirando a sus hermanos uno por uno.

- Ya…a mi me encanta la casa también,- dijo Roberto.- Es como un punto de encuentro para nosotros, porque si bien vivimos todos en la capital, allí nos vemos muy de vez en cuando…en cambio aquí sí que nos encontramos. Creo que si vendemos la casa ya no tendríamos tantas razones para vernos.  Mamá hablaba de esas familias que se ven solo en casamientos o velatorios….y desde que ella no está nos hemos visto en pocas ocasiones…y todas ellas han sido cuando papá nos ha llamado y hemos venido hasta aquí.

- Estoy de acuerdo contigo Roberto,- dijo Luis.- A eso también apuntaba yo.

- Vale…vale…,- dijo Lorenzo.- A mí tampoco me gusta la idea de vender la casa…pero es lo único que se me ocurrió…para salir del paso, lo dije.

- Pienso que podríamos venir a pasar los veranos aquí. Estoy seguro que con una buena piscina en el patio trasero, mis hijos y los vuestros vendrían encantados,- dijo Renato mirando a Marisa buscando su apoyo.

- Me haces reír Renato,- dijo Luis mirando con extrañeza a su hermano.- Una piscina es lo único que te preocupa?.

- Bueno…bueno…tampoco sería mala idea,- dijo Lorenzo.- Creo que de todos nosotros, soy el que más vengo porque vivo más cerca de aquí y algún fin de semana que otro me asomaba para ver cómo estaba papá y vosotros podríais de vez en cuando daros una vuelta para que esto no se deteriore. Vale…dejaremos el tema de la venta para más adelante…aunque algún día tarde o temprano tendremos que pensar que hacer con la casa.

Los cuatro hermanos siguieron hablando animadamente de sus cosas, de su padre, de sus recuerdos sin percatarse que desde la escalera que conducía a la buhardilla, Julio y Marina habían seguido atentamente toda la conversación.

- No podemos permitir que la casa se venda, Marina,- dijo Julio.- Hay que hacer algo.

- Si….pero qué?,- preguntó Marina.

- Se me ocurre que si le insistimos a papá para que todos los fines de semana nos traiga aquí, él dejará de pensar en vender la casa….y no sería mala idea que el tío Renato construyera una piscina.

- Eso ni lo sueñes….con lo “agarrao” que es el tío Renato,- río Marina.

Julio rió también por la ocurrencia de su hermana y subiendo las escaleras, le dijo: “Vamos guapa, que tenemos que seguir investigando en esas cartas….o ya te has olvidado de María???”.

Continuará…

20 ago. 2011

LA CARTA (III)



-Anda…anda….dime que decían las cartas!!!,- insistió Julio mientras se bebía el Colacao de la merienda.

- No…no…tú no me has ayudado en nada,- contestó Marina.

- Anda….si….di que si,- volvió a insistir Julio.

- Qué pesao’ eres chiquillo.

- Venga…dejad de hablar y tomaros los dos la leche,- dijo Marisa con voz firme desde la cocina.

- Ves…ves…por tu culpa mamá nos ha regañado,- dijo Julio.

- Cállate y bebe la leche,- dijo Marina- luego te contaré lo que decían las cartas, aunque no he logrado leerlas todas. Tendré que seguir mañana a la hora de la siesta.

Al terminar la leche salieron corriendo al patio de la casa donde había una glorieta y unos rosales muy bonitos.

-Y???...cuándo me contarás lo que decían las cartas?,- preguntó Julio más que intrigado.

- Las pocas cartas que he leído, eran cartas que le enviaba el abuelo a la abuela y unas pocas de respuesta de ella. Parece que la abuela guardaba todas las cartas que el abuelo le enviaba, pero el abuelo solo ha conservado algunas de las de la abuela.

- Y qué decían??,- insistió Julio.

- El abuelo estuvo en la guerra, cuando casi era un niño, solo dieciocho años tenía cuando se alistó….tú sabías eso??.

- No…no sabía nada…ni papá ni los tíos han comentado nada de ese hecho,- dijo Julio.- Las cartas se las enviaba desde el frente de batalla a la abuela???.

