15 jun. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XIX)



- Sabes mi amor, que estoy muy feliz de que estés aquí,- dijo Carlos mientras se acostaba al lado de Analía.

- Lo sé…y yo también estoy contenta de estar aquí…no sé que me pasó…estoy muy nerviosa últimamente e irme unos días a casa de mi madre ha sido la mejor idea. No vernos y no hablarnos me ha hecho reflexionar y ver qué es lo que realmente quiero, -dijo Analía mientras encendía su portátil.

- Pero…mi amor…¿te vas a conectar ahora?,- dijo Carlos – ¿Creía que íbamos a hablar antes de dormirnos?

- Si…si…es la costumbre….voy a ver si tengo algún mensaje y cierro, vale?.

- Vale…pero no empecemos lo mismo de siempre. Sabes que no me molesta que te conectes pero cuando estamos hablando no quiero interferencias.

- Ya….ya, Carlos….es solo un minuto…no empecemos con lo mismo de siempre.

- Si, mi amor…tienes razón….tenemos tiempo para hablar mañana y pasado mañana y después también….porque estarás aquí conmigo siempre, verdad?.

- Si…sabes que te quiero, Carlos…no debes dudarlo. Y ya está, ya he revisado el correo y apago el portátil, contento?.

- Vale, vale, mi amor. Voy a dormir, hasta mañana, dame un besillo.

Analía le dio un beso a su marido, se dio la vuelta y apagó la lámpara de su mesa de noche. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla al recordar el último mensaje de Armando en su correo, en el que le decía que estaba de viaje y no regresaría en unos días. Pero además lloraba de rabia, de impotencia, por haber tenido que claudicar en su decisión de irse de su casa y ahora tener que regresar y aguantar las imposiciones de Carlos.

Continuará…