3 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (VI)



Vaya!!!, exclamó Sergio al recibir el aviso del mensaje de Analía apenas conectarse al MSN a mediodía mientras almorzaba un sándwich frente al ordenador de su oficina.

Se había conectado por curiosidad, ni más ni menos. Pero ese mensaje significaba que le tocaba mover ficha a él y no sabía qué hacer. Suponía que esa mujer tan guapa tendría muchos admiradores, de hecho había visto cuando descubrió su perfil en la red social que mantenía conversaciones muy graciosas con muchos de los amigos que tenía.

Bueno, en realidad, es solo por conversar con alguien que hago esto, se decía, no pretendo nada más y espero que esta mujer tampoco, pensaba, porque ampliar contactos y compartir opiniones con otras personas siempre había sido su interés.

Últimamente estaba tan inmerso en su trabajo que no tenía tiempo para nada, veía muy poco a su esposa, generalmente de noche y los fines de semana y para sus hijos se estaba convirtiendo prácticamente en un desconocido. Su hijo Marcos hacía dos meses que vivía en pareja con su novia y lo veía los fines de semana y a su hija Lola la veía de vez en vez, porque estudiaba fuera y la niña viajaba cuando podía.

De todas formas, su familia sabía que él los quería y se preocupaba por ellos y que en definitiva era por ellos que trabajaba tanto.

Hacía años que tenía ese ritmo de trabajo, por lo menos más de diez, desde que Don José, su antiguo jefe, se había jubilado y a él lo habían ascendido. Desde el principio había tomado el trabajo con mucho entusiasmo, hasta se llevaba trabajo a casa para terminar los fines de semana. Eso provocó su distanciamiento con la familia y de los pocos amigos que tenía, por eso en ese momento estaba como estaba, además de estresado, se sentía solo a pesar de no estarlo.

Quería hablar con alguien, contarle sus cosas y aunque tenía a su mujer, no quería agobiarla con sus problemas, por eso buscaba a alguien con quien conversar y Analía era una buena candidata, porque se notaba que era una mujer que sabía escuchar por lo que había leído de ella en la red social.

Esta vez le enviaré un correo de agradecimiento y escribió:

“Hola guapa, agradezco tu interés en contactar conmigo. Espero podamos hablar en otro momento si coincidimos. Saludos cordiales”.

Y apretó enviar.

Me ha quedado muy formal, me parece, pensó, pero está bien, recién la conozco, se dijo y se desconectó del MSN. Le dio un último mordisco al sándwich, se terminó el refresco que estaba tomando y se levantó para estirar las piernas. Le quedaban aún cuatro horas de arduo trabajo con reunión incluida con el equipo de comerciales que estaba formando para aumentar la cartera de clientes de la editorial.

Continuará…