23 abr. 2011

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO


El Día Internacional del Libro es una conmemoración celebrada a nivel internacional con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. Lo promulgó la UNESCO en 1995. Se celebra cada 23 de abril desde 1996 en varios países, que ya pasan del centenar. 

Este 23 de abril, Buenos Aires es elegida como "Capital Mundial del Libro", permaneciendo en el cargo hasta la misma fecha de 2012 en la que será sustituida por Ereván.
FUENTE: Wikipedia

Así que para recordar este día y homenajear a Buenos Aires, lo quiero hacer con una de sus hijas predilectas, con alguien que a pesar de tener 7 años, tiene una inteligencia sin igual, y representa la voz de muchos niños y no tan niños que esperan hacer de éste Mundo un lugar mejor donde vivir, aunque sus conclusiones sean pesimistas debido a las circunstancias que nos rodean y que no han mejorado en los 46 años que tiene la viñeta.

Por si no se han dado cuenta, hablo de Mafalda del inefable Quino, publicada por primera vez en 1964 hasta 1973, pero que sigue siendo tan vigente, porque Mafalda siempre ha hablado de paz, democracia, justicia, solidaridad, libertad y sobre todo felicidad. 

Por mi parte, disfrutaba todos los días con su humor, su crítica punzante e irreverente y sus comentarios que eran y siguen siendo reflejo de la sociedad en que vivimos. 



22 abr. 2011

DIA DE LA TIERRA, VIERNES SANTO Y MI CUMPLE

Tres acontecimientos el mismo día y supongo que habrá muchos más...unos son de reflexión, otros para recordar y otros para celebrar.


Google nos recuerda con este simpático doodle que hoy, 22 de de abril se celebra en muchos paises, el Día de la Tierra. Hace ya algunos años que se  instauró este día para que reflexionemos y tomemos conciencia sobre los problemas de la superpoblación, la contaminación, la desaparición de las especies animales y vegetales, la conservación de los recursos naturales y muchos aspectos ambientales que atañen a todos.


Viernes Santo....que nos recuerda que Jesús se sacrificó por todos nosotros, uno de los días más trascendentales del Cristianismo, en el que son numerosas las manifestaciones tradicionales de devoción.




También en otros 22 de abril han ocurrido éstas cosas:
  • 1451: nace en Avila Isabel I La Católica, reina de Castilla
  • 1724: Nace el filósofo alemán Immamuel Kant
  • 1870: Nace Vladimir Ilich Ulyanov, Lenin, revolucionario y teórico político ruso, fundador del Estado que se convertiría en la Unión Soviética y presidente del primer gobierno establecido tras la Revolución Rusa de 1917
  • 1904: Nace el físico estadounidense Julius Robert Oppenheimer, quien dirigió el desarrollo de las primeras bombas atómicas
  • 1916: Nace en Nueva York el violinista estadounidense Yehudi Menuhin
  • 1917: Nace en Melbourne el pintor australiano Sir Sidney Robert Nolan
  • 1926: Nace en Glasgow el arquitecto británico James Stirling
  • 1937: Nace Jack Nicholson, actor estadounidense
  • Y en 1968 nazco yo....que no soy ninguna celebridad...pero aquí estoy, compartiendo cumpleaños con un actor, un revolucionario, un violinista, un arquitecto, un filósofo, un físico, un pintor y hasta con la mismísima Reina Isabel La Católica, que si no fuera por ella Colón no hubiera descubierto América y yo no existiría. 
Así que...tarta de cumple para celebrar (porque no hay celebración sin ella) y gracias a todos por estar allí.


16 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XI)



- Hace casi dos meses que trabajas aquí Analía y no puede ser que solo hayas trabajado dos semanas completas. El resto de los días has llegado tarde, te has lastimado la espalda o eso me has dicho. Tienes que poner más de ti en esto porque si no voy a tener que despedirte. Te recuerdo que estás todavía en el período de prueba y esto no puede seguir así. Eres buena vendedora, pero si no cumples los horarios, no puedo seguir cubriéndote las espaldas ante los demás,- dijo Sergio con voz firme.

