6 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (VIII)



Sergio terminó de cenar y mientras su mujer lavaba los platos, encendió su ordenador portátil y se conectó al MSN.

Allí se encontró conectada a Analía y dudó en enviarle un mensaje. No quería estar conectado por mucho tiempo pero al ver el correo que le había enviado ella, se decidió, le envió un saludo y comenzaron a conversar.

Ella le parecía una mujer muy guapa, educada, graciosa y divertida. Le contó que vivía en un cortijo cerca de su pueblo. En ese momento no trabajaba, nada más que en su casa, pero estaba buscando algo que hacer, porque ya sus hijos eran grandes y ella sentía que tenía que hacer algo más para no aburrirse. De todas formas le dijo que no lo necesitaba, solo era por entretenerse unas pocas horas al día. En su juventud y antes de casarse, había trabajado en una boutique de ropa y en una librería, así que por ahí enfocaba su búsqueda de trabajo, aunque por la situación laboral del país y por su escasa experiencia sabía que le iba a ser difícil encontrar algo, pero no cejaba y estaba segura que algo conseguiría.

A Sergio se le ocurrió decirle que si ella se animaba podría entrevistarla para trabajar como comercial en la editorial en la que él trabajaba. Analía quedó encantada con la idea y le dijo que iría a verle si no era para él un inconveniente.

Quedaron de verse en la oficina de Sergio al día siguiente y se despidieron con un beso y nos vemos mañana.

Sergio pensó que quizás se había apresurado un poco al ofrecerle trabajo a alguien que ni siquiera conocía, pero en definitiva así pasaba con todas las personas que contrataba, porque leer el curriculum y hacer una serie de preguntas no aseguraba que esa persona tuviera buen desempeño desde el principio. Ya vería al día siguiente el desempeño de Analía en la entrevista y decidiría.

Analía anotó la dirección de la oficina de Sergio. Al día siguiente le pediría a su hermana que la llevara a la ciudad cuando iba a trabajar y luego pasearía un poco y se compraría algo de ropa antes de la entrevista, para estar presentable y causarle buena impresión a Sergio.

Desde que él le había ofrecido entrevistarla, se había propuesto quedarse con el puesto. Sería una forma de salir de casa por lo menos por un rato, y además tener su propio dinero para no tener que pedirle siempre a su marido, quien no le negaba nada, pero a veces le pedía cuentas de tantos gastos en ropa y comidas preparadas.

Continuará…