2 sept. 2011

LA CARTA (VII)



A José se le quebró la voz y tuvo que respirar hondo para poder articular palabras y continuar el relato.

- El día que cumplí los dieciocho años, estaba exultante de felicidad. Ya era mayor de edad, había conseguido un trabajo en la carpintería del pueblo y lo mejor de todo es que la mujer más hermosa del pueblo estaba a mi lado. Ese día María me preparó una tarta y me la obsequió junto con una carta.

- Y que decía esa carta, abuelo?,- preguntó Julio impaciente.

- Pues, lo que dice cualquier carta de una mujer enamorada. Que conocerme había sido lo más bonito que le había pasado en su corta vida y que esperaba estar toda su vida junto a mí, porque me amaba con todo su corazón…o algo así,- dijo José entrecortadamente.

- ¡Qué bonito, abuelo!,- exclamó Marina.

- Si….no sé a dónde habrá ido a parar esa carta, porque la llevé durante mucho tiempo en la billetera, toda dobladita….me acompañó todos los años que estuve en el frente de batalla también, a pesar de….

- A pesar de qué, abuelo?, - preguntó Julio mirando extrañado a su abuelo.

- A pesar de que María me dejó el mismo día que me alisté.

- Ooooohhhh!!!!,- exclamaron los dos niños.- Y eso por qué?.

- Bueno, María estaba muy enamorada de mí, pero no apoyaba mi idea de servir a mi país. Decía que ya mis hermanos estaban haciendo lo suyo y sus hermanos también, porque tres de ellos se habían ido al frente. Y ella no quería que me pasara nada, no quería perderme, tenía mucho miedo de que me pasara algo, como realmente ocurrió luego.

- ¡Qué pena, abuelo!,- dijo Julio abrazando a su abuelo.

- Si….me rompió el corazón, realmente…y fue al día siguiente de cumplir los dieciocho y de entregarme esa bonita carta. Ella me acompañó a la capital porque iba a ver a su hermana mayor que estaba casada y vivía allí y yo aproveché para enrolarme en el ejército. Cuando se lo conté, estábamos en un bar tomando un café, haciendo tiempo para regresar al pueblo….se puso muy triste…y me dijo que se iba…intenté detenerla pero me dijo que no…que si me iba al frente que ella no me esperaría. Y así fue. Creo que lo hizo para no sufrir, para no pensar día tras día si yo estaría bien….para no comerse las uñas esperándome….en fin….así es la vida….me fui a la guerra con esa amargura.

- Y no supiste más de María, abuelo?,- preguntó Marina. – Cuando regresaste de la guerra, no preguntaste por ella, no la buscaste?.

- Si que pregunté, pero nadie sabía donde había ido. Su familia se mudó del pueblo poco después que yo me fui a la guerra, parece que a la capital. Yo sabía donde vivía su hermana y fui a la casa, pero también se había ido de allí. Nadie me sabía informar nada de ella o no me querían decir nada. Así que poco a poco, se fue transformando en un recuerdo. Y llegó el momento años después que conocí a vuestra abuela. Creo que el resto de la historia la conocéis…”bribones lee cartas”.

- Si, abuelo,- dijeron los niños abrazándolo. Y gracias que os conocisteis y fuisteis felices.

- Así es….bueno…creo que ahí viene vuestra madre,- dijo José saludando a Marisa que se acercaba.

- Mamá, no sabes qué bonita historia nos ha contado el abuelo?,- dijo Julio.

- Aaahhh sí???,- dijo Marisa.- Bueno, muy bien...pero ahora nos tenemos que ir, ya vendremos el domingo de nuevo, José.

- Vale…os espero,- dijo José mientras entraba en la residencia saludando con la mano a sus nietos.

Continuará…