1 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (V)



Analía vio la respuesta de Sergio pero como chateaba también con Armando que le contaba unos chistes muy divertidos, olvidó contestarle.

Cuando tres horas después abrió la ventana de conversación con Sergio, observó que él se había despedido hacía buen rato, así que le contestó: “hasta mañana Sergio, claro que me gustará hablar contigo, cuando quieras, un besito”.

Esperaba que Sergio no se hubiera enfadado por su falta de respuesta y no quisiera hablar más con ella. Por lo que había visto de él en la red social, le parecía un hombre interesante, aunque algo mayor para su gusto, ya que ella recién había cumplido los 40 y no tenía prácticamente arrugas, solo algunas pequeñas que intentaban asomar alrededor de sus ojos, y las combatía con unas cremas carísimas, porque no se podía permitir tener arrugas, odiaba envejecer y haría lo que fuera por conservarse siempre joven.

Se despidió de Armando y se acostó. Su marido dormía plácidamente desde hacía mucho. Le miró, era un hombre bueno y trabajador, pero muy simple. Cuando se conocieron, ella tenía 17 años, era una joven inexperta pero con muchas ganas de vivir y conocer mundo y la única forma que pensó serviría para su objetivo, era casándose con ese hombre que la quería y le daría todo, hasta la Luna y las estrellas si ella se lo pedía. 

Al principio se había enamorado de él, fueron los mejores años y fue cuando vinieron los hijos también, pero después de tantos años ya no sentía nada y seguía con él por costumbre, por conveniencia, porque ella no trabajaba y su marido era quien la mantenía como siempre había hecho y le seguía haciendo todos los gustos. 

De vez en cuando pensaba que si en su vida apareciera alguien que le diera todo lo que le daba él y más, entonces lo dejaría, pero mientras tanto aguantaba tener que estar con Carlos, su marido. Esa situación no le gustaba del todo, generalmente su marido la trataba bien, con cariño y amabilidad, pero a veces solía decirle que hiciera algo en la casa, algo diferente que estar conectada al ordenador todo el día, y eso la molestaba, se sentía controlada, así que para cubrir apariencias se inscribió en un curso de inglés on line, que, obviamente, no había empezado, aunque a él le decía que si, porque eso le permitía estar conectada y chatear con sus amigos y sobre todo con Armando.

Se iba quedando dormida, pero seguía pensando en la red, en sus contactos y en Armando. Había quedado con él para tomar un café al día siguiente, era su primera cita y ya había decidido que ropa se pondría para sorprenderle. Armando era un moreno bastante guapo, “casi separado”, que había conocido hacía dos meses en la red y aunque él se había resistido un poco a quedar con ella, al final se había salido con la suya y lo había convencido diciéndole que quedar para tomar café no tenía nada de malo.

Continuará…