25 may. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XIV)



Analía ordenaba la ropa en el armario del  piso de Sergio. Hacía dos días que le había pedido a Sergio quedarse en su casa por unos días porque no tenía a donde ir.

Le había dicho que a la casa de su madre no podía ir porque era el primer lugar en el que su marido la buscaría y no quería involucrar a su hermana ni a sus amigas en esa situación.

Era la primera vez que se separaba y no sabía si iba a ser por mucho tiempo, quería reflexionar tranquilamente unos días, decidir que iba a hacer de ahora en adelante con su vida. Además lo hacía para darle un pequeño susto a su marido, la situación con él no era tan complicada como ella la contaba, pero así y todo, quería que él sufriera un poco y le diera más que lo que le daba, más dinero para sus gastos en ropa y que no la controlara tanto cuando se conectaba en internet y le dejara de insistir que hiciera las cosas de la casa, miles de veces le había pedido que le pusiera una mucama pero él se resistía a hacerlo y a ella no le gustaba limpiar.

Esto también servía para darle celos a Armando. Veía que él le daba largas al hecho de separarse de su mujer e irse a vivir al piso. Le decía que no quería dejar a sus hijos, pero ella creía que podía haber algo más, aunque no lo sabía a ciencia cierta, ya lo investigaría, porque a ella nada se le escapaba.

También le preocupaba la forma en que Sergio la miraba y se había alegrado de recibirla y poder ayudarla. Esperaba que él no pretendiera nada más, porque una cosa era hacerle algunas carantoñas y otra tener que intimar con él para poder tener un techo sobre su cabeza.

Sergio no le gustaba como hombre, era un poco mayor que ella y la diferencia de edad no le atraía, aunque podía llegar a gustarle si hacía el esfuerzo, Sergio no era un hombre mal parecido y tenía una conversación agradable, era muy inteligente y culto, y tenía ideas muy claras sobre la vida, la familia y el amor, aunque últimamente y con respecto a esto lo notaba confundido.

En fin, ya veremos que hago con este hombre, pensó. Por lo pronto, estoy aquí, tengo casa, cama y comida y si despliego mis encantos puedo conseguir mucho de él.

- Hola Sergio, ¿qué tal?,- dijo Analía al ver a Sergio aparecer por la puerta.

- Hola guapa, ¿ya has terminado de arreglar tu ropa?. Mira que venirte con semejante maletón para unos pocos días, - dijo Sergio riendo al ver la cantidad de ropa de Analía que ahora ocupaba prácticamente todo el ropero de la habitación.

- Es verdad. Tengo mucha ropa, pero alguna ya es vieja. Estaba pensando en donarla y comprar nueva, pero no tengo mucho dinero,- dijo Analía mirando a Sergio, haciendo un mohín.

- Ya, eso decís todas. Mi mujer es igual, - dijo Sergio meneando la cabeza, recordando a Carmen.

- Vamos a cenar?,- preguntó Analía cambiando de tema.

- Vale. ¿Cuál es tu especialidad en la cocina?,- preguntó Sergio esperando ilusionado que Analía supiera cocinar y no tener que seguir comiendo comida congelada.

- Pensaba que podíamos ir a comer fuera. Por aquí cerca, ¿qué te parece?, -dijo Analía tratando de esquivar la cocina.

- Bueno, vamos a comer fuera, ya me deleitaré otro día con algún plato cocinado por ti, -dijo Sergio galante, abriendo la puerta para que Analía, que ya había cogido su bolso, saliera.

Continuará…