29 sept. 2010

LA PRIMAVERA LLEGÓ A MI BLOG CON DOS FLORES DE REGALO...



Desde el día 23 estoy algo “rara” porque leo en blogs amigos que se alegran de que en el hemisferio sur ha comenzado la primavera y siento un poco de nostalgia.

Aunque nací en otoño, y me gusta mucho esta estación que ahora disfruto aquí, para mi septiembre siempre fue el mes de las flores, los pajaritos cantando, la ropa más fresca…el mes de la primavera… y siento que tengo todo cambiado…es una sensación extraña…a veces me dicen que es porque he vivido mucho tiempo patas para arriba…en fin…supongo que algún día aceptaré que ahora tengo mi mundo al revés y me acostumbraré.

Así que me ha hecho mucha ilusión recibir dos flores como dos soles de parte de dos amigas que me alegraron mucho y han reducido en parte, esa nostalgia que siento por la primavera, ellas son Magdalena de Mi vida en retales y Fairytales de Noches fugaces.

Que puedo decir de ambas….que son dos lectoras asiduas de mis chorradas, que siempre me dan pa’ lante con este hobby mío de escribir historias “como la vida misma”….y que además tienen dos blogs que recomiendo leer porque expresan lo que piensan y sienten con total intensidad.

Este premio-regalo viene acompañado de unas instrucciones a seguir, y aunque me dedico a las normas, diré que lo que más me gusta es saltármelas a la torera….pero este no será el caso…y las seguiré.

La primera instrucción es mostrarlo en el blog y eso he hecho desde el domingo…la flor la pueden apreciar en la fotogalería de premios y regalos con agradecimiento incluido a mis dos amigas también aquí en esta entrada.

Segunda instrucción: compartirlo con 12 bloggers, linkeando a los ganadores y hacerles saber que han recibido el premio.

Tarea harto difícil de cumplir, porque leo más de 300 blogs y muchos de ellos se lo merecen. Me gustaría premiar a muchos más bloggers con esta flor, pero las reglas son las reglas y dije que en este caso las cumpliría, aunque me queden muchos buenos blogs amigos por premiar. Sé también que algunos de los que mencionaré ya han recibido este premio...por algo será digo yo...pero me hace ilusión otorgárselo nuevamente.

And the winner is (en orden alfabético):

- Alondra de Volar sin alas…porque me alegra con su trinar tan sabio cuando escribe y cuando comenta.

- A Amelia de Mar Eterno…porque con sus poemas me ha abierto a un mundo nuevo y expresa como nadie su sentir.

- Ana de Cantares, recetas, recuerdos…. porque me hace recordar otras épocas, otra música, otros sentires, otros países.

- Andrea de Menta e chocolate, que aunque sé que no le gusta recibir este tipo de premios, le emociona mucho…y porque quiero que vuelva a deleitarnos con sus poemas que son pensamiento y corazón.

- A Canoso de El blog de Canoso…al que he bautizado como el mundo verde musical…porque me transmite ondas de tranquilidad y esperanza con su música.

- Fiaris de Pensamientos….porque me divierto leyendo su blog super positivo

- Francisco Pardó y su blog En tinta viva…porque creo que la poesía corre por sus venas.

- Jabo de Sé positivo siempre…con su aporte y su positividad nos da ánimo para seguir adelante y no bajar los brazos nunca.

- Pilar de Abalorios, hace poco que he descubierto su blog, pero puedo decir que es realmente un placer leerla…porque tiene un encanto especial.

- Porkulera de Memorias de una Porkulera, que aunque ocupadísima con sus estudios en estos momentos, no nos abandona y nos mantiene informados.

- Vero de Poemas de Vero y más, aunque debería premiar sus tres blogs…pero este con sus historias me hace reír y disfrutar cuando lo leo.

- Uru de Uruguayita y sus Cafés del Sur…que puedo decir de ella, que es una luchadora y que me alegra muchísimo que este mundo virtual nos haya conectado.

Y ahora….lo que me gusta…saltarme las reglas…jeje….a quien le guste la flor….que la coja.

