23 feb. 2011

LOS RECUERDOS DE ELISA (XVI)



- Francisco, cómo estás, - saludó con efusividad Mariela en cuanto vio a Francisco.

- Hola Mariela,- dijo Francisco dándole dos besos a Mariela, bajo la atenta mirada de Elisa.

- Dentro de poco comenzará la cena y luego el baile, -dijo Mariela- se suman, verdad?. Recuerdo que eráis buenos bailarines los dos.

- Sí, claro,- contestó Elisa mirando a Francisco mientras éste le sonreía.

- Claro Mariela, a eso he venido aquí. A veros a todos y a divertirme un rato, que me hace falta,- dijo Francisco.

- Ah, si?, por qué lo dices?,- inquirió Mariela, mientras Elisa miraba a Francisco ahora con más atención.

- No quiero hablar de eso ahora, Mariela. Vine a divertirme un poco y hablar con esta mujercita que hace mucho no veo, cómo unos 20 años o más, quizás, - contestó Francisco sin dar más detalles guiñándole un ojo a Elisa.

Mariela se dio cuenta de la indirecta muy directa de que allí sobraba, así que se despidió de ambos diciendo que iba a hablar con Luis que justo pasaba en ese momento por detrás de ellos con una copa en la mano.

- Hola guapa…estás muy guapa Elisa,- dijo Francisco con tono zalamero.

- Calla hombre, cómo eres Francisco?. Debo estar roja como un tomate, me arden las mejillas, - dijo Elisa riendo.

- Y eso por qué será?,- dijo Francisco tocándole las mejillas con ambas manos.

- Ya lo sabes, es inevitable. Mis mejillas tienen vida propia. Se acaloran cuando te ven,- contestó Elisa acariciando suavemente las manos de Francisco.

- Lo sé. Siempre te ocurría lo mismo, pero suponía que con los años tus mejillas se hubieran olvidado de mí, pero veo que no es así,- dijo Francisco.

- Pues no. Bueno…no hablemos más de mis mejillas. Cuéntame de ti. Lo último que supe fue que te casaste hace unos años y te mudaste de ciudad,- dijo Elisa sin querer parecer muy curiosa, pero en realidad lo que había dicho Francisco anteriormente le interesaba y quería enterarse que era lo que había pasado en la vida de su antiguo amor.

- Si, estás en lo cierto. Me casé, tengo dos niños y enviudé hace dos años,- dijo Francisco con voz triste.

- Oh…cuánto lo siento, Francisco,- dijo Elisa apenada. De verdad, Francisco.

- Gracias Elisa. Mi esposa tuvo un accidente y falleció en el acto. Iba a buscar a los niños al colegio y un descerebrado se saltó una luz roja y se la llevó por delante cuando ella cruzaba la calle frente al colegio. Es algo difícil de aceptar, sabes. Ahora ya estoy un poco más repuesto de eso, además con los dos niños no me puedo permitir flaquezas, por ellos tengo que seguir adelante, por ellos tengo que sonreír y hacer de tripas, corazón, no queda otra,- dijo Francisco cabizbajo.

- Pues si Francisco, - dijo Elisa con unos deseos irrefrenables de abrazarlo, pero se contuvo. Lo que le contaba Francisco era muy duro y quería consolarlo aunque no se animaba, por lo menos, no allí delante de todos.

- Y tú, preciosa? ¿Qué ha sido de tu vida?. Por mi hermana me enteré que te habías casado y que te habías divorciado también,- preguntó Francisco.

- Así es Francisco. Tu hermana te ha informado bien,- dijo Elisa, recordando el día que se encontró con la hermana de Francisco y habían estado conversando.

- Y tienes hijos?,- preguntó Francisco.

- No, no tengo hijos. No hubo tiempo, y cuando lo había, no hubo ganas y cuando quise tenerlos ya no se pudo porque la relación no estaba bien…que le vamos a hacer,- contestó Elisa con voz resignada. - Pero cuéntame, cuántos años tienen los tuyos?.

- Sergio tiene 10 y María tiene 6,- contestó Francisco buscando en su cartera y mostrándole las fotos de sus hijos.

- Qué guapos los dos!!!,- exclamó Elisa.- Te felicito Francisco.

- Ya los conocerás,- dijo Francisco.

- Claro que sí, me encantaría,- dijo Elisa sorprendida pero a la vez encantada.

Notaba que Francisco se alegraba de verla y si bien la noticia de su viudez y sus dos hijos la sorprendieron, le encantaba que él pensara en presentárselos, lo que le indicaba que él aún la consideraba una buena amiga.

- Vamos, vamos a cenar,- apuró Ana, cogiendo de la mano a Elisa,- Hola Francisco, qué tal estás?.

- Hola Ana, bien, gracias. Pues vamos a sentarnos. Creo que nos ha tocado en la misma mesa,- dijo Francisco cogiendo a Elisa de la otra mano.

La cena transcurrió entre risas. Los chistes de Luis y los comentarios de Elisa hacían reír a todos, como en los viejos tiempos.

Francisco no cesaba de sonreír y mirar a todos sus compañeros, pero sobre todo miraba a Elisa y recordaba lo bien que se había sentido con ella en todos los años que estuvieron juntos.

Continuará…