29 abr. 2010

ATADO A UN SENTIMIENTO (IV)


Julio pensaba en contestarle a Noelia apenas leyó su mensaje, pero se contuvo. Primero quería ver el perfil de la chica antes de escribirle, además, se preguntaba ¿qué le escribo?, bueno, ya se me ocurrirá algo, se dijo mientras pinchaba en su foto.

Así fue que llegó a una página muy bonita que nunca había visitado, en tonos azules y verdes, le hacía recordar a los verdes prados con los que a veces soñaba. Tenía algunas fotos de paisajes, de amaneceres y atardeceres, de ella, en algunas estaba sola y en otras con sus amigas y amigos. Se la veía muy sonriente en todas y era muy guapa, morena y de ojos grandes. Según leyó tenía 32 años y vivía en su misma ciudad. También leyó algunos poemas que Noelia tenía publicados, los que le parecieron bastante buenos y algunas historias en las que decía contaba cosas que le pasaban. Sus amigos y amigas le comentaban y la saludaban.

Le pareció que el de Noelia era un perfil auténtico, muy agradable, como esperaba que fuera ella, así que se dispuso a contestarle:

“Hola Noelia. Muchas gracias por escribirme e interesarte por mí. Hace poco que estoy en esta red social y mucha actividad no tengo. Entro cuando puedo y de vez en cuando escribo algo y también comento, pero no había visto hasta hoy tus poemas que me han parecido muy interesantes, con mucha sensibilidad. Espero que sigamos en contacto. Un beso. Julio”

Y le dio a enviar. Ahora a esperar que ella le contestara. Ya había dado el primer paso y esperaba que no fuera el último.

A los dos días encontró un nuevo mensaje de Noelia:

“Hola Julio, gracias por contestar y también por comentar en mis poemas. De vez en cuando me surge la inspiración y escribo, pero no siempre sucede así.

Por mi parte he leído alguno de los post que has publicado y me gustan. Te expresas muy bien. No sé si estoy en lo cierto, pero noto cierta melancolía en lo que escribes, algo de tristeza y un poco de nostalgia. Quisiera decirte que eso pasará y volverá a brillar la luz del sol, pero quien lo sabe?, quién puede asegurarlo?. Tiempo al tiempo, que este todo lo arregla, a veces no como nosotros quisiéramos, pero tranquilo, lo que hoy nos parece catastrófico, mañana no lo será tanto.

No sé si con esto te ayudo o te entristezco más, apenas te conozco, pero espero que esto sea el comienzo de una bonita amistad.

Si quieres hablar con alguien ya sabes dónde estoy. Un beso. Noelia”.

Por lo que decía en sus correos, Julio notaba que Noelia era una chica sincera, con la que comenzó a empatizar casi inmediatamente.

Los correos de ella se sucedían, siempre tenía una palabra de aliento para él y se interesaba por lo que Julio le contaba. Noelia también comentaba en su blog, lo que él agradecía profundamente y así otras personas se fueron animando y entraban en el blog de él y comentaban, además de enviarle mensajes que él contestaba sonriente.

Esto está dando resultado, se decía. Has pasado de no tener ningún amigo, de estar y sentirme solo, a tener 5 amigas que son muy buenas personas, con las que me comunico, intercambio ideas, puedo decirles como me siento. Es una pena que algunas estén lejos, pero por lo menos a través de internet estamos en contacto.

Un día se le ocurrió decirle a Noelia de tomar un café. Hacía ya casi un mes que se habían conocido por internet y hablaban casi todas las noches por el MSN, pero a él le picaba el gusanillo de conocerla. Le dijo que lo había estado pensando y ya que vivían en la misma ciudad, ¿por qué no conocerse personalmente y seguir compartiendo esas interesantes conversaciones que tenían, pero frente a un café?. Ella le dijo que ese día no podía, pero que estaría encantada de tomar un café con él.

Julio se había hecho ilusiones de conocer a su amiga, pero aceptó con resignación ese “no, pero en otro momento sí” que le había dicho Noelia.

No pasa nada se dijo, otra vez será, estoy acostumbrado a las esperas y a los rechazos, aunque éste no lo sea del todo.

Continuará…


27 abr. 2010

ATADO A UN SENTIMIENTO (III)


La conversación se dilató en el tiempo más de lo que Julio podía esperar. Silvia se tomaba su tiempo, quizás para pensarlo mejor. Dos semanas estuvo paseando por Andalucía sin decirle a Julio cuando regresaría verdaderamente. Cuando él la llamaba le contestaba con evasivas, que mañana, que pasado, que no lo sé, que estoy muy bien por aquí, que mañana me voy a Sevilla y luego a ver la Alhambra a Granada, dejándolo a él ansioso y sin poder decirle cuanto la quería.