- No…no…le contaba cosas de su vida a la abuela,- contestó Marina moviendo la cabeza.

- Pero…espera…los abuelos se conocieron después de la guerra, a finales de los cincuenta,- dijo Julio. – Una vez sentí al abuelo decirle a papá que poco después que conoció a la abuela lo enviaron a trabajar a una ciudad bastante lejana y que solo la veía una vez por mes, e hizo lo imposible para que lo trasladaran donde la abuela vivía.

- Por eso la razón de tantas cartas…estuvieron separados durante mucho tiempo!!!,- exclamó Marina.

- Si…y gracias que lo trasladaron….porque si no, no estaríamos tú y yo sentados aquí hoy,- río Julio.

- Y….quién es María??,- preguntó Marina.

- María???,- acompañó Julio la pregunta con extrañeza.

Continuará…

17 ago. 2011

LA CARTA (II)



- Julio…Julio…ven aquí,- gritó Marina desde la buhardilla de la casa del abuelo José.

- Qué quieres, pesada?,- preguntó Julio subiendo despacio las escaleras.

- Mira la cantidad de cartas que hay aquí!!!...parece que a los abuelos les gustaba escribir cartas.

- Joooeerr Marina y para eso me haces subir hasta aquí…estaba jugando a la Play.

- Qué pasota eres, tío!!!...está bien…no te necesito…leeré las cartas yo sola…pero si encuentro alguna cosa importante sobre los abuelos, me guardaré el secreto para mi,- dijo Marina haciéndose la interesante.

- Vale…vale...lo has conseguido...dentro de un rato subo de nuevo,- dijo Julio no muy convencido.

Julio bajó las escaleras dejando a Marina sentada delante del gran baúl que siempre habían admirado pero que nunca habían tenido la oportunidad de abrir. Ahora que la abuela Rosa ya no estaba y al abuelo José se lo habían llevado a una residencia, los hijos tenían que decidir que hacían con la vieja casa familiar donde todos habían nacido y crecido. Por esa causa Julio, de diez años y Marina, de doce, se encontraban ese día allí. Ellos eran hijos de Lorenzo, el hijo mayor de José y Rosa.

Marina entrecruzó las piernas y se dispuso a desatar la cinta celeste que ataba unas cartas ya amarillentas.

Se embarcó en la lectura de las cartas, hasta que la voz de su madre llamándola, la hizo regresar desde el pasado.

Continuará…

15 ago. 2011

LA CARTA (I)



Querida María:

Aunque dije que no hablaríamos más, después de nuestra última conversación, no puedo hacer que mi mente te olvide, porque sigue  empecinada en traerte a este presente de soledad y por eso ahora estoy escribiendo esta carta que quizás no recibas nunca.

Mi corazón se hizo añicos cuando escuché de tus labios esas cuatro palabras, esas cuatro palabras que odio con todas mis fuerzas. Me dijiste “ya no te quiero” y creí morir.

Pero aún con el corazón roto, te amo, te amo con cada uno de sus pedacitos, te amo con fruición, con pasión, así te amo y te amé.

Siempre tuve la sospecha de que algún día te marcharías, y no sabía qué hacer para retenerte a mi lado, sin saber que no se puede encadenar a alguien que como tú quiere volar libre y eso hice…dejarte volar, con la esperanza de que algún día regresaras a mí, pero después de este tiempo separados, no sé ya que pensar.

Me gustaría haber detenido el tiempo un segundo antes de que te marcharas. Ese instante en el que aún te tenía entre mis brazos y acariciaba tu pelo y tus ojos me miraban….esos ojos que jamás podré olvidar porque siguen clavados en mi corazón.

Pero también recuerdo como te alejabas a través de la ventana del bar donde ahora me encuentro y te escribo esta carta y me pregunto: ¿qué nos pasó?¿por qué se murió el amor?¿podríamos haber evitado ese final?.

Preguntas que no tienen respuesta…y si la tienen…no sé si quiero saberlas.

