30 ago. 2011

LA CARTA (VI)


- Bieeeenn!!!,- exclamó Julio.

- Pero antes me tenéis que decir algo, ¿quién os habló de María?, porque que yo recuerde, nadie sabía de su existencia, solo la abuela Rosa y yo,- dijo José pensativo.

- Pues….pues….es que….abuelo….hemos leído una carta,- dijo titubeando Marina.

- Una carta?,- preguntó José.

- Si…una que estaba en el baúl de la buhardilla,- dijo Julio. – En realidad la leyó Marina.

- Eeeeyy…no seas chivato…porque tú también la has leído después,- dijo Marina mirando a su hermano con ceño fruncido.

- Vale…vale….no pasa nada…es verdad…había olvidado que la abuela había guardado algunas cartas allí…pero nunca pensé que una carta que escribí hace mucho hubiera llegado al baúl…en fin.

- Y entonces…abuelo….¿quién es María?,- preguntó nuevamente Julio.

- Os contaré y voy a empezar desde que tenía diecisiete años,- dijo José mirando a sus nietos.

- Uuuuyyy abuelo….de eso hace mucho tiempo, dijo Julio.

- Juliooooo!!!,- exclamó Marina regañando a su hermano.- Claro que hace mucho tiempo de eso…pero deja hablar al abuelo.

- Y vivía en otro pueblo muy lejos de aquí con mis hermanos. Era un pueblo pequeño y allí conocí a María…era la niña más bonita que jamás había visto y me enamoré perdidamente de ella.

- Qué bonito!!!,- exclamaron los dos niños al unísono.

- Lo más bonito,- continuó José- es que ella se enamoró de mi también. Fue un año glorioso…sin desmerecer a los que he pasado con vuestra abuela, claro…además era la primera vez que me enamoraba y siempre la primera vez es especial. Nos veíamos una vez a la semana en su casa, siempre acompañados de sus padres…así que os imaginaréis…ni un beso ni nada, solo nos mirábamos y sonreíamos…María tenía un año menos que yo…y era adorable. Yo estaba embelesado por sus ojos, su cabello, su sonrisa, su ternura….todo.

José calló un instante. Parecía recordar todos los detalles de esa época de su vida con total claridad y en sus ojos asomaban algunas lágrimas que trató que no resbalaran por sus mejillas.

Julio y Marina lo miraban maravillados, porque siempre les había encantado que su abuelo les contara historias, pero ésta era especial, era su historia y eso les interesaba aún más.

- Poco tiempo después estalló la guerra…los tiempos eran difíciles…todos mis amigos y mis dos hermanos mayores decidieron alistarse…yo con diecisiete años aún no podía, pero esperaba fervientemente mi siguiente cumpleaños para ir a la capital y alistarme…tenía que hacer algo por mi país, igual que mis hermanos y para disgusto de mis padres….y sobre todo de Maria….que me dijo un rotundo no cuando le comenté lo que haría.

- Pero…a pesar de su negativa ¿te alistasteis, abuelo?,- preguntó Julio.

- Claro que si…en esa época, era un hombre muy impulsivo….y cuando se me cruzaba algo entre ceja y ceja, lo llevaba hasta las últimas consecuencias. Pero…ahí comenzó mi desdicha….

- Por qué abuelo?,- preguntó Marina mirando como su abuelo se enjugaba una lágrima que caía lentamente por su mejilla.

Continuará…