11 ene. 2011

TE DESEO (III)


Después de los dos encuentros que habían tenido, ella esperaba ansiosamente volver a verle, sentir de nuevo sus caricias, sus besos, su olor y esas dos palabras que habían despertado todo un mundo de sensaciones. Sentir en sus oídos nuevamente esas dos palabras….TE DESEO.

Esa noche él la llamó. Comenzaba siempre la conversación con algo trivial, para luego decirle lo que ella quería escuchar…"mañana estoy en tu ciudad, te llamo, nos vemos”.

Al día siguiente quedaron para un encuentro nocturno, así que ella trató de  terminar su trabajo rápidamente para tener tiempo de arreglarse. Se puso su mejor vestido y marchó hacia el lugar donde habían quedado.

Ella nunca había visto a nadie tan impresionado por un vestido rojo como al camarero que, antes de aquella cena íntima e inolvidable, les sirvió dos martinis en la barra del bar. Es verdad que estaba muy guapa y que su aparición quizás pilló un  tanto desprevenido al hombre.

Él también se sorprendió, nunca la había visto así y en lo único que pensó al verla fue que le gustaría ser aquel vestido para poder rozar su piel en ese instante.

La había estado esperando más de media hora, pero realmente verla había valido la espera.

Quizás le dio pena al camarero porque le había preguntado unos minutos antes a quien esperaba. Él le contestó que a una chica, el camarero insistió en que si estaba seguro que ella llegaría porque hacía más de media hora que lo veía allí solo.

Él pensó que sí, que ella llegaría, estaba seguro, y asintió con la cabeza. El camarero le dijo, tiene que ser muy guapa la chica para que la esperes tanto tiempo y acotó, porque yo no la esperaría ni un minuto más.

Ese fue el momento en el que ella hizo su entrada y fue también entonces cuando al camarero se le tiñeron los ojos de un rojo especial y no sólo por el vestido que ella  llevaba.

Tras el saludo y conversar un rato con la bebida en la mano, cuando dejaban el bar para ir al restaurante, el camarero se las ingenió para decirle a él sin que ella escuchara: “Rectifico, yo también la hubiera esperado y no una hora, como tú, sino toda una vida”.

Y él se sintió todo un campeón. Con ella a su lado, no le importaba nada, solo el hecho de tenerla cerca y poder decirle al oído muy suavecito, TE DESEO, porque eso era lo que sentía.