4 feb. 2011

LOS RECUERDOS DE ELISA (VII)


Con las cervezas en la mano, Francisco se sentó en una saliente de un muro del paseo y Elisa se colocó cerca de él. Bebieron las cervezas y se pusieron a conversar sin mencionar nada de lo que había pasado antes.

A Francisco le volvió a cambiar el humor y era otra vez el de la Facultad, cosa que Elisa agradeció enormemente.

Estuvieron bebiendo y riendo durante un tiempo. Las cervezas les sentaron estupendamente. A Elisa se le fue olvidando la escena del piso y también el feo gesto de Francisco.

Ella no entendía muy bien el porqué de la actitud de él, quizás se sentiría algo frustrado, y hasta pensaba que ella tenía parte de culpa de la situación por dar la apariencia de mujer liberada y pícara y en realidad no ser ni una cosa ni la otra, o por lo menos no en la medida que él suponía. Pero bueno, como fuera, estaban de nuevo bien y ella quería disfrutar ese momento.

Francisco se sentó en el muro con las piernas abiertas y Elisa ocupó el hueco entre ellas. Se estaba poniendo el sol, había refrescado un poco y una suave brisa les despeinaba, así que él se ofreció de refugio, para que ella no se enfriara.

Estuvieron hablando animadamente y Francisco le indicó lo bonita que estaba la puesta de sol. Elisa observó los colores del cielo y fue en ese momento que él la abrazó. Por fin, Francisco había vuelto a ser el chico conversador y encantador que la tenía loca y ella ya no tenía ninguna intención de moverse de ese sitio en donde estaba tan a gusto y se sentía tan bien.

Estaban riendo a carcajadas y bromeando cuando él tomó su rostro y lo acercó a su cara. Elisa cerró los ojos y entreabrió los labios. Ella no había dado nunca un beso pero tenía la sensación de saber qué era lo que tenía que hacer. Él besó sus labios delicadamente al principio, para luego transformar el beso en un beso pasional y muy íntimo,... interminable. Y ella no supo más nada, porque todo su alrededor desapareció. Solo eran ellos dos y su beso...Un beso de ésos...de los que jamás se olvidan y además.... era su primer beso.

Cuando separaron sus rostros, permanecieron abrazados. A Elisa le encantaba el olor de Francisco y se quedó pegada a su cuello respirando su perfume.

Ahora no tenía dudas, algo nacía entre ellos y era algo muy especial.

Continuará…