Un beso para todos y gracias por compartir vuestros pensamientos y pasear por aquí…estáis todos invitados a unas empanaditas criollas con vino porque cualquier ocasión es buena para celebrar.



28 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (FIN)...



Pasó una semana y recibió la llamada de un buen amigo para invitarla a una reunión en su casa.

Sabía que irían todos sus amigos y muy posiblemente él, pero no se animó a preguntar quienes asistirían, así que desconocía por completo si lo vería.

Esa noche, se vistió y maquilló para estar bien guapa con la esperanza de verlo. El tráfico estaba agobiante y se estaba poniendo nerviosa porque llegaba tarde, hasta que al fin logró llegar a la casa de su amigo. Tuvo que dar dos vueltas para poder estacionar y dejar su coche lejos y caminar. Al entrar a la casa de su amigo presurosa porque se había retrasado, le llegó el aroma  de su perfume, como un aviso de que él estaba cerca.

También él había llegado tarde y todavía estaba saludando al resto del grupo cuando la vio entrar en el salón, con prisa, nerviosa y se la quedó mirando. 

Ella saludó a sus amigos, los cuales la apreciaban mucho y con los que se sentía muy a gusto, un lujo del que no solía disfrutar muy a menudo por cuestiones de trabajo, pero en cuanto tenía oportunidad siempre asistía a ese tipo de reuniones.

Y llegó el momento de saludarlo a él que no había apartado sus ojos de ella desde que la vio.

Cuando ambos se miraron ella pudo ver en sus ojos que aún la tenía en su mente, como tantas veces lo había notado cuando la miraba, prueba evidente que lo que una vez sintieron seguía allí latente como aquel día en que se abrazaron por última vez bajo la lluvia.

Ella al besarle en la mejilla, quiso decirle al oído todo aquello que siempre se había callado en sus últimos encuentros pero no era capaz de decírselo con pocas palabras. Le hubiese encantado darle un abrazo como los que se daban entonces y que los dejaban sin aliento, pero no era posible y el momento del saludo se quedó simplemente en dos besos rápidos aunque cariñosos.

La cena transcurrió alegremente entre buen vino y excelente comida, llena de una distendida charla acompañada de muchas risas.

A ella le encantaba verle reír y eso que él no lo hacía muy a menudo. En ese momento, recordó la primera vez que le había visto reír y cómo le había gustado aquella imagen….¡cuántos momentos compartidos habían disfrutado juntos!, pero también cuanto habían perdido por esa lejanía impuesta por él. 

La noche llegó a su fin igual que el encuentro y todos comenzaron a despedirse. Ella esperaba un gesto, una palabra que le hiciera pensar que él deseaba estar con ella, tanto como ella deseaba estar con él.  Así que se sorprendió, cuando él le preguntó mientras iban saliendo, si había venido en su coche o quería que la acercara a su casa. Ella lo pensó, había dejado su coche aparcado lejos de allí y él no podría verlo, así que no  descubriría la pequeña mentira que le diría y le contestó que había ido a la cena en taxi, ya recuperaría su coche al día siguiente. Él le preguntó sonriente, “¿te acerco a tu casa, entonces?”. Ella asintió con un movimiento de cabeza y una sonrisa. Se despidieron del resto de sus amigos con varios besos y la promesa de volver a quedar dentro de un mes.

Se subieron al coche, mirándose sin decir nada. Ella le notaba cambiado desde la última vez que se habían encontrado en el parque, aunque hacía apenas una semana que se habían visto. Advertía alguna que otra arruguilla que enmarcaban sus ojos, pero que le conferían el mismo aspecto risueño de siempre. Los ojos de él, eran lo que más le atraía y le encantaba que la mirara con esos ojos tiernos, que le transmitían mucha alegría y ternura.

Cuando llegaron a su casa, él la besó, como siempre lo había hecho cuando estaban juntos y ella le invitó a pasar. Allí sentados en el sofá frente a la foto de ambos, le preguntó “¿crees que tendrán un futuro juntos?”.