- Si, si, Sergio, lo sé, pero es que esto es muy duro para mí y lo sabes, hace mucho que no trabajaba y cuando me levanto por la mañana tengo que hacer muchas cosas antes de salir para aquí, porque no puedo descuidar a mis hijos y a mi marido. Y te digo que este trabajo está terminando con mi matrimonio. Si antes las cosas no estaban bien, ahora están peor,- dijo Analía con tono preocupado y suplicante.

- Bueno Analía, no sabía eso. Ya sabes que en mi tienes un amigo en quien puedes confiar. Yo también tengo problemas con mi mujer….bueno…..pero no quiero hablar de eso….no sé ni para que te lo digo,- dijo Sergio entrecortadamente sin querer revelar su situación.

- Sergio sabes que puedes contarme. Suponía que tenías algún problema porque estás algo taciturno, tampoco te conectas por la noche como antes. Echo de menos nuestras largas conversaciones. Ya sabes que puedes confiar en mí,- dijo Analía cogiendo la mano derecha de Sergio.

- Ya….si….lo sé Analía y te lo agradezco. Sabes que hace unos días estoy pensando en separarme, para tomar distancia y tener tiempo para pensar que es lo que voy a hacer. Además se acerca mucho trabajo y tendremos que estar más horas aquí y el ir y venir me tiene muy cansado. Estoy pensando en alquilar un estudio por aquí cerca, por lo menos por unos meses, mientras tengamos mucho trabajo y le encuentro una solución a mis problemas.

- Es una buena idea, Sergio. Si quieres te puedo ayudar a buscar algún piso por aquí,- dijo Analía acariciándole la mano.

- Gracias guapa. Ya te diré cuando me ponga a buscar algo –dijo Sergio retirando su mano.

El contacto con la mano de Analía además de agradarle lo ponía nervioso porque esas caricias le llegaban hasta su corazón. Desde que Analía había comenzado a trabajar había comenzado a sentir algo especial por ella y eso también lo hacía pensar en su matrimonio, en su mujer, en su distanciamiento, en que Analía era casada. Estaba hecho un lío.

Sergio abrió la puerta de su despacho diciendo que iba al subsuelo a buscar unos libros que iba a mostrar esa tarde en una visita, sin percatarse que ya los había subido esa mañana y los tenía en su escritorio.

Analía le dijo que iba a preparar una de las visitas que debía hacer esa tarde a una librería de la zona, pero antes de salir del despacho de Sergio sintió el impulso de abrazarlo y lo hizo. Él le resultaba agradable, pero no le gustaba como hombre, aunque le admiraba por todo lo que trabajaba y lo bueno que era por darle trabajo.

Sergio se sonrojó por tanta efusividad, pero realmente en ese momento necesitaba un abrazo de apoyo, aunque ese abrazo removió hasta lo más profundo de sus sentimientos. Sintió ganas de besar a Analía pero se contuvo, no podía ni quería complicar aún más las cosas. Cuando tuviera las ideas más claras ya le podría confesar lo que sentía.

Continuará…

11 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (X)



“No lo vas a poder creer” dijo Analía por el MSN en cuanto vio que Armando se conectaba.

Armando dijo: ¿Qué ha pasado?.

Analía dijo: Estoy trabajando.

Armando dijo: ¿Y eso? ¿Cómo ha sido?

Analía dijo: Recuerdas que te comenté que había conocido a un tío que trabaja en una editorial. Pues me ofreció ser comercial de la misma y he comenzado hace una semana, pero no te lo había contado antes porque quería darte la sorpresa cuando me confirmaran realmente que quedaba en el puesto.

Armando dijo: Qué buena noticia Ana!!!. Aunque me estoy poniendo celoso. Ya me hubiera gustado ofrecerte trabajo, para tenerte cerca. Pero ya sabes, trabajo con mi suegro y como las cosas no están bien con su hija, no creo que viera bien que yo le presentara a alguien para trabajar en la empresa y después me viera contigo.

