17 ago. 2011

LA CARTA (II)



- Julio…Julio…ven aquí,- gritó Marina desde la buhardilla de la casa del abuelo José.

- Qué quieres, pesada?,- preguntó Julio subiendo despacio las escaleras.

- Mira la cantidad de cartas que hay aquí!!!...parece que a los abuelos les gustaba escribir cartas.

- Joooeerr Marina y para eso me haces subir hasta aquí…estaba jugando a la Play.

- Qué pasota eres, tío!!!...está bien…no te necesito…leeré las cartas yo sola…pero si encuentro alguna cosa importante sobre los abuelos, me guardaré el secreto para mi,- dijo Marina haciéndose la interesante.

- Vale…vale...lo has conseguido...dentro de un rato subo de nuevo,- dijo Julio no muy convencido.

Julio bajó las escaleras dejando a Marina sentada delante del gran baúl que siempre habían admirado pero que nunca habían tenido la oportunidad de abrir. Ahora que la abuela Rosa ya no estaba y al abuelo José se lo habían llevado a una residencia, los hijos tenían que decidir que hacían con la vieja casa familiar donde todos habían nacido y crecido. Por esa causa Julio, de diez años y Marina, de doce, se encontraban ese día allí. Ellos eran hijos de Lorenzo, el hijo mayor de José y Rosa.

Marina entrecruzó las piernas y se dispuso a desatar la cinta celeste que ataba unas cartas ya amarillentas.

Se embarcó en la lectura de las cartas, hasta que la voz de su madre llamándola, la hizo regresar desde el pasado.

Continuará…