Hasta que el día D llegó, Silvia le llamó al trabajo, ya había regresado y pasaría por él para hablar.

Julio la invitó a almorzar y la llevó al restaurante que a ella más le agradaba. Quizás ese ambiente suavizara la situación y amansara los ánimos, pensaba.

Pero no dio resultado, Silvia prácticamente no le dejó hablar. Resumió muy bien la situación en la que se encontraban, le dijo además que en esos días de viaje había estado pensando, preguntándose qué sentía y había llegado a la conclusión que ya no le quería, que no se sentía bien a su lado, y que era mejor separarse.

A Julio se le llenaron los ojos de lágrimas pero hizo el esfuerzo para no llorar. Escuchaba a Silvia atentamente y a la vez su cerebro repetía la quieres, díselo, ¡vamos hombre!. Pero no pudo hacerlo, solo articuló, lo siento Silvia, lo siento mucho. Siento que hayamos llegado a esta situación por mi culpa. Desde que nos conocimos creía haber planificado todo milimétricamente para que siempre te sintieras bien a mi lado y fuéramos felices. Siento mucho que en este momento no lo seas. Te he fallado y lo sé. Si quieres separarte lo acepto, le dijo con voz de derrota.

Terminaron de almorzar casi en silencio y solo un nos vemos por parte de ella fue la despedida, porque a Julio se le atragantaban los te quiero y los adioses y no podía siquiera respirar.

Habían acordado que ella se quedaría en el piso de ambos y él buscaría donde vivir.

En una semana estaba instalado en un piso de alquiler de dos dormitorios en el centro de la ciudad, alejado del piso donde había quedado Silvia y todo su amor.

Instalado era un decir, porque todas sus cosas estaban en cajas y no tenía ganas de desembalar nada. Solo había acomodado parte de su ropa en los armarios, algunos de sus libros en la biblioteca y casi toda su colección de CD’s de música.

Así comenzó su vida de “soltero”. Iba al supermercado los fines de semana y compraba comida congelada variada. Apenas sabía hacer patatas fritas y huevo frito y esa no era comida para todos los días pensaba, me tengo que cuidar un poco, no es cuestión que me suba el colesterol o me enferme.

Hacía la colada los sábados y planchaba sus camisas los domingos. Algún que otro fin de semana salía con sus amigos, aunque todos estaban casados y casi no les veía. Trataba de mantenerse en forma haciendo algo de ejercicio en el gimnasio y salía a caminar, escuchando alguna canción en su MP3 que indefectiblemente le hacían pensar en Silvia.

Los días de la semana se mantenía ocupado y transcurrían como si nada, llegaba ya entrada la noche a su casa después de trabajar, se preparaba algo para cenar y se sentaba en el sofá a leer o mirar un rato la TV antes de ir a dormir.

Dormir?, eso quisiera se decía cuando llegaban las tres y las cuatro de la mañana y no había pegado ojo. No dormía prácticamente nada y cuando lo conseguía soñaba con Silvia y un verde prado. Al despertar pensaba que debía llamar a su psicoterapeuta para hablar de eso y de la angustia que sentía.

Su médico le recomendaba que se mantuviera activo, que leyera, que estudiara algo nuevo, que saliera, que buscara nuevas amistades. Así fue que se puso a estudiar su segunda carrera universitaria.

A pesar de buscar nuevas actividades, cuando su cabeza se ponía a pensar, siempre llegaba a la misma conclusión, se sentía solo, muy solo y no veía manera de salir de esa brecha en la que se encontraba. Ya hacían casi 10 meses de su separación y no dejaba de pensar en Silvia, en lo que hizo, en lo que no hizo, en lo que debió hacer, muchas cosas que vivían dando vueltas en su mente que siempre iba por libre y en el momento menos pensado, plaafff, su neurona recordaba algo que lo hundía en una total melancolía.

De vez en cuando llamaba a Silvia, aunque notaba que ella no le prestaba demasiada atención, que lo trataba como si fuera un amigo y nada más, hasta llegó a pensar que ella le atendía por puro compromiso.

Uno de sus amigos un día le dijo que se anotara a clases de baile y otro le sugirió inscribirse a una red social de internet. Entre bailar y conocer gente por internet, pensó que la última posibilidad era la mejor, porque se sentía y se veía bailando peor que un árbol sin gracia y para pasar papelones en ese momento no estaba.