Analía dijo: No te preocupes guapo. Te entiendo. Ya sabes que yo no lo necesito, pero esto me da la oportunidad de salir de casa, sin tener que decir a donde voy, porque saben que voy a trabajar. Tener mi dinero sin tener que dar cuentas a nadie, y hasta quizás poder alquilar un piso, porque estoy bastante cansada de esta vida de ama de casa que tengo, de que no me dejen vivir mi vida, que me controlen por todo. Estoy agotada de esta vida.

Armando dijo: Ayyy mi niña!!!. Cuánto me gustaría poder ayudarte, pero estoy atado de pies y manos por ahora. En cuanto tenga todos mis asuntos arreglados ya podremos vernos cuánto queramos y estar juntos. Porque sabes que eso es lo que quiero….estar contigo. Me tienes totalmente atrapado, con tu dulzura, tu buen humor, con lo graciosa, guapa e inteligente que eres.

Analía dijo: Y tú a mi guapo.

Siguieron conversando por el MSN hasta que Analía vio que su marido se revolvía en la cama y temía que se despertara y le preguntara que estaba haciendo a las 3 de la mañana con el ordenador encendido.

Se despidió de Armando con un beso y un te quiero larguísimo, colocó el portátil sin hacer ruido debajo de su mesa de noche y se tapó con la manta.

Al día siguiente ya vería que excusa ponía en la editorial para no ir temprano porque durmiéndose a esa hora, estaba segura que no habría grúa que la levantara a las 8 de la mañana para ir a trabajar.

***
Armando apagó el ordenador de su escritorio y subió las escaleras del dúplex, rumbo a su dormitorio. Le había dicho a su esposa después de cenar que tenía que trabajar en unos asuntos importantes y no quería ser molestado por nadie, que trabajaría hasta tarde. Era la única forma de hablar con Analía sin ser interrumpido.

Mientras se quitaba la ropa pensaba que ya iba siendo hora de alquilar algún piso pequeño para poder llevar a Analía allí de vez en cuando y a cualquier otra que surgiera, pero debía hacerlo sin que su mujer sospechara nada.

Si algo tenía claro, era que a su mujer no podía dejarla, porque en el fondo la quería y además tenía su vida ya muy estructurada, con su trabajo en la empresa de su suegro, que algún día sería suya y una familia “perfecta” con sus tres hijos.

Ya vería la forma de darle largas a Analía si alguna vez las cosas se le complicaban con ella, aunque no lo creía, la veía ya muy interesada en él, así que por ese lado no iba a tener problemas y tendría Analía para rato, hasta que se aburriera.

Continuará…

9 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (IX)



Analía salió de la tienda donde se había comprado una falda beige acampanada y una blusa blanca que combinaría con un gran cinturón y unas botas de piel marrones, que le daban un aire muy folk. Ese estilo de ropa le gustaba y le sentaba muy bien.

Como había quedado con Sergio a las 11 de la mañana, aún tenía tiempo de tomar un café y cambiarse de ropa para ir a la entrevista.

Al salir de la cafetería pasó por la vidriera de una tienda y se contempló. Estaba muy guapa con esa ropa y segura de su éxito en la entrevista y con Sergio.

Sonrió, muy pocos hombres se resistían a sus encantos, sus ojos y su sonrisa.

Cuando Sergio la vio entrar en la editorial, quedó impactado. La había visto dos veces por la webcam pero personalmente ver a Analía con su espectacular cabellera castaña y su impactante sonrisa, quedó cautivado. 

Reponiéndose de la primera impresión, la saludó ofreciéndole la mano para mantener la distancia y no sentirse desde el principio descolocado por su proximidad, pero ella además de cogerle la mano le dio dos besos y le dijo con una enorme sonrisa: “Encantada de conocerte Sergio”.

Él la invitó a sentarse en la silla de enfrente de su escritorio, le preguntó algunos datos y le pidió su curriculum. Analía le dijo lo que tantas veces había repetido frente al espejo esa mañana y que además sabía llamaba la atención sobre su persona haciéndola ver como una mujer trabajadora y valiente.

