25 ago. 2011

LA CARTA (IV)


- ¿Qué hacemos con la casa?,- se apresuró a preguntar Lorenzo a sus hermanos.

- ¿Qué quieres hacer con ella?,- preguntó a su vez Renato.

- Pues…no sé…quizás venderla….Papá ya no regresará a ella,- contestó Lorenzo mientras servía los vasos de cerveza que había dejado Marisa sobre la mesa.

- ¿Cómo sabes tú que papá no querrá algún día regresar?,- dijo Luis, el más pequeño de los hermanos.- Papá le tiene mucho cariño a esta casa. La ha construido él con sus propias manos y los rosales los plantó mamá. No creo que al viejo le guste la idea de que vendas la casa.

- Pero ¿qué podemos hacer?. Los cuatro estamos lejos, sería imposible por lo menos para mí venirme a vivir a ella….tendría que pedir un traslado en el trabajo, Marisa también en el suyo, a los niños cambiarlos de colegio….no sé….no sé…y vosotros…¿podríais veniros a vivir aquí?,- dijo Lorenzo pensativo.

- Por mi parte me es imposible también. Ya sabes que viajo mucho por mi trabajo y tengo que estar en la capital donde hay mejor comunicación….¡¡este pueblo está alejado de la mano de Dios!!,- dijo Roberto bebiendo un sorbo de su cerveza.

- A mi me pasa lo mismo,- dijo Renato.- Y no creo que a Susana le haga mucha gracia tener que venir a trabajar en un ambulatorio teniendo su consulta en la capital y trabajando en el Hospital Provincial, donde ha conseguido su plaza por fin.

- Si es que estamos todos complicados….¿y tú que Luis?....eres el único que creo se resiste a la idea de vender la casa,- dijo Lorenzo.

- Pues si…no me gustaría que se vendiera…aquí nací y crecí….todos tenemos bonitos recuerdos en ella…pero además….¿por qué tanta prisa por venderla?,- dijo Luis.

- Al no estar papá y nosotros no poder venirnos aquí, creo que esto se vendría abajo….y eso si que no me gustaría….y a papá, menos, que menos. Para él sería una tristeza muy grande. Ya sabes que no estaba muy decidido a irse a la residencia, pero al verse solo y ya con muchos achaques, se convenció que era lo mejor. Lo último que me dijo cuando lo dejé en su habitación fue: “cuida de los rosales”. Le contesté que sí….pero a menos que contrate a un jardinero que se dé una vuelta todas las semanas…para mí va a ser imposible,- dijo Lorenzo.

- Bueno…esa es una solución inmediata….y con el tiempo iremos viendo que hacer, digo…no?,- dijo Luis mirando a sus hermanos uno por uno.

- Ya…a mi me encanta la casa también,- dijo Roberto.- Es como un punto de encuentro para nosotros, porque si bien vivimos todos en la capital, allí nos vemos muy de vez en cuando…en cambio aquí sí que nos encontramos. Creo que si vendemos la casa ya no tendríamos tantas razones para vernos.  Mamá hablaba de esas familias que se ven solo en casamientos o velatorios….y desde que ella no está nos hemos visto en pocas ocasiones…y todas ellas han sido cuando papá nos ha llamado y hemos venido hasta aquí.

- Estoy de acuerdo contigo Roberto,- dijo Luis.- A eso también apuntaba yo.

- Vale…vale…,- dijo Lorenzo.- A mí tampoco me gusta la idea de vender la casa…pero es lo único que se me ocurrió…para salir del paso, lo dije.

- Pienso que podríamos venir a pasar los veranos aquí. Estoy seguro que con una buena piscina en el patio trasero, mis hijos y los vuestros vendrían encantados,- dijo Renato mirando a Marisa buscando su apoyo.

- Me haces reír Renato,- dijo Luis mirando con extrañeza a su hermano.- Una piscina es lo único que te preocupa?.

- Bueno…bueno…tampoco sería mala idea,- dijo Lorenzo.- Creo que de todos nosotros, soy el que más vengo porque vivo más cerca de aquí y algún fin de semana que otro me asomaba para ver cómo estaba papá y vosotros podríais de vez en cuando daros una vuelta para que esto no se deteriore. Vale…dejaremos el tema de la venta para más adelante…aunque algún día tarde o temprano tendremos que pensar que hacer con la casa.

Los cuatro hermanos siguieron hablando animadamente de sus cosas, de su padre, de sus recuerdos sin percatarse que desde la escalera que conducía a la buhardilla, Julio y Marina habían seguido atentamente toda la conversación.

- No podemos permitir que la casa se venda, Marina,- dijo Julio.- Hay que hacer algo.

- Si….pero qué?,- preguntó Marina.

- Se me ocurre que si le insistimos a papá para que todos los fines de semana nos traiga aquí, él dejará de pensar en vender la casa….y no sería mala idea que el tío Renato construyera una piscina.

- Eso ni lo sueñes….con lo “agarrao” que es el tío Renato,- río Marina.

Julio rió también por la ocurrencia de su hermana y subiendo las escaleras, le dijo: “Vamos guapa, que tenemos que seguir investigando en esas cartas….o ya te has olvidado de María???”.

Continuará…