9 abr. 2011

CIENTO OCHENTA GRADOS (IX)



Analía salió de la tienda donde se había comprado una falda beige acampanada y una blusa blanca que combinaría con un gran cinturón y unas botas de piel marrones, que le daban un aire muy folk. Ese estilo de ropa le gustaba y le sentaba muy bien.

Como había quedado con Sergio a las 11 de la mañana, aún tenía tiempo de tomar un café y cambiarse de ropa para ir a la entrevista.

Al salir de la cafetería pasó por la vidriera de una tienda y se contempló. Estaba muy guapa con esa ropa y segura de su éxito en la entrevista y con Sergio.

Sonrió, muy pocos hombres se resistían a sus encantos, sus ojos y su sonrisa.

Cuando Sergio la vio entrar en la editorial, quedó impactado. La había visto dos veces por la webcam pero personalmente ver a Analía con su espectacular cabellera castaña y su impactante sonrisa, quedó cautivado. 

Reponiéndose de la primera impresión, la saludó ofreciéndole la mano para mantener la distancia y no sentirse desde el principio descolocado por su proximidad, pero ella además de cogerle la mano le dio dos besos y le dijo con una enorme sonrisa: “Encantada de conocerte Sergio”.

Él la invitó a sentarse en la silla de enfrente de su escritorio, le preguntó algunos datos y le pidió su curriculum. Analía le dijo lo que tantas veces había repetido frente al espejo esa mañana y que además sabía llamaba la atención sobre su persona haciéndola ver como una mujer trabajadora y valiente.

Le comentó sobre su trabajo en el cortijo y su experiencia en otros trabajos. Tenía mucha facilidad de palabra y un tono de voz que convencía al más escéptico, aunque ella sabía que era todo mentira. No había trabajado en su vida y salió de la casa de sus padres sin haber terminado los estudios secundarios para casarse. Su marido siempre la había mantenido pero era hora de tener su propio dinero sin tener que darle cuentas a nadie. Pero todo esto no se lo podía contar a Sergio, por lo menos, no la primera vez que se veían.

Sergio la escuchaba y la miraba encantado y ella seguía con su historia sabiendo de antemano que ya tenía a ese hombre en el bote.

De repente llamaron a Sergio por teléfono y éste le dijo que aguardara un segundo que era una llamada de su jefe de área. Le sintió decir que estaba realizando entrevistas para el puesto de comercial, pero que ya estaba terminando y tenía a los candidatos más o menos decididos.

Cuando terminó de hablar, Sergio le dijo que la esperaba al día siguiente para comenzar con la formación de los comerciales, porque le había gustado su forma de expresarse y pensaba que ella podía aportar mucho en ese trabajo.

Analía sonrió encantada, diciéndose un siiiii interno, y si hubiera podido lo habría acompañado con un gesto de su mano, pero se contuvo, le agradeció a Sergio por la oportunidad que le daba y se levantó diciéndole que se verían al día siguiente, pero cuando iba llegando a la puerta de la oficina, se dio la vuelta, le sonrió y le dijo si quería almorzar con ella ya que se quedaría un rato más en la ciudad y no le gustaba almorzar sola.

Sergio no salía de su asombro por tanta amabilidad y le contestó que sí. Hacía días que almorzaba en la oficina y ya iba siendo hora de comer como dios manda y si era en buena compañía más que mejor.

Continuará…