Le comentó sobre su trabajo en el cortijo y su experiencia en otros trabajos. Tenía mucha facilidad de palabra y un tono de voz que convencía al más escéptico, aunque ella sabía que era todo mentira. No había trabajado en su vida y salió de la casa de sus padres sin haber terminado los estudios secundarios para casarse. Su marido siempre la había mantenido pero era hora de tener su propio dinero sin tener que darle cuentas a nadie. Pero todo esto no se lo podía contar a Sergio, por lo menos, no la primera vez que se veían.

Sergio la escuchaba y la miraba encantado y ella seguía con su historia sabiendo de antemano que ya tenía a ese hombre en el bote.

De repente llamaron a Sergio por teléfono y éste le dijo que aguardara un segundo que era una llamada de su jefe de área. Le sintió decir que estaba realizando entrevistas para el puesto de comercial, pero que ya estaba terminando y tenía a los candidatos más o menos decididos.

Cuando terminó de hablar, Sergio le dijo que la esperaba al día siguiente para comenzar con la formación de los comerciales, porque le había gustado su forma de expresarse y pensaba que ella podía aportar mucho en ese trabajo.

Analía sonrió encantada, diciéndose un siiiii interno, y si hubiera podido lo habría acompañado con un gesto de su mano, pero se contuvo, le agradeció a Sergio por la oportunidad que le daba y se levantó diciéndole que se verían al día siguiente, pero cuando iba llegando a la puerta de la oficina, se dio la vuelta, le sonrió y le dijo si quería almorzar con ella ya que se quedaría un rato más en la ciudad y no le gustaba almorzar sola.

Sergio no salía de su asombro por tanta amabilidad y le contestó que sí. Hacía días que almorzaba en la oficina y ya iba siendo hora de comer como dios manda y si era en buena compañía más que mejor.

Continuará…

6 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (VIII)



Sergio terminó de cenar y mientras su mujer lavaba los platos, encendió su ordenador portátil y se conectó al MSN.

Allí se encontró conectada a Analía y dudó en enviarle un mensaje. No quería estar conectado por mucho tiempo pero al ver el correo que le había enviado ella, se decidió, le envió un saludo y comenzaron a conversar.

Ella le parecía una mujer muy guapa, educada, graciosa y divertida. Le contó que vivía en un cortijo cerca de su pueblo. En ese momento no trabajaba, nada más que en su casa, pero estaba buscando algo que hacer, porque ya sus hijos eran grandes y ella sentía que tenía que hacer algo más para no aburrirse. De todas formas le dijo que no lo necesitaba, solo era por entretenerse unas pocas horas al día. En su juventud y antes de casarse, había trabajado en una boutique de ropa y en una librería, así que por ahí enfocaba su búsqueda de trabajo, aunque por la situación laboral del país y por su escasa experiencia sabía que le iba a ser difícil encontrar algo, pero no cejaba y estaba segura que algo conseguiría.

A Sergio se le ocurrió decirle que si ella se animaba podría entrevistarla para trabajar como comercial en la editorial en la que él trabajaba. Analía quedó encantada con la idea y le dijo que iría a verle si no era para él un inconveniente.

Quedaron de verse en la oficina de Sergio al día siguiente y se despidieron con un beso y nos vemos mañana.

Sergio pensó que quizás se había apresurado un poco al ofrecerle trabajo a alguien que ni siquiera conocía, pero en definitiva así pasaba con todas las personas que contrataba, porque leer el curriculum y hacer una serie de preguntas no aseguraba que esa persona tuviera buen desempeño desde el principio. Ya vería al día siguiente el desempeño de Analía en la entrevista y decidiría.

Analía anotó la dirección de la oficina de Sergio. Al día siguiente le pediría a su hermana que la llevara a la ciudad cuando iba a trabajar y luego pasearía un poco y se compraría algo de ropa antes de la entrevista, para estar presentable y causarle buena impresión a Sergio.