Y él mirándola fijamente, le contestó, “sabes que mi situación no es buena, pero no quiero dejar pasar más tiempo alejado de ti, no quiero vivir sin ti, viéndote de vez en cuando, solo como amigos, no sé si ese futuro será eterno porque nada lo es, pero espero poder ofrecerte todo lo que te mereces. Prometo hacerte feliz, aunque esta promesa sea un arma de doble filo si no lo consigo, pero lo intentaré, créeme qué sí”.

Después de todo ese tiempo, ella se sentía feliz de haber compartido tanto con él y aunque hubo momentos de soledad, mucha espera y tristeza, se alegraba de haberle esperado, porque sabía que era la única persona que podía hacerla feliz.

Se abrazaron y sintieron a lo lejos los primeros truenos, como aviso de que comenzaba a llover.

FIN

27 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (IV)...



Pasaron los meses y llegó la primavera. Ansiada primavera, que traía consigo el renacer de la naturaleza y porque no, se decía ella, el renacer de mi corazón.

“¡Afuera telarañas, basta de recordar!”, exclamó al levantarse de la cama. De que me sirve recordar, si él ya no está en mi vida, se ha ido como siempre, de forma silenciosa, sin decir nada, solo me queda esa foto que ya tiene casi dos años y este amor que no logro arrancar de mi corazón, pero algún día lo lograré.

Se puso un vestido y decidida a caminar en un domingo soleado, sus pasos la llevaron hasta el parque cercano a su casa.

Llevaba uno de los libros que había comprado la última vez que fue a la librería, la última vez que le vio.

Los cafés del parque ya estaban abiertos y algunos tenían más de dos o tres parroquianos a pesar de que era temprano. Se sentó en una mesa en el exterior de uno de ellos y pidió un café con leche, abrió el libro y se puso a leer.

Y en la lectura estaba cuando por el rabillo del ojo vio que alguien se acercaba a su mesa. Cuando levantó la vista, ahí estaba él, sonriente como siempre, mirándola con ternura.

¿Por qué me mirará así?, se preguntaba ella siempre, me trastoca completamente, me pone nerviosa, pensaba.

Él se sentó frente a ella y le dijo “que guapa estás”. Se disculpó por no haberla llamado ni buscado durante todo ese tiempo. Soy un tonto le dijo, es verdad, un impresentable. Pero mi situación sigue incambiada, ya lo sabes, peleando por salir adelante.

Ella asintió, sabía que eso era lo que los separaba, lo que no permitía que estuvieran juntos. Pero todo estaba en la mente de él, que no quería recibir ayuda de nadie, que quería seguir solo mientras las cosas fueran así.

Esa vez quería decirle como tantas veces le había dicho, que él no estaba solo, que estaban juntos. Quería decirle cuánto deseaba abrazarlo y besarlo como antes, cuánto deseaba volver a dormir en sus brazos, cuánto deseaba charlar horas y horas sin cansarse, estar juntos, sentir su calor nuevamente y compartir con él todo aquello que compartieron entonces y mucho más.

Pero, porque siempre hay un pero, a ella le tocaba callar y esperar hasta que la situación cambiara, hasta su próximo encuentro fortuito o hasta que él diera señales de vida.

¿Valdría la pena la espera?, se preguntaba mientras él le comentaba algunas cosas del autor del libro que ella estaba leyendo.

Espero que sí, se contestó, mirando esos ojos que cada vez que la miraban la transportaban hacia las nubes, esas que ocultaron el sol brillante que antes había y dejaron escapar unas cuantas gotas que cayeron sobre la mesa que los dos ocupaban.

Comenzaba a llover como siempre que se encontraban y se despidieron.

Esta vez él le dijo, te llamaré, lo prometo, antes de darle un beso.

Continuará…

26 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (III)...



El otoño dejó paso al invierno que estaba siendo particularmente frío y también lluvioso como su predecesor.

Ella había quedado esa tarde para tomar un café con una amiga, pero antes y para hacer tiempo, entró en su librería favorita.

