7 may. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (XII)



- Sabes que no puedo quedarme, Carmen, ya lo hemos hablado, es mejor así,- dijo Sergio mientras cerraba la maleta.

- Si, pero es que….,-dijo Carmen con voz entrecortada dejándose caer en el pequeño sillón del dormitorio sin terminar la frase.

- Sé lo que ibas a decir, Carmen, lo sé…son muchos años juntos, pero por eso mismo lo hago, para acomodar las ideas en mi cabeza, estoy en un momento complicado de mi vida, en el trabajo las cosas no marchan bien y tengo que estar más cerca y estando en el piso que alquilé a dos calles puedo ir hasta caminando,- dijo Sergio poniendo dentro del bolso el resto de su ropa.

- Pero…¿vendrás los fines de semana?. Los domingos como siempre te haré paella que te gusta. Y….puedo ir a verte de vez en cuando al piso, también. Le diré a Marcos o a mi hermana que me lleven,- dijo Carmen con los ojos llenos de lágrimas.

- Ya veremos Carmen, ya veremos….en cuanto me instale, ya veremos,- dijo Sergio no muy convencido, sin querer mirarla.

Las lágrimas de Carmen siempre le habían desarmado y no quería arrepentirse a último minuto de lo que iba a hacer.

Sonó el teléfono de la casa y Carmen se apresuró a contestar. Era Lola, su hija, así que Sergio aprovechó para chequear el embalaje de su ordenador y bajarlo hasta su coche.

La decisión que había tomado hacía dos meses se hacía realidad en ese momento, pero no estaba muy convencido de su separación, además veía que su mujer no le entendía, no comprendía que él se iba, quizás para no regresar jamás a esa casa, salvo en ocasiones especiales y de visita. Por el momento estaba decidido a probar su esperada libertad y ya vería con el pasar del tiempo si se acostumbraba a su nueva vida de soltero.

Continuará…