31 may. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XVI)



Sergio llegó al piso después de salir del trabajo. Eran más de las 9 de la noche y esperaba encontrar a Analía, pero ella no estaba allí. Según le había dicho esa tarde, iba a visitar unas librerías y al director de un colegio y luego quería pasar por la peluquería. Seguramente todavía sigue trabajando o estará poniéndose más guapa, pensó y sonrió.

Abrió el congelador y sacó una pizza tamaño familiar para cenar y se dispuso a calentarla cuando sintió que se abría la puerta y entraba Analía que lo saludó con efusividad, lo que sorprendió a Sergio sobremanera.

- Estás muy contenta hoy,- dijo Sergio.

- Pues siiiiii,- casi gritó Analía feliz. Por un lado, he hecho algunas ventas y por otro…bueno…por otro ya te contaré después de cenar.

- Uuuuyyy que misteriosa. Vale, dentro de 20 minutos ya estaremos cenando,- dijo Sergio poniendo la mesa.

Analía se dirigió al dormitorio a cambiarse de ropa, mientras Sergio miraba la pizza en el horno.

¿Cómo le digo a Sergio que me voy a vivir con Armando?, pensaba mientras se quitaba la falda y la blusa y se ponía más cómoda. Ya sé, le diré que he estado hablando con mi marido y que voy a regresar con él. Sergio no podrá decirme nada y además él sabe que esto podía ocurrir tarde o temprano. Que me haya acostado con él hace tres días no quiere decir nada, no significó nada para mí, fue un momento de locura transitoria, aunque tengo que decir que Sergio me ha hecho sentir, realmente sabe cómo tratar a una mujer, pero no le quiero, y no puedo seguir con esto.

-Analía, la pizza está lista,- dijo Sergio desde la cocina.

- Vale, ya voy,- contestó Analía, saliendo del dormitorio.

- Qué guapa estás esta noche,- dijo Sergio intentando darle un beso.

- Gracias guapo, voy a lavarme las manos,- dijo Analía esquivando el beso.

- Voy a servir la pizza, - dijo Sergio sorprendido por la actitud de Analía.

Cenaron casi sin mirarse. Cada vez que Sergio intentaba sacar algún tema de conversación, ella contestaba con monosílabos. No se sentía a gusto con esa situación y sabía que Sergio esperaba algo más de ella, pero no quería que la realidad confusa que vivía entusiasmara más de la cuenta a Sergio. Además estaba su mujer, que aunque no era un problema, su presencia era manifiesta aún en la vida de él. Y ella aunque estaba a gusto, amaba a Armando, “su Armando”, que por fin, esa misma tarde, le había dicho que se iban a vivir juntos.

- Te pasa algo, Analía?,- preguntó Sergio.

- No sé por dónde empezar, Sergio,- contestó Analía, para hacer tiempo.

- Por el principio, supongo…que es por donde se empieza…¿qué es lo que tenías que contarme?. Ya estamos terminando de cenar,- dijo Sergio con curiosidad.

- Mira, Sergio….tú sabías que cuando vine aquí, era por poco tiempo….porque no quiero ser una molestia para tí y porque esperaba que la relación entre mi marido y yo cambiara….y….

- Y qué?. ¿Qué ha pasado?- la cortó Sergio poniéndose nervioso y revolviéndose en el asiento.

- Que hemos hablado esta tarde y….hemos llegado a un acuerdo….también están mis hijos….tengo que regresar a mi casa,- dijo Analía con voz convencida y solemne.

Sergio respiró hondo sin saber que decir. Después de lo que había pasado entre ellos hacía unos días y de lo cariñosa que Analía se había comportado con él, no se esperaba eso. Se estaba acostumbrando a su compañía, a su conversación, a su alegría, a estar con ella y ahora no quería que se fuera, pero tampoco quería complicarle la vida, si esa era la decisión que había tomado, no se iba a interponer entre ella y su marido.

Tragó saliva, bebió agua y le dijo: Vale, si esa es tu decisión. Creo que es lo mejor, Analía y me alegró que hayas llegado a un acuerdo con tu marido. No te preocupes por mi, que de todo lo que ha pasado entre nosotros, él jamás se enterará. Soy un caballero.

- Ya, Sergio lo sé. Para mí esto es difícil, por un lado estás tú, y por otro mi marido al que quiero a pesar de todo, y mis hijos a los que adoro y echo de menos. Hace casi un mes que estoy aquí y no los he visto desde entonces y no puedo seguir así,- dijo Analía con cara compungida para reafirmar su decisión.

- Te echaré de menos, guapa. Sabes que te quiero, y que aquí tienes a un hombre que te ayudará en lo que necesites y cuando lo necesites. Eso no lo dudes nunca.

- Gracias, Sergio…gracias. Esto me emociona….no sabes cuánto,- dijo Analía acariciando la mejilla de Sergio. Yo también te quiero, en este corto tiempo, me he dado cuenta de ello, pero.....Me iré mañana, vale.

- Bueno…te acercaré a tu casa después del trabajo,- dijo Sergio con voz entrecortada porque no esperaba que Analía se fuera tan apresuradamente de su lado.

- Bien, iré a armar la maleta, pero es mejor que me dejes en casa de mi madre, porque no quiero que mi marido te vea, aunque sabe que trabajamos juntos, no sabe que estoy aquí,- dijo Analía levantándose.

- Vale….lavaré los platos y después a dormir….si te parece…hoy vuelvo al sofá,…creo que es mejor así, - dijo Sergio apesadumbrado poniendo los platos en el fregadero.

Analía se dio la vuelta y entró en el dormitorio. Una sonrisa de triunfo ocupaba su cara. Todo le iba saliendo como ella quería. Al día siguiente estaría en los brazos de Armando.

Continuará…