No quiero decirte adiós, amor….tampoco te lo dije ese día a pesar de tu despedida…porque aún espero que solo sea un hasta luego.

                                                                                  Siempre tuyo, José

Continuará…




13 ago. 2011

UNA NOTICIA MUY DULCE


De todos es sabido que soy de Uruguay y que nuestra gastronomía es muy rica en sabores, todos ellos heredados de los españoles y los italianos, pero enriquecido con la cocina judía, armenia, rusa, árabe, china y japonesa, por nombrar algunas de las nacionalidades que hicieron su aporte en nuestra cocina.

Parte de esa cocina la compartimos con nuestros hermanos argentinos: el asado, las empanadas y el querido dulce de leche.


Y de éste último quería hablar.

Según la Wikipedia, el origen del dulce de leche es incierto, ya que aún no nos hemos puesto de acuerdo con los argentinos, ni con los brasileños, ni con los chilenos, ni con los colombianos, pero su consumo se ha extendido por todos los países latinoamericanos y en aquellos lugares donde existe una extensa colonia inmigrante de estos países, como España.

Existen diversos relatos en relación al origen del dulce de leche. Sin embargo es difícil establecer cuál es el verdadero ya que muchos de los países donde se lo produce se atribuyen su invención. En Brasil se encuentra el primer relato escrito de producción de dulce de leche, datado en 1773.

En Argentina existe un relato escrito, que se encuentra en el Museo Histórico de la Nación, que fecha su invención hacia el año 1829. Cuenta la historia que Juan Lavalle visitaba a Juan Manuel de Rosas, pero llegó antes que éste a su casa y como estaba cansado se recostó en el catre de éste, quedándose dormido. La criada de Rosas, estaba en la cocina hirviendo leche con azúcar para acompañar el mate de la tarde y se encontró con Lavalle durmiendo sobre el catre de su patrón. A ella esto no le sentó muy bien por lo que avisó a los guardias de la casa. Poco tiempo más tarde llegó Rosas, quien no se enfadó con Lavalle y pidió a la criada el mate con leche. En ese momento, ésta recordó que había abandonado la leche con azúcar al fuego, dejándola calentar durante mucho tiempo. Al regresar a buscarla advirtió que en la olla había una sustancia espesa de color marrón. Su sabor agradó a Rosas y se cuenta que compartió el dulce con Lavalle mientras discutían los puntos del pacto que firmarían, dando así un origen accidental al dulce de leche.

Otros indican que su origen se encuentra más allá de los Andes, en tierras chilenas y que fue José de San Martín quien lo llevó a Argentina. San Martín, un reconocido sibarita, le gustó de tal forma el dulce, que llamaban manjar de leche, que decidió llevarse varios frascos en la expedición libertadora del Perú, para él y sus hombres. En su retorno hacía La Plata se llevó otros frascos, junto a la receta para producirlo.

En Uruguay se consume desde tiempo inmemorial y he tenido el gusto de probarlo desde la cuna, a pesar de las recomendaciones de los dentistas que dicen que no hay que darles comidas muy dulces a los niños.

Pero quien se puede resistir a su sabor, a su cremosidad, a su palatabilidad….a sus encantos….creo que nadie.

Hace unos años y por mi condición de “Dulcinea del Toboso” como diría mi amiga “la Vicky”, que no me acerco a un frasco de dulce de leche, pero no puedo dejar de difundir y homenajear un producto con el que crecí chupándome los dedos….jeje…porque es así….el Dulce de leche Conaprole es el mejor y así fue declarado en el Primer Festival Nacional del Dulce de Leche celebrado en Young (Fray Bentos - Uruguay)….si es que, el Dulce de Leche es lo mejor que se ha inventado en el mundo.

Aquí les dejo el enlace a la noticia:


12 ago. 2011

EL MUNDO AL REVÉS

En mi país siempre se habla del mundo al revés, el mundo patas arriba, y más quizás por ese mirar en perspectiva desde el sur. Ya lo hacía notar Joaquín Torres García en su obra "El Sur es el Norte", en donde ubicaba a Uruguay como el corazoncito de Sudamérica. Y vaya si Uruguay es un mundo al revés, pero esto es para otro post o para varios.

