15 ago. 2011

LA CARTA (I)



Querida María:

Aunque dije que no hablaríamos más, después de nuestra última conversación, no puedo hacer que mi mente te olvide, porque sigue  empecinada en traerte a este presente de soledad y por eso ahora estoy escribiendo esta carta que quizás no recibas nunca.

Mi corazón se hizo añicos cuando escuché de tus labios esas cuatro palabras, esas cuatro palabras que odio con todas mis fuerzas. Me dijiste “ya no te quiero” y creí morir.

Pero aún con el corazón roto, te amo, te amo con cada uno de sus pedacitos, te amo con fruición, con pasión, así te amo y te amé.

Siempre tuve la sospecha de que algún día te marcharías, y no sabía qué hacer para retenerte a mi lado, sin saber que no se puede encadenar a alguien que como tú quiere volar libre y eso hice…dejarte volar, con la esperanza de que algún día regresaras a mí, pero después de este tiempo separados, no sé ya que pensar.

Me gustaría haber detenido el tiempo un segundo antes de que te marcharas. Ese instante en el que aún te tenía entre mis brazos y acariciaba tu pelo y tus ojos me miraban….esos ojos que jamás podré olvidar porque siguen clavados en mi corazón.

Pero también recuerdo como te alejabas a través de la ventana del bar donde ahora me encuentro y te escribo esta carta y me pregunto: ¿qué nos pasó?¿por qué se murió el amor?¿podríamos haber evitado ese final?.

Preguntas que no tienen respuesta…y si la tienen…no sé si quiero saberlas.

No quiero decirte adiós, amor….tampoco te lo dije ese día a pesar de tu despedida…porque aún espero que solo sea un hasta luego.

                                                                                  Siempre tuyo, José

Continuará…