Estaba buscando un libro que le habían recomendado. Siempre le había gustado leer y desde que le conoció a él la afición se había vuelto adicción, porque a él le fascinaba leer y tenía una colección de más de mil libros en su casa que ordenaba por temas en una gran biblioteca.

Alguna que otra vez, habían pasado horas  comentando sobre los últimos libros que habían leído, intercambiando impresiones sobre el autor y la trama. Solían compartir gustos, a ella le gustaban las novelas policiales y a él también junto con las de investigación histórica.

Ahora que hacía tanto tiempo que no se veían, le gustaba pasear un rato, cuando podía, entre aquellas montañas de libros, mirando las últimas novedades.

Sabía que aquella librería era de las favoritas de él, porque más de una vez le había acompañado.

Después de su último encuentro, había ido muchas veces a la librería y siempre pensaba que algún día se lo encontraría, pero nunca había pasado. De hecho, había perdido la esperanza de verle nuevamente, porque la ciudad era grande y no era muy lógico pensar que otra vez le encontraría por casualidad, hasta que al coger varios libros y girar para dirigirse a la caja de la librería a pagarlos, se encontró con él, frente a ella.

En aquel momento no pudo saludarle, las palabras no salían de su boca, solo podía mirarle a los ojos, los que seguían sonriéndole tiernamente y hasta parecía que le hablaban.

Él también parecía sorprendido de verla allí, porque le notó algo nervioso cuando le saludó y ese detalle le recordó las primeras veces que se habían encontrado.

Al fin se saludaron y conversaron unos minutos. El tiempo suficiente para preguntarse ¿cómo estás?, decirse “te veo bien”, “¡qué alegría encontrarte!”. “¿Cuánto tiempo ha pasado, verdad?”, “¿qué te parece si quedamos un día de estos para tomar un café?”. La respuesta no se hizo esperar, fue un si, por parte de ella, acompañado de un “te llamo, me ha encantado encontrarte aquí” por parte de él, junto con un beso.

Cuando ella salió de la librería había parado de llover y un tímido sol comenzaba a brillar entre las nubes, como la esperanza que  intentaba renacer dentro de su corazón.

Continuará…

25 sept. 2010

BAJO LA LLUVIA (II)...



Hacía casi un año desde que se habían visto por última vez, y aún recordaba el beso que se dieron en la puerta de la cafetería, era tan intenso el recuerdo, que sentía el calor de los labios de él aún sobre los suyos.

“Así como vas a olvidarlo”, se decía a veces. Todos sus intentos habían sido en vano y tenía claro que olvidar todo lo vivido con él sería algo que nunca conseguiría.

Después de aquella cena, esperó una señal, una llamada, un simple mensaje, algo que le dijese que él seguía estando, que todo aquello que habían compartido había sido importante para él, tanto como lo había sido para ella. Pero nada, no recibió nada.

Pasaron algunos meses y un día le vio de lejos en un centro comercial. Caminaba despacio mirando escaparates cuando a lo lejos pareció verle. Fue un instante pero su forma de caminar le decía que era él y su corazón se aceleró. No sabía qué hacer, no podía controlar el impulso de querer tenerle frente a ella, quería hablar, quería saber el porqué de su ausencia, pero no se animó a acercarse, sus piernas flaquearon y tuvo que sentarse en un banco cercano.

Le vinieron a la mente tantas imágenes, sus besos, sus caricias, que no era capaz de asimilarlo todo de golpe. Su historia había sido tan intensa, o por lo menos ella la había sentido así, que siempre pensó que si aquello hubiese seguido adelante la experiencia habría sido realmente maravillosa, pero había quedado en una historia de “quiero pero en este momento no puedo”.

Desde donde se había sentado podía verle. Le hubiese gustado poder acercarse, saludarle y hasta tomar un café juntos, pero no podía o mejor dicho, no debía, aunque sus ganas reprimidas retumbaban como tambores en su mente y en su corazón.

