1 mar. 2011

ALMAS GEMELAS



Mariana era una mujer guapa, independiente, trabajadora, aparentemente era una persona tranquila y fuerte, divertida y ocurrente, sabía escuchar y tenía buena conversación, pero como se suele decir “la procesión va por dentro”.

En ese momento, todo le iba saliendo como nunca había imaginado, sin embargo le invadía esa manía de huir de todos los sitios con rumbo a ninguna parte, porque su pasado era un lastre tan pesado que hacía que no terminara de creer el momento tan bueno que atravesaba.

Muchas cosas marcadas a fuego que le habían torcido su camino de tal forma, cosas que la hacían a veces no desear seguir viviendo o por lo menos no volver a pasar por esas situaciones que tanto miedo la habían hecho vivir. Sabía que podía aguantar porque sacaba la fuerza desde muy dentro y había derrotado ese miedo o eso creía, para seguir viviendo contra viento y marea.

Así que era el día a día lo que le importaba en todos los aspectos, nada con miras lejanas y nada de recordar pasados, aunque interiormente el pasado le pesaba y mucho.

Una mañana, después de haber pasado la noche con uno de sus amigos de turno y quedarse dormidos abrazados, él le dijo:

- Parece que llevas el mundo a la espalda, esa fuerza que me atrae a la vez me está alejando de tí.

- No me dejes nunca, espera a que yo te deje y luego búscame,- dijo Mariana abrazándolo.

- Pero puede ser que en el camino hacia tí me tropiece con alguien y deje de buscarte.

- Tú eres así, siempre abierto a lo que pueda llegar, yo simplemente tengo la necesidad de huir, aunque realmente quisiera que me atraparas.

- Sabes que jamás te atraparé, me gusta que vueles libre porque yo hago lo mismo.

- Eres mi alma gemela y lo sabes, pero no sé si las almas gemelas deben convivir, hay cosas de mí que no me gustan nada ni estoy dispuesta a soportarlas de tí.

- Vivamos pues, dejémonos llevar por la marea, aunque sé que nunca encontraré a nadie que me llene como tú.

- Yo tampoco, pero debo continuar, esto no puede seguir así, demasiado bonito para ser verdad.

- Acepto y comparto tu decisión, breve e intenso, o todo o nada, como el todo no puede ser, mejor nada.

Y de esta manera se despidieron para siempre.

Probablemente hubieran vivido la historia que ambos hubieran querido vivir en otra época, pero ya era tarde para emprender algo, se aferrarían a sus creencias aunque con esa relación hubieran rozado  la felicidad con la realidad. El miedo que sentían a que todo se deteriorara antes de empezar y las experiencias del pasado, les atenazaban el corazón y no les dejaba seguir adelante.