Desde que él le había ofrecido entrevistarla, se había propuesto quedarse con el puesto. Sería una forma de salir de casa por lo menos por un rato, y además tener su propio dinero para no tener que pedirle siempre a su marido, quien no le negaba nada, pero a veces le pedía cuentas de tantos gastos en ropa y comidas preparadas.

Continuará…

4 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (VII)


Analía regresaba a su casa después de una tarde de café con Armando. Eran las ocho de la noche. Definitivamente estaba feliz, había conocido al hombre de sus sueños. Alto, guapo, trabajador, divertido, sencillamente encantador. El único inconveniente era que estaba casado aunque como él le aseguró se estaba separando. Hacía dos semanas que estaba buscando un piso para mudarse y trataba de arreglar todos los asuntos con su abogado para que su mujer y sus tres hijos no tuvieran problemas.

Al igual que le pasaba a ella, él no era feliz con su mujer, y según le había dicho, aunque vivían en la misma casa, hacía más de seis meses que no dormían juntos.

La situación que degeneró en eso, comenzó poco después que su mujer quedó embarazada de su tercer hijo. Continuaron un poco más, intentando arreglar lo inarreglable, pero después de nacer el niño entendió que no podían seguir intentándolo, era inútil, las peleas se sucedían día tras día y por el bien de sus hijos que no se merecían ver eso, decidieron de mutuo acuerdo separarse.

Qué historia, pobre Armando!!!, pensó Analía. Pero allí estaba ella para consolarlo en todo lo que pudiera, además a ella le gustaba, eso lo tenía claro y si él se separaba y le ofrecía tener algún tipo de relación, aceptaría encantada sin pensarlo, porque ella tampoco quería seguir en su casa al lado de su marido, un hombre que aunque la quería ya no le daba lo que ella necesitaba, ella quería aventura en su vida, diversión y no rutina que eso era lo que tenía con él.

Encendió su ordenador portátil mientras se quitaba la ropa y se dirigió al baño a  ducharse. Luego revisó  su correo. Se encontró con un correo de Sergio que le agradecía su interés. Sonrió y pensó que ese era otro buen partido. Si bien no era tan atractivo como Armando, Sergio era un hombre trabajador y atento al que sería interesante conocer. Así que le contestó:

“Hola Sergio, de nada guapo. Me conecto al MSN casi todas las noches, alrededor de las 10, si quieres podemos hablar esta noche o cuando tú gustes. Un besito.”

Llamó a la Pizzería y encargó una pizza tamaño familiar para cenar cuando vinieran su marido e hijos. Esa noche tenía "cita cibernética" con Armando otra vez y no quería perder el tiempo en cocinar y si Sergio se conectaba, también hablaría con él.

Continuará…

3 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (VI)



Vaya!!!, exclamó Sergio al recibir el aviso del mensaje de Analía apenas conectarse al MSN a mediodía mientras almorzaba un sándwich frente al ordenador de su oficina.

Se había conectado por curiosidad, ni más ni menos. Pero ese mensaje significaba que le tocaba mover ficha a él y no sabía qué hacer. Suponía que esa mujer tan guapa tendría muchos admiradores, de hecho había visto cuando descubrió su perfil en la red social que mantenía conversaciones muy graciosas con muchos de los amigos que tenía.

Bueno, en realidad, es solo por conversar con alguien que hago esto, se decía, no pretendo nada más y espero que esta mujer tampoco, pensaba, porque ampliar contactos y compartir opiniones con otras personas siempre había sido su interés.

Últimamente estaba tan inmerso en su trabajo que no tenía tiempo para nada, veía muy poco a su esposa, generalmente de noche y los fines de semana y para sus hijos se estaba convirtiendo prácticamente en un desconocido. Su hijo Marcos hacía dos meses que vivía en pareja con su novia y lo veía los fines de semana y a su hija Lola la veía de vez en vez, porque estudiaba fuera y la niña viajaba cuando podía.

De todas formas, su familia sabía que él los quería y se preocupaba por ellos y que en definitiva era por ellos que trabajaba tanto.

