11 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (X)



“No lo vas a poder creer” dijo Analía por el MSN en cuanto vio que Armando se conectaba.

Armando dijo: ¿Qué ha pasado?.

Analía dijo: Estoy trabajando.

Armando dijo: ¿Y eso? ¿Cómo ha sido?

Analía dijo: Recuerdas que te comenté que había conocido a un tío que trabaja en una editorial. Pues me ofreció ser comercial de la misma y he comenzado hace una semana, pero no te lo había contado antes porque quería darte la sorpresa cuando me confirmaran realmente que quedaba en el puesto.

Armando dijo: Qué buena noticia Ana!!!. Aunque me estoy poniendo celoso. Ya me hubiera gustado ofrecerte trabajo, para tenerte cerca. Pero ya sabes, trabajo con mi suegro y como las cosas no están bien con su hija, no creo que viera bien que yo le presentara a alguien para trabajar en la empresa y después me viera contigo.

Analía dijo: No te preocupes guapo. Te entiendo. Ya sabes que yo no lo necesito, pero esto me da la oportunidad de salir de casa, sin tener que decir a donde voy, porque saben que voy a trabajar. Tener mi dinero sin tener que dar cuentas a nadie, y hasta quizás poder alquilar un piso, porque estoy bastante cansada de esta vida de ama de casa que tengo, de que no me dejen vivir mi vida, que me controlen por todo. Estoy agotada de esta vida.

Armando dijo: Ayyy mi niña!!!. Cuánto me gustaría poder ayudarte, pero estoy atado de pies y manos por ahora. En cuanto tenga todos mis asuntos arreglados ya podremos vernos cuánto queramos y estar juntos. Porque sabes que eso es lo que quiero….estar contigo. Me tienes totalmente atrapado, con tu dulzura, tu buen humor, con lo graciosa, guapa e inteligente que eres.

Analía dijo: Y tú a mi guapo.

Siguieron conversando por el MSN hasta que Analía vio que su marido se revolvía en la cama y temía que se despertara y le preguntara que estaba haciendo a las 3 de la mañana con el ordenador encendido.

Se despidió de Armando con un beso y un te quiero larguísimo, colocó el portátil sin hacer ruido debajo de su mesa de noche y se tapó con la manta.

Al día siguiente ya vería que excusa ponía en la editorial para no ir temprano porque durmiéndose a esa hora, estaba segura que no habría grúa que la levantara a las 8 de la mañana para ir a trabajar.

***
Armando apagó el ordenador de su escritorio y subió las escaleras del dúplex, rumbo a su dormitorio. Le había dicho a su esposa después de cenar que tenía que trabajar en unos asuntos importantes y no quería ser molestado por nadie, que trabajaría hasta tarde. Era la única forma de hablar con Analía sin ser interrumpido.

Mientras se quitaba la ropa pensaba que ya iba siendo hora de alquilar algún piso pequeño para poder llevar a Analía allí de vez en cuando y a cualquier otra que surgiera, pero debía hacerlo sin que su mujer sospechara nada.

Si algo tenía claro, era que a su mujer no podía dejarla, porque en el fondo la quería y además tenía su vida ya muy estructurada, con su trabajo en la empresa de su suegro, que algún día sería suya y una familia “perfecta” con sus tres hijos.

Ya vería la forma de darle largas a Analía si alguna vez las cosas se le complicaban con ella, aunque no lo creía, la veía ya muy interesada en él, así que por ese lado no iba a tener problemas y tendría Analía para rato, hasta que se aburriera.

Continuará…