Él estaba igual, alto, moreno, tan guapo como hacía más de un año, con esa mirada tierna que solo ella veía. Se levantó del banco mirando de reojo hacía donde él se encontraba y se dirigió a la salida del centro comercial, sin hacer las compras para las que había ido.

Había comenzado a llover, pero esta vez sí tenía paraguas, así que caminó hacía donde había estacionado su coche mientras se decía, no importa, ya vendré otro día, pero la tentación es muy fuerte y no puedo quedarme y si él no se ha comunicado, sus razones tendrá y aunque me pese, las cosas deben seguir así, aunque se me desmaye el corazón de pena y me arrepienta después de lo tonta que he sido.

Continuará…

BAJO LA LLUVIA (I)...



Como todas las noches, se sentaba en el sofá a cenar mientras miraba la TV o leía un libro. Sus cenas eran frugales, algún bocadillo, una fruta o quizás un yogur.

Esa noche cuando se disponía a coger un yogur del frigorífico y miró hacía el salón, contempló la fotografía que tenía frente a ella. Cuando se sentó, tomó la foto y acarició suavemente la imagen. Había transcurrido un año desde el día en que se había tomado…¡cuántos recuerdos!. A esa altura de su vida y de sus circunstancias recordar esos días le hacía revivir las mismas emociones, algunas muy bonitas y otras no tanto, pero le gustaba recordar, le hacía sentirse viva.

Le parecía que había sido ayer cuando él salió a su encuentro aquella tarde lluviosa de principios de otoño en la puerta de la cafetería donde a veces se citaban y en donde se habían tomado aquella foto.

En cuanto salió de su casa para verlo, comenzó a llover y no tenía paraguas. La lluvia le empapaba el cabello y la falda. Mientras corría de prisa por la acera, pensaba “estaré hecha un desastre…y no quiero que él me vea así…hoy no…así no”.

Hacía varios meses que se conocían y se encontraban cuando podían, cuando sus trabajos y sus vidas se lo permitían. Ella siempre esperaba que la relación se asentara, evolucionara a algo más que algunos encuentros por mes y alguna que otra llamada telefónica, anhelaba desde hacía un tiempo escuchar de los labios de él esas dos palabras que harían feliz su corazón y cambiarían sus vidas para siempre. Pero esas dos palabras no escapaban con facilidad de su boca, y mientras más las esperaba, más se apoderaba de ella un sentimiento de inseguridad.

Alguna que otra vez, él había dejado escapar “me gusta estar contigo”, “que bien lo hemos pasado” “me siento muy bien contigo”. Eso la hacía pensar que seguía junto a ella, cercano, que él sentía algo que quizás no se animaba a declarar, pero luego la realidad de sus vidas le indicaba algo distinto y dudaba.

Mientras corría para no mojarse, también pensaba que a pesar de desear con toda su alma verlo de nuevo, y decirse miles de veces que la esperanza es lo último que se pierde, sabía que tenía que tomar una decisión y que podía ser el último día que se vieran.

Ya casi llegaba a la cafetería y le vio en la puerta. Se puso nerviosa y la incertidumbre de “no saber qué pasaría” no le gustaba.

Él sonrió al verla y sus dudas desaparecieron casi de un plumazo y más cuando él la abrazó, le acarició su cabello mojado y la besó dulcemente en los labios.

Entraron y se sentaron en la mesa de siempre. Él la miraba de una forma que la llenaba de ternura.

Hablaron durante más de una hora, sin tocar el tema del que a ella le hubiera gustado hablar, su futuro, el futuro de los dos y no porque ella no hubiera hecho el intento.

Cuando salieron de la cafetería, anochecía y seguía lloviendo, él se ofreció a llevarla en su coche hasta su casa y ella al llegar le invitó a cenar.

La cena resultó especial para los dos. Ella pronunció un te quiero y él “no puedo ofrecerte nada…quizás dentro de un tiempo…pero no quiero que me esperes”.

Ahora, sentada frente a aquella fotografía su mente regresaba al momento en que se dijeron adiós y las lágrimas escaparon sin querer de sus ojos.

