4 sept. 2011

LA CARTA (VIII - FIN)



- Hola abuelo,- dijo Julio despertando a José que dormía plácidamente una siesta sentado en uno de los sillones del jardín de la residencia.

- Hola mi niño,- dijo José dándole un beso a su nieto.- Me he quedado dormido después del almuerzo. En este jardín se está tan a gusto, aunque no es igual que el de la abuela, verdad?.

- Pues no, abuelo. Faltan sus rosales y la pérgola. Sabes que el tío Renato quiere construir una piscina?,- dijo Julio sentándose al lado de su abuelo.

- Aaahhh si!!!. Vaya sorpresa….pero creo que eso no lo veré…porque aunque el tío Renato lo haya dicho, desprenderse de un buen puñado de pelas le costará más que ducharse…y eso te lo digo porque lo conozco desde niño,- río José divertido para alegría de su nieto.

- Eso mismo dijo Marina, abuelo.

- Y hablando de tu hermana, ¿dónde está mi nieta?,- preguntó José.

- Se ha quedado con mamá en la Administración…la Señora de la entrada la ha llamado para comentarle no sé qué cosa, abuelo.

- Pues yo tampoco lo sé…pero ya lo averiguaremos,- dijo José levantándose.- Vamos a ver que se traman en la Administración. Seguro que quieren más dinero por las habitaciones.

Julio acompañó a su abuelo, que con paso firme se dirigía hacia la entrada de la residencia, donde estaba ubicada la Administración. Mientras subían las escaleras, se cruzaron con una señora delgada, muy guapa y elegante, que subía apresuradamente, a la que José saludó con una sonrisa y una inclinación de cabeza.

- Debe ser nueva, - le dijo José a su nieto. – Porque nunca la había visto por aquí. Ya averiguaré quien es, porque es una señora de muy buen ver.

Julio sonrió recordando las cartas de su abuelo, lo risueño y enamoradizo que siempre había sido y la historia de María, mientras su abuelo descansaba en el rellano de la escalera antes de entrar.

Al llegar a la Administración se encontraron con Marina y con su madre que hablaba animadamente con Beatriz, una de las secretarias de la Administración, pero también con la señora con la que se habían cruzado en la escalera.

- Hola Beatriz, -saludó la Señora acercándose al mostrador de la entrada.- Hay alguna carta para mí?.

- Pues no, María,- contestó Beatriz mirando la correspondencia que tenía sobre el mostrador.

- Gracias, Beatriz…iré al jardín a leer un rato,- dijo la Señora y se marchó bajo la atenta mirada de José.

- No sé porqué, pero su rostro y su nombre me han hecho recordar a mi María,- le dijo a Julio mientras esperaba que su nuera terminara de hablar con Beatriz.

- Es verdad, abuelo. Se llama María….será tu María?,- preguntó Julio mirando cómo se alejaba la señora.

- No lo sé….pero lo averiguaremos,- dijo José.

- Hola Beatriz…disculpa que interrumpa la conversación…pero podrías decirme si esa Señora que se acaba de marchar se llama María Gómez Sánchez?,- dijo José con voz expectante.

- Pues si, Don José,- contestó Beatriz sorprendida.- Acaso la conoce?.

- Si,- contestó José con voz ilusionada.- Hace muchos años que la conozco, pero la dejé de ver….y tal parece que el destino ha sido benévolo conmigo….porque aquí está ella….por fin.

Julio y Marina miraron a su abuelo. Ambos habían comprendido que esa mujer era su antiguo amor y apresurándose a coger las manos de su abuelo, le dijeron:

- Vamos abuelo….tienes que reencontrarte con María.

Beatriz y Marisa miraron a José que ayudado por sus nietos bajaba los escalones, casi de dos en dos.

- Hola María,- dijo José cuando llegó al banco que ocupaba María en el jardín.

- Hola,- saludó María con una sonrisa.- Pero me va Ud. a perdonar pero no sé su nombre.

- Soy José, María….

- José???,- preguntó  María. - Solo he conocido a un hombre con ese nombre, pero de eso hace mucho y muy lejos de aquí.

- Soy yo, María. Tu José,- dijo José cogiéndole la mano a María.

- José….por dios….eres tú!!!,- dijo María sorprendida.- Madre mía….cuántos años han pasado!!!.

- Así es…y en todos esos años….siempre te he tenido presente en mi memoria.

- Pero….qué fue de tu vida????. Cuéntame,- dijo María con mucha alegría por el reencuentro.

- Muchas cosas he vivido…la guerra…una herida en una pierna…mi regreso….y te busqué…pero no te encontré….dónde fuiste, María???.

- Te dije que no te esperaría….dos de mis hermanos no regresaron de la guerra y temía por ti….y no quería sufrir esperando….mi familia se mudó a la capital pero lejos de donde vivía mi hermana. El marido de mi hermana también se fue a la guerra y ella con un niño pequeño se vino a vivir con nosotros. Con el tiempo me fui olvidando de ti, conocí a un hombre muy bueno y me casé, tuve dos hijos que ahora trabajan en la capital y me han dado cuatro nietos. Hace unos años mi marido falleció y me fui a vivir con uno de ellos a la playa, pero no me sentía a gusto y no quería ser una carga, así que hace unos quince días me vine a vivir aquí.

- Yo también me casé, tuvimos cuatro hijos, que me han dado siete nietos. Aquellos que ves jugando alrededor de los olivos son dos de mis nietos, dos granujas a los que adoro. También por desgracia me he quedado solo y me vine a la residencia hace un mes….Encontrarte aquí, ha sido toda una sorpresa…una bella y grata sorpresa, María.

Y siguieron conversando y recordando. Tenían mucho que contarse, mientras Julio y Marina les miraban desde detrás de los olivos del jardín de la residencia, imaginando de que hablarían.

*******


- Recuerdas Marina, cuando el abuelo encontró a María,- dijo Julio atándose el cordón del zapato.- Estábamos precisamente en este mismo lugar.

- Sí….y hoy, después de casi seis meses de aquello, celebramos que se han casado….Lo que no pudieron hacer de jóvenes, lo han conseguido ahora,- dijo Marina sentándose cuidadosamente en el banco del jardín de la residencia, para no arrugar su vestido.

- Y espero que jamás se separen porque nos ha dado mucho trabajo unirlos de nuevo,- dijo Julio mientras miraba a su abuelo que feliz bailaba con María en el jardín.

FIN

Dedicado a todos aquellos que creen firmemente que para el amor no hay edad.