Hacía años que tenía ese ritmo de trabajo, por lo menos más de diez, desde que Don José, su antiguo jefe, se había jubilado y a él lo habían ascendido. Desde el principio había tomado el trabajo con mucho entusiasmo, hasta se llevaba trabajo a casa para terminar los fines de semana. Eso provocó su distanciamiento con la familia y de los pocos amigos que tenía, por eso en ese momento estaba como estaba, además de estresado, se sentía solo a pesar de no estarlo.

Quería hablar con alguien, contarle sus cosas y aunque tenía a su mujer, no quería agobiarla con sus problemas, por eso buscaba a alguien con quien conversar y Analía era una buena candidata, porque se notaba que era una mujer que sabía escuchar por lo que había leído de ella en la red social.

Esta vez le enviaré un correo de agradecimiento y escribió:

“Hola guapa, agradezco tu interés en contactar conmigo. Espero podamos hablar en otro momento si coincidimos. Saludos cordiales”.

Y apretó enviar.

Me ha quedado muy formal, me parece, pensó, pero está bien, recién la conozco, se dijo y se desconectó del MSN. Le dio un último mordisco al sándwich, se terminó el refresco que estaba tomando y se levantó para estirar las piernas. Le quedaban aún cuatro horas de arduo trabajo con reunión incluida con el equipo de comerciales que estaba formando para aumentar la cartera de clientes de la editorial.

Continuará…

1 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (V)



Analía vio la respuesta de Sergio pero como chateaba también con Armando que le contaba unos chistes muy divertidos, olvidó contestarle.

Cuando tres horas después abrió la ventana de conversación con Sergio, observó que él se había despedido hacía buen rato, así que le contestó: “hasta mañana Sergio, claro que me gustará hablar contigo, cuando quieras, un besito”.

Esperaba que Sergio no se hubiera enfadado por su falta de respuesta y no quisiera hablar más con ella. Por lo que había visto de él en la red social, le parecía un hombre interesante, aunque algo mayor para su gusto, ya que ella recién había cumplido los 40 y no tenía prácticamente arrugas, solo algunas pequeñas que intentaban asomar alrededor de sus ojos, y las combatía con unas cremas carísimas, porque no se podía permitir tener arrugas, odiaba envejecer y haría lo que fuera por conservarse siempre joven.

Se despidió de Armando y se acostó. Su marido dormía plácidamente desde hacía mucho. Le miró, era un hombre bueno y trabajador, pero muy simple. Cuando se conocieron, ella tenía 17 años, era una joven inexperta pero con muchas ganas de vivir y conocer mundo y la única forma que pensó serviría para su objetivo, era casándose con ese hombre que la quería y le daría todo, hasta la Luna y las estrellas si ella se lo pedía. 

Al principio se había enamorado de él, fueron los mejores años y fue cuando vinieron los hijos también, pero después de tantos años ya no sentía nada y seguía con él por costumbre, por conveniencia, porque ella no trabajaba y su marido era quien la mantenía como siempre había hecho y le seguía haciendo todos los gustos. 

De vez en cuando pensaba que si en su vida apareciera alguien que le diera todo lo que le daba él y más, entonces lo dejaría, pero mientras tanto aguantaba tener que estar con Carlos, su marido. Esa situación no le gustaba del todo, generalmente su marido la trataba bien, con cariño y amabilidad, pero a veces solía decirle que hiciera algo en la casa, algo diferente que estar conectada al ordenador todo el día, y eso la molestaba, se sentía controlada, así que para cubrir apariencias se inscribió en un curso de inglés on line, que, obviamente, no había empezado, aunque a él le decía que si, porque eso le permitía estar conectada y chatear con sus amigos y sobre todo con Armando.

Se iba quedando dormida, pero seguía pensando en la red, en sus contactos y en Armando. Había quedado con él para tomar un café al día siguiente, era su primera cita y ya había decidido que ropa se pondría para sorprenderle. Armando era un moreno bastante guapo, “casi separado”, que había conocido hacía dos meses en la red y aunque él se había resistido un poco a quedar con ella, al final se había salido con la suya y lo había convencido diciéndole que quedar para tomar café no tenía nada de malo.

Continuará…