Solo le quedaba esa fotografía, el recuerdo de lo que habían vivido y un quizás.

Continuará…

20 sept. 2010

REGRESO EN CUANTO PUEDA...


Como ya saben, lo mío son las normas y en esta semana que comienza y hasta fin de año tengo auditorías varias, una por cada norma implantada en mi trabajo, en total cuatro. Si bien está todo listo (eso creo…jeje) me espera tarea ardua, no solamente durante si no también después de las auditorías y esto es lo más difícil.





Hoy (mientras esto se publica, ya que lo dejo programado) comienza la seguidilla de auditorías, por lo que voy a estar un poco desaparecida de este mundo virtual durante un tiempo.




Espero poder visitaros por vuestros blogs de vez en cuando y si me visitáis, podéis degustar un rico cafelito que os dejo por aquí mientras leéis  cómodamente instalados.






Quedáis en vuestra casa….gracias por pasear por aquí….nos vemos pronto....besos.


19 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(FIN)



Pasaron meses sin que Marina y Juan Francisco se vieran, solo se comunicaban por algunos mensajes en la red social y alguna que otra vez en el MSN.

Él aún le decía en cada mensaje que se verían, que ella era encantadora, que quería tomar café otra vez. Pero sabía que no era así, no quería decirle la verdad, no quería entusiasmarse, cosa que podía pasar si la veía, y tampoco quería que ella lo hiciera, así que casi no se conectaba y cuando lo hacía la mayoría de las veces era como desconectado en el MSN para que ella no le viera. Eres un cobarde se decía, si ella aún te gusta, ¿por qué no la llamas?, has pasado por su casa muchas veces y no la has llamado. No te lo crees ni tú lo que haces, le das miles de vueltas a esto…¿por qué no te arriesgas?, pensaba, pero luego se convencía de que era mejor así, de que era mejor dejar las cosas como estaban. Es mejor como amigos y nada más, no quiero que ella sufra por mí, ...no quiero sufrir otra vez.

Un día al salir de su trabajo y cruzar la calle para ir hasta su coche, se le ocurrió tomar un café. Giró en la esquina y entró en su cafetería favorita. Y apenas entrar la vio. Marina estaba sentada en una de las mesas acompañada por un hombre moreno y guapo que la miraba sonriente y le acariciaba la mano. No pudo resistirlo, así que evitando ser visto salió de allí y mientras caminaba pensaba, te lo tienes merecido, por gilipollas, ahora ella está con otro y ya no puedes hacer nada por recuperarla, vaya mujer has perdido, por tonto, solo por eso, por no querer aflojar, por la estúpida teoría que perdería mi libertad, ¡pero dónde vas pensando así!…a ningún lado…no pierdes tu libertad, so tonto…ganas la compañía de una mujer increíble que te entiende y te apoya y que sabes no te cortaría las alas…ahora lo que me queda claro es que el que más ha perdido en esto he sido yo.

FIN

18 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(VII)



Marina llegó a su casa a la carrera, se subió en el ascensor haciendo una lista mental de lo que tenía que hacer antes de que Juan Francisco llegara.

Preparar café, poner los Ferrero sobre la mesa, cambiar las sábanas por las dudas…bueno…, están limpias…pero quiero que él sienta el olorcito a limpio de las sábanas cuando se acueste en ellas…qué más??...qué más???. Ducharme, ponerme crema, perfume…ese que me dijo que le gustaba. Esta es una típica encerrona…o en realidad la encerrona me la ha hecho él a mi??…Si será pasmarote el tío. Se desaparece, no llama, pero quiere verme….quién le entiende?....porque ahora se aparece tan campante como si nada, y yo…¿qué le digo??…¿qué le digo??….que si…joeeerrrr….me puede…me puede..y no puedo decirle que no, pensaba mientras recorría la casa observando que estuviera todo en orden.