Hoy me quiero detener en una de las acepciones del mundo al revés, y es la de cuando se vive en el absurdo, se premia lo deshonesto, lo corrupto, las actividades alejadas de las normas establecidas, la riqueza y el lujo por sobre la solidaridad y podría decir más. Hasta Eduardo Galeano, ese gran escritor uruguayo, y perdonen que nombre tanto a mis connacionales, pero es lo que más conozco, obviamente, ha escrito un libro que hace referencia a ello ("Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés" (1998).

Ahora que vivo aquí, en el norte, me siento como que sigo viviendo en el mundo al revés, en definitiva es el mismo mundo, salvo que pensaba que sería diferente pero no es así y que no era el vivir abajo lo que me hacía sentir esa sensación extraña.

Veo en el noticiero casi todos los días las mismas noticias, una y otra vez, los mismos casos de corrupción, que fulano "metió la mano en la lata" y ha sido descubierto, pero y con todos los que no han sido descubiertos, qué hacemos?, que mengano mató a su esposa y que ya van no sé cuántas muertes de mujeres este año por violencia de género y así podría seguir enumerando las noticias que escucho invariablemente todos los días.

Y puedo seguir con las muertes por la hambruna indescriptible en África, mientras otros descorchan botellas de champagne al veranear en alguna playa de moda o el reparto que hace de su fortuna la televisiva Duquesa mientras sigue subiendo la prima de riesgo y el desempleo haya bajado por circunstancias veraniegas pero todavía hay gente que hace cola a la noche para poder recoger lo que los grandes supermercados tiran a la basura porque está caducado y nadie lo ha comprado.

Pero la noticia más insólita que he escuchado, aunque sin confirmar y surrealista total, es que Marruecos quiere parte de las ganancias que se obtienen de las visitas a la Alhambra granadina….se imaginarán como se lo han tomado “los granaínos”.

En fin….el mundo al revés, y comienza mi run run interno de la queja, hace unos días que me vengo quejando, si quejando, ante la indiferencia, la mentira, la falsedad, el egoísmo, los celos, la envidia, la adulación barata, la incoherencia, el querer llevarse a la gente por delante, el marcar el territorio como animales, el serruche de patas, el creerse superior y los mejores en todo, el creernos víctimas y ser victimarios, el echarle la culpa al otro porque es lo más fácil.

Y me pregunto ¿de qué me sirve la queja en estos casos?, si hasta a veces me comporto de la manera en la que anoto, aunque en mi defensa diré que conozco mi proceder, más allá que en determinados casos me cueste reconocerlo y no haga nada por cambiarlo, ¿de qué me sirve escribir y escribir sobre estas cosas?, ¿con las quejas creo que la gente cambiará?. Mi respuesta me desilusiona, porque es un NO grandote, a veces la gente ni siquiera se entera de esto, con que alguien escriba un blog sobre lo que no nos gusta, o quisiéramos cambiar de este mundo del revés en que nos ha tocado vivir, no conseguimos nada, porque la mayoría de la gente seguirá con su vida y sin enterarse del daño que hace.

Entre tanto pensamiento me pregunto ¿se solucionarán todos nuestros problemas algún día?, pues otro NO grandote me contesto, aunque me pese, o demoraremos mucho en llegar a las soluciones para levantar cabeza, para dejar de sentir que vivimos en el mundo del revés.

Quizás y eso espero, a alguno haga pensar con esto que he escrito, por lo menos, lo he conseguido conmigo, ahora solo me falta encontrar soluciones, espero que alguien me ayude, porque a todos nos toca poner nuestro granito de arena para poder cambiar y primero hay que hacerlo por casa.

Por esto y porque he leído el blog de Genín (Mi herencia) que me ha hecho reflexionar sobre uno de los temas tratados, les dejo el enlace…quizás entre todos podamos poner nuestro granito de arena en África: