14 jun. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XVIII)



-Hola Sergio, ¡qué careto traes! ¿qué ha pasado?,- preguntó Luis al ver entrar a Sergio en la cafetería donde se reunían antes de ir al gimnasio.

- ¿Se me nota tanto?,- preguntó Sergio apesadumbrado.

- Pues sí, así que cuenta, si quieres,- le apresuró Luis.

- Pues….pues…que Analía se fue hace unos días. Ha vuelto con su marido, tío. Y no sé nada de ella…Bueno, en realidad sí. Parece que tiene lumbalgia y está en la cama, así que no la veo desde que se fue, porque tampoco va a trabajar,- contestó Sergio entrecortadamente.

- Vaya palo te ha caído. Justo cuando las cosas se empezaban a dar entre Uds,- dijo Luis tomando un sorbo de su café.

- En eso estábamos. Yo tenía mis esperanzas. Pero la vida es así que le vamos a hacer, -dijo Sergio tratando de convencerse de su desdicha.

- Bueno…hombre…arriba ese ánimo,- dijo Luis dándole un pequeño toque en el hombro a Sergio.

- Si…lo sé….pero no puedo luchar contra su decisión….además tampoco soy libre como para ir tras ella….Carmen….ya sabes.

- Si…tu mujer,- recalcó Luis.

- Así es.

- ¿Y qué vas a hacer con respecto a ella?,- preguntó Luis.

- Por ahora dejar las cosas como están. No puedo volver con Carmen mientras piense las 24 horas del día en Analía….no puedo hacerle eso a ella, porque no se lo merece y además me descubriría….es muy lista, sabes?....Es más, hasta creo que sospecha algo.

- Joooodeeerrr….si que se te complica la vida, mi amigo. Vamos…. vamos al gimnasio así quemamos calorías y los recuerdos.

Continuará…