Cuando Juan Francisco llegó y ella le abrió la puerta, se fundieron en un beso apasionado, interminable. Sus brazos la rodearon completamente y casi no podía respirar. Se apartaron un poco para poder mirarse pero se abrazaron nuevamente y casi sin mediar palabras terminaron acariciándose en el sofá de la sala, olvidándose del café, de los Ferrero y del mundo.

Vamos a la cama le susurró él y ella asintió con la cabeza cogiéndole de la mano y guiándole por el pasillo hasta su cama que les esperaba para vivir toda esa pasión y ese deseo que los desbordaba.

Ella se dejaba llevar por él, sus caricias y sus besos le encantaban y perdía el control entre sus brazos, le encantaba sentirse así, llena de él, sin pensar en nada más que vivir ese momento y que nada hiciera que terminara.

Quiero estar así con él por siempre, pensaba, ¡qué idea más loca!. Te estás adelantando a los acontecimientos bonica, él solo piensa que eres una amiga, se decía Marina mientras se recostaba en la cama y él iba al baño a ducharse.

Cuando él regreso a la cama, se abrazaron y le dijo:

- Sabes una cosa??…me encanta estar contigo Marina…pero no quiero hacerte daño…yo solo vivo el momento. Hoy por hoy no estoy interesado en tener una pareja.

El corazón de Marina se despeñó por un barranco, las frases que no quería escuchar entraban por sus oídos y a velocidad vertiginosa recordaba lo que le había dicho su amiga. ¿Por qué esto ahora?. Íbamos bien y a este tío le entra el miedo tonto. No sabía si a esa altura su cara denotaría algo, pero se compuso y le contestó.

- Espera guaperas, en qué estás pensando???...yo no te he dicho nada….creo que las cosas están claras entre nosotros…somos amigos…verdad???..eso fue lo que me dijiste el otro día. Además si quisiera algo más te lo diría…siempre digo lo que pienso y siento…me siento muy a gusto contigo…creo que hay mucha conexión entre los dos en determinados aspectos pero de ahí a pensar en algo más hay muchos kilómetros…así que no tienes de que preocuparte conmigo.

- Ya, vale…pero es que te veo entusiasmada…y no quiero hacerte daño…esa es la verdad…eres una mujer encantadora y sé que encontrarás a alguien que te haga feliz…pero en este momento no creo ser yo.

- Y tú crees que si yo en este momento quisiera a alguien en mi vida, no lo hubiera buscado???....Se me cruzan muchos en el camino…pero en este momento de mi vida también estoy como tú….no quiero nada.

Vaya, que rollo le he soltado, pensaba Marina…esto no se lo cree ni mi madre…..ni yo…pero que le digo….que me muero por él?….que lo quiero?…y que además es un tontolaba por no darse cuenta de lo que siento y por decirme todo esto…so capulloooo….porque para que te quede claro….el que pierde eres tú…..porque no encontrarás a otra como yo….mis padres me hicieron y rompieron el molde,…¿por qué siempre se me cruzan tíos que no quieren nada?...esto es un karma en mi vida.

 Para cambiar de conversación y resistirse a los impulsos que le dieron de ahorcarle y de decirle que se diera cuenta que ella lo quería y quería estar con él, le dijo:

- Vamos a tomar café…ya está listo, - dijo con su mejor sonrisa.

- Vale preciosa, - contestó él levantándose.

Tomaron café y no hablaron más del tema, no lo hicieron porque ella no se lo permitió y cambiaba de un tema a otro y él no quería que ella se diera cuenta que todo eso era por miedo, que ella le gustaba y mucho, pero que sentía un miedo terrible a enamorarse otra vez y que no funcionara, soy un tipo fuerte pensaba, que sé lo que quiero, y se lo repetía una y otra vez como para convencerse y no quiero en este momento sufrir, noooo, no quiero..y si sigo con ella me enamoraré como un tonto….es mejor así, ella me olvidará…y yo si no la veo más, también….y ya está…que gilipollas soy!!!.

Cuando terminaron el café, reían y bromeaban, pero los dos sabían que quizás ese fuera el último día que estarían juntos.

Continuará….

