13 nov. 2011

UN BIZCOCHO MÁS QUE TÚ

Cuando le conocí de veras, él ya era un hombre de casi cincuenta, pelo cano, ojos verdes y sonrisa arrolladora. No en vano, mi tía se había enamorado de él hacía muchos años atrás después de una discusión en la que ella lo trató malamente. Él ni corto ni perezoso, después de aquello, decidió que ella iba a ser la mujer de su vida y así fue, después de doce años de noviazgo.

Vestía siempre de camisa y corbata, porque era funcionario y cobrador para más inri. Era de una nobleza sin igual y tenía mucho sentido del humor y una obsesión con la puntualidad, junto con una responsabilidad tal que cuando tenía balances de caja no se le podía ni chistar.

Fue la persona que me enseñó a escribir mi nombre y a cantar una cancioncita en francés que aún hoy recuerdo. Mirábamos la TV al mediodía mientras almorzábamos y me la tapaba para que no me entretuviera con los anuncios y tomara la sopa. Y por la tarde cuando me obligaban a tomar la merienda, nos peleábamos por los ricos bizcochos que hacía mi tía. Siempre yo tenía que comer uno más que él, cosa que era imposible.

Además de mi padre, él era la otra persona que yo conocía que fumaba, pero le gustaba fumar en pipa y a pesar que no soy fumadora y nunca me ha apetecido fumar, el olor al tabaco de pipa me gustaba. Recuerdo aquel olor a ese tabaco y hoy cuando siento el mismo olor me recuerda a ese hombre que me cogía de la mano para cruzar la calle, al que le pegué en la rodilla cuando no me dejó subir al terrado de su casa justo el día que mi tía tuvo el accidente. Con solo ese gesto me salvó la vida porque si la hubiera acompañado hubiera volado por la ventana hacia la calle y hoy no estaría contando esto. Nunca se lo agradecí como debiera.

Aquel día con tan sólo 6 años aprendí cuanto me quería mi padrino, que a pesar de mi golpe no me dijo nada y vi en sus ojos la preocupación y el amor que sentía hacia mi tía al verla con la cabeza vendada.

Hace muchos años que no estás conmigo, pero desde entonces cuando veo fumar a alguien tabaco en pipa, no puedo evitar sentirme de nuevo una niña y recordar a mi padrino cogiéndome de la mano.

Realmente y aunque no tuviste hijos, la vida te dio una legión de sobrinos a quienes enseñar y cuidar....GRACIAS PADRINO.