5 mar. 2011

OTRO MUNDO (II)


La fiesta estaba en todo su apogeo y me lo estaba pasando genial rodeado de tipos trajeados y mujeres vestidas de alta costura y yo con mis vaqueros gastados.

La diversión era exactamente igual que con otro tipo de gente, música, alcohol, baile, chistes y risas. Hubo un momento en que todos estaban pasadillos de copas y a mí no me entraba una gota más de alcohol, ya había llegado a mi puntillo, como digo yo.

En determinado momento que la conversación decayó, me puse a observar que aunque disimulaban muy bien, varias de las parejas no funcionaban.

La que me llamó “alternativo” se puso a mi lado explicándome sus problemas, para nada de tipo económico. Era curioso y hasta indecente se podría decir, la cantidad de posesiones que tenía. Había estudiado cuando joven la carrera de abogacía, pero no había ejercido nunca porque vivía de las rentas. Realmente podía hacer lo que le viniera en gana, pero..., cosas de la vida, le falló el amor.

Debe ser que sé escuchar o tengo cara de gilipollas porque me explicó su vida con lujo de detalles mientras los demás se lo pasaban en grande regados por el Sr. Chivas.

Parecía una mujer inteligente, de cuarenta y tantos, separada recientemente, que lo que más echaba de menos eran unos buenos brazos y una voz tranquila que le susurrara al oído que la quería. En ese sentido, y aunque ella no lo supiera, teníamos más cosas en común de lo que en un principio pudiera parecer.

María del Carmen, que así se llamaba “mi abogada”, venía de una familia con mucho poder, cercana al régimen de antaño. Por lo tanto sus ideas políticas eran las que le habían inculcado desde pequeña, pero no era mala persona, o eso me pareció en la primera impresión, además conocía a mucha gente influyente, de los que en un momento dado te acortan la burocracia abriéndote las puertas de par en par.

Me habló del tiempo, del paso del tiempo, mejor dicho, de los errores que había cometido, de que el dinero le ayudaba a ser independiente, a viajar, a relacionarse con todo tipo de personas sabiendo que muchas de ellas estaban en su compañía porque siempre sacaban tajada.

Me llegó a invitar a New York, y me dijo insistentemente que me lo pensara, que ella corría con los gastos y que no se lo diría a nadie por si me sentía mal. Evidentemente no acepté la oferta, no estaba en venta le dije, cosa que le molestó.

Después de lo que ella me hizo notar era un desaire, aunque no se enfadaba y en el fondo me entendía, continuamos la conversación, aunque ya no se mostraba tan íntima y yo quería escabullirme, pero no quería ofenderla desapareciendo sin más. En ese momento vi que Guzmán me miraba y me hizo un gesto como diciéndome la tienes en el bote. En realidad no buscaba irme a la cama con ella y a pesar de lo anterior, me parecía muy interesante lo que me contaba.

Ella seguía contándome de su día a día, cuando le dije, gastas mucho en tí, pero..., ¿qué haces para sentirte bien?, se quedó sorprendida y me contestó:

- Si que me divierto, cualquiera se sentiría bien haciendo lo que yo hago.

- Pero no creo que tú te sientas bien, o me equivoco???. Quizás sea porque tienes demasiadas cosas materiales.

- Crees que es por eso?. No pienso lo mismo, además te diré una cosa y no se lo digas a nadie, José, pero no creas que soy una estrecha, no me falta un tío cuando quiero.

- No lo he dudado en ningún momento, pero no me parece que eso te llene tampoco.

- ¿Juegas a psicólogo acaso?.

- Para nada, María del Carmen, estamos hablando. Tampoco te creas que yo sea feliz como una perdiz. He tenido palos y tengo problemas como todo el mundo, lo que pasa es que de vez en cuando hecho el freno y me pierdo en algún sitio o me meto en situaciones que me dan vidilla, como venir a esta fiesta,- dije sonriendo.

- Y menos mal que has venido, así nos hemos conocido. Me parece que eres un hombre muy especial, miras muy bien. En realidad eres amplio de miras,- dijo con una sonrisa dibujada en su cara pero con seriedad en su voz.

- No te creas, solo soy uno más, del montón, un “alternativo” y tengo en común lo que todos los hombres tienen, lo que pasa es que pocas veces te has parado a mirar a la persona por lo que es, siempre has visto a la gente por lo que pueda tener o lo que te cuentan que pueda tener.

Se rió al verse descubierta y me dijo:

- En eso te equivocas conmigo, no me considero más que nadie, simplemente que mi situación es más cómoda, pero estoy sujeta a las mismas emociones que los demás.

La conversación se ponía seria otra vez y yo no quería que ella volviera a insistir con el viaje ni que me sacara otro tema, en ese momento la veía más como una amiga que como una mujer que pudiera calentarme la cama por una noche y no sabía bien como salir de aquella situación sin enredarme en muchas explicaciones. Vino a salvarme mi amigo en el momento justo diciéndome que se estaba organizando un karaoke y como yo era el único músico en la sala tenía que participar.

La velada terminó agradablemente, todos cantando, ayudados por las copas de más y los escotes de las mujeres que había en la fiesta. Supuse que más de uno se iría bien acompañado esa noche. Pero ese no fue mi caso ni lo que pretendía, aunque cuando María del Carmen se acercó con su tarjeta y me dijo llámame cuando quieras, le di mi número de móvil pensando que no lo recordaría y no la vería más.

Continuará…