3 mar. 2011

OTRO MUNDO (I)


Estaba invitado a una fiesta, donde todos lucían sus mejores galas. Me pareció interesante asistir, más que nada porque sabía que las mujeres que asistirían eran muy guapas y alegrar la vista viene bien de vez en cuando.

Como el único traje que me queda bien es el de buceo y además es el único que tengo, me puse una camisa negra, mis vaqueros gastados de siempre pero limpios y mis zapatos negros, los más cómodos que tenía.  Me miré al espejo antes de salir, no estaba mal, un poco de perfume y gomina en el pelo y salí contento rumbo a la fiesta.

Por poco no me dejan entrar por ir con esas pintas y si no es por Guzmán, el anfitrión, que estaba cerca de la puerta, hubiera tenido que dar marcha atrás e irme por el mismo camino por el que había llegado.

La casa de Guzmán era espectacular, con una pared repleta de cuernos de cabras montesas y el traje de un torero famoso en una urna de cristal. Impresionaba de veras porque se podía ver aún la muleta ensangrentada. Según explicaba el dueño de casa, el torero era íntimo amigo suyo y enseñaba las fotos en las que aparecían con varias personas muy conocidas.

Muchos de los asistentes a la fiesta eran políticos y empresarios importantes, que además de serlo lo sentían, otros, en cambio, eran señoritos venidos a menos y señoras de alta alcurnia pero sin un real en el bolsillo como diría mi abuelo, a quienes no se les conocía trabajo alguno, pero aparentaban lo que no tenían y seguían manteniendo el mismo gesto altivo de antaño.

-¿Dónde está la guitarra, José?,- preguntó Guzmán.

-Pues no me la he traído,- contesté.

-Dicen que tocas de maravilla,- acotó Marisol, la hermana de Guzmán.

Hasta ese momento no me había percatado que Marisol me miraba con atención. La hermana de Guzmán era una mujer muy bella y con ese vestido rojo y ese escote de vértigo estaba como para infartarme.

- Que va!!!,- contesté mirándole el escote. Es una simple afición y no le dedico tiempo alguno, además hace mucho que no toco solo.

A una señora que estaba de muy buen ver que justo pasaba por donde estaba, la escuché decir "el alternativo no se ha traído la guitarra".

Me hizo gracia lo del “alternativo”. Me preguntaba que significaría para ella. De seguro que me puso ese nombrete porque de alguna forma tenía que clasificarme. No tenía un trabajo importante ni herencias, ni un buen coche en la puerta, además tampoco conocía a nadie famoso, salvo a Guzmán y eso había sido por pura casualidad e iba vestido de vaqueros y camisa.

De todas formas he de confesar que me acogieron de maravilla. Conversé con casi todos los asistentes a la fiesta aquella noche y por una amiga que aunque socialista se codeaba con gente de todas las ideologías, sabía que “casi todos eran cercanos a Franco”, como ella los definió. Me hizo gracia que identificara así a las personas en estos tiempos de pluralidad, además yo no pretendía en ese momento dar una charla sobre mis ideas políticas, simplemente pensaba pasármelo bien y compartir una velada en buena compañía.

Continuará…