17 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(VI)



Pasaron unos días y Marina no tenía noticias de Juan Francisco. No lo encontraba en la red social conectado, ni tampoco en el MSN, se preguntaba que le pasaría, no se animaba a llamarle por teléfono porque no quería molestarle, pero estaba intranquila, se había sentido muy a gusto con él y quería volver a verle y no entendía el porqué de su silencio.

Esa noche cuando se conectó a la red social y exploraba los blogs escritos, encontró uno de Juan Francisco en el que informaba a sus contactos que estaba muy liado con su trabajo y que debía atender determinadas cosas, que si bien no se despedía, estaría un poco alejado del mundo virtual.

Pero bueno, ¿qué es esto?, no entiendo nada pensaba Marina. Primero silencio y luego eso. Sería por ella? No, no lo creía, porque además le había dicho después de su encuentro que se volverían a ver, lo que no había dicho era cuando. Él parecía un hombre sincero que no mentiría en cuanto a eso, si no quisiera verla, se lo hubiera dicho, o quizás no, porque a algunos se les da por pensar que es mejor poner excusas y dejar pasar el tiempo antes de decir que fuiste solo un polvo y nada más. Bueno, Marina, no pienses en eso ahora, no creo que él me considere así. Ya dará señales de vida.

En esos pensamientos estaba, cuando vio que Juan Francisco se conectaba al MSN, y la saludó.

Juan dijo:
Hola preciosa

Marina dijo:
¿Cómo estás, Perdido?

Juan dijo:
Jajajaja….pues si…me he perdido un poco últimamente…sé que debí dar señales de vida, pero estuve un poco liadillo en el curro.

Marina dijo:
Vale…no pasa nada…pero me tenías un poco preocupada…sin noticias tuyas…sin que dieras señales.

Juan dijo:
Bueno, podrías haberme llamado por teléfono.

Marina dijo:
Ya, si, lo sé. Pero no me gusta molestar con llamadas….no sé…llamo si es absolutamente necesario. Y como decías que estabas liado, no quería molestarte.

Juan dijo:
- Es que tú no molestas, guapa. Te diré que me hubiera gustado escuchar tu voz.

Marina dijo:
- Bien..me alegra saber eso.

Juan dijo:
- Claro…somos amigos..no??

Amigos??? se preguntó para si Marina. Bueno,si, es verdad, pero esa palabra era justo la que no quería ver…amigos!!!….vale, lo eran, pero le hubiera gustado ver que él le dijera otra cosa, ...no sé….en realidad ella veía que él era algo más para ella. Bueno, guapa, no te amargues y contéstale.

Marina dijo:
Si…claro.

Eso digitaron sus dedos rápidamente y su corazón dio un vuelco.Eso te pasa por dejar volar esa cabecita loca junto con las mariposas. Si Ale te lo dijo, “no te entusiasmes”. Bueno, vamos a ver qué me dice.

Juan dijo:
Oye…que tal si quedamos para un café mañana…realmente me encantaría verte.

Qué le digo??? pensaba Marina. Tengo ganas de verle, pero con esto de “amigos”, no sé. Además seguramente terminaremos en casa, enredados en la cama, porque no puedo resistirme. El plan no está mal, pero no quiero que sea solo eso, quiero tener con él algo más. Pero no puedo decirle que no. ¿Por qué me pasa que con él pierdo el control?.

Marina dijo:
Bien….perfecto….nos vemos en la misma cafetería que el otro día???

Juan dijo:
Bueno, yo pensaba que me invitarías a tomar café en tu casa???.

Marina dijo:
Jajaja…bueno…puede ser.....si…a qué hora vienes?….así te espero con el café listo.

Juan dijo:
Bien…después de comer te parece???…es que trabajo hasta las 3 y media, …en cuanto salga voy para tu casa.

Marina dijo:
Vale…te esperaré…mañana por la tarde no trabajo y llego temprano a casa.

Juan dijo:
Un beso guapa…nos vemos mañana.

Marina dijo:
Otro para ti Juan….nos vemos.

Continuará….