15 ene. 2011

TE DESEO (V)


Iba llegando a su casa cuando sintió que sonaba su móvil, miró el número y no lo reconoció, pero algo dentro de sí, le decía que debía cogerlo. Al escuchar quien le hablaba, una sonrisa iluminó su cara, era él, que le decía, estoy aquí preciosa, donde estás?, pues estoy en la puerta de mi casa le contestó ella, dame una hora que estoy allí contigo, TE DESEO, le dijo él. 

Hacía casi un mes que no se veían, y a ella le entusiasmaba verle, compartir caricias, besos y pasión. A pesar de que había habido otros hombres en su vida, él era el primero con el que realmente sentía algo especial. 

Preparó café para esperarle y se sentó en la terraza desde donde le vio llegar. Se fundieron en un largo y tierno beso apenas abrió la puerta y subieron la escalera abrazados, besándose en cada peldaño. Él le dijo, TE DESEO, infinitamente TE DESEO y hoy más aún porque te he visto esperándome en la terraza. 

Ven conmigo, le susurró él tiernamente al oído y dirigió sus pasos al dormitorio. Sabía perfectamente el camino, le conocía de sobra, había estado allí otras veces y era el lugar que más le gustaba de aquella casa, además de la terraza desde donde veía el Mediterráneo por la tarde mientras tomaba café. 

Los ojos de ella, esos ojos que a él tanto le gustaban despedían una luz especial y los de él llameaban al ver su cuerpo, estudiándolo de pies a cabeza. 

La abrazó tiernamente, ella no se resistía a su contacto, y lentamente comenzó a acariciarla, tomó su cabeza entre sus manos y la acercó hacia a él, besándola en los labios, ella le devolvió el beso, y puso sus brazos detrás de su cuello, acercándose más hacia él. 

Sabes una cosa le dijo ella, me has sorprendido, no esperaba tu llamada, pero realmente estoy feliz de que hayas venido. 

Se besaron nuevamente y todo comenzó a tener sentido, él no era el de antes, estaba mucho más cariñoso con ella, sus manos hablaban por si solas, la arrinconó en una esquina de la habitación quedando contra la pared y ella sentía su respiración cercana, su boca, estaba apretada contra él pero no lo suficiente para llegar a las solapas de su camisa y comenzó a desabrocharle todos los botones quedando su pecho al desnudo, él siguió besándola, primero sus labios, luego su cuello, embriagándose con el olor de su perfume, ella le abrazó aún más atrayéndolo contra sí.

Ella quería que ahí se detuviera el tiempo, tan hermoso y silencioso, y que todas sus tristezas  desaparecieran en ese instante, solo existía él. Él la notó nerviosa y le dijo, no tengas miedo ahora somos solo tú y yo, nosotros.

En eso todas las terminaciones nerviosas de ella cobraron vida propia, no pensaba en nada más, solo en él, en su hermoso cuerpo y sus dulces labios. Y comenzó a acariciarle el pecho y él rozaba suavemente sus labios.

Se hundieron en el umbral de ese dormitorio, amándose, entre beso y beso, caricia y caricia, él la amaba y la deseaba más aún.

No supieron nada más del mundo hasta el amanecer del otro día, juntos los dos, ella apoyada en el hombro de él, durmiendo tranquila y profundamente y soñando que él volvía a decirle TE DESEO.