Su nick en la red social: solitario35. Entraba todos los días, recorría algunos perfiles, a veces opinaba en algún tema, comentaba algún blog, jugaba en la sección de juegos, de vez en cuando escribía algo, pero aún amigos no hacía. No sabía si era por algo que decía o que no hacía, pero nadie le dejaba comentarios ni visitaban su perfil. Ya llegará, se decía, algún día alguien entrará a mi perfil, solo tengo que esperar, cosa que sé hacer, pero espero que sea pronto, porque sino viviré acompañado de mi soledad únicamente.

Hasta que al entrar el domingo por la noche, vio que alguien le había dejado un mensaje, siiii…por fin!!!, exclamó. Titilaba el número 1 en su bandeja de entrada. Esperaba que no fuera de alguno de los moderadores, pero nooo… era de una chica llamada Noelia que le decía que le había gustado su perfil, aunque estaba algo incompleto y le dejaba su dirección de correo para que él pudiera contactar con ella.

Una sonrisa de alegría asomó en su cara, después de mucho tiempo alguien se fijaba en él, ya no era invisible.

Continuará…



26 abr. 2010

ATADO A UN SENTIMIENTO (II)


Julio no podía concentrarse en su trabajo, y lo único que deseaba era regresar a su casa y hablar con Silvia, pero a la vez tenía miedo, miedo de que ella siguiera pensando igual, que quisiera separarse, él no quería perderla, estaba dispuesto a todo por recuperar a la mujer que amaba.

Sonó su teléfono. Era Silvia y su cara se iluminó con una sonrisa cuando le contestó:

- Hola mi amor, ¿cómo estás?

- Hola Julio, ¿qué tal? escuchó decir a Silvia con voz apagada.

- Bien, ahora muy bien, ¡qué gusto escuchar tu voz! contestó Julio muy contento.

- Aaahh!, vale, dijo Silvia sorprendida por tanta efusividad. Te he llamado para decirte que me voy unos días a Córdoba con una amiga para descansar, ¿cuándo regresas?.

Julio escuchó a Silvia y se derrumbó. Él esperaba hablar con ella en cuanto regresara, pero si ella se iba de viaje, la conversación se dilataba. Pensaba que Silvia no quería hablar con él, ese viaje apresurado a otra ciudad le parecía más una huída que un viaje de placer. No quiso insistir ni tampoco discutir, ya hablarían cuando estuvieran juntos otra vez, así que le contestó:

- Regreso pasado mañana, pero no te preocupes, disfruta de tu viaje. Te llamaré cuando llegue a casa.

- Bien. Supongo que me quedaré una semana por allí. Hablamos, vale, dijo Silvia

- Si, claro. Te llamo. Un besillo, pásatelo bien, dijo Julio muy desilusionado.

- Gracias, un beso, dijo Silvia apresuradamente y cortó la llamada.

Julio se recostó en la cama de la habitación del hotel. Sabía que esa noche no podría dormir. No tenía ni idea como afrontar la conversación con Silvia. Esperaba que al decirle que la amaba, que no quería perderla y además que estaba dispuesto a intentarlo diera resultado.

Continuará…

25 abr. 2010

ATADO A UN SENTIMIENTO (I)


Julio era un hombre muy educado, un caballero, con dos carreras universitarias, un excelente trabajo que le facilitaba una vida desahogada pero con la tristeza y la angustia insertados en su corazón.

Sus mejores amigos, pocos pero de ley, le preguntaban qué le ocurría y él invariablemente les contestaba, nada, solo ésta maldita soledad que me acompaña, al final terminaré por acostumbrarme a ella.

Pero no, no quería eso, se resistía a ello, quería estar con alguien, compartir su tiempo y sus sentimientos. Hacía tanto tiempo que estaba solo que ya no sabía lo que era compartir la cama, el sofá, el periódico, el baño y quedarse por la mañana los fines de semana en la cama disfrutando de las caricias, de los besos, de la pasión de unos brazos amantes.

Se preguntaba cómo había llegado a ese momento en su vida, lo había tenido todo, una carrera promisoria, un trabajo que deslumbraba a cualquiera, una novia increíblemente guapa, con la que se casó casi al año de conocerse.

En cuanto al trabajo le había ido genial, en los últimos 5 años había trabajado mucho y no se podía quejar. Últimamente se desempeñaba como Director de una de las multinacionales mejor posicionadas en su ramo en el país. No cualquiera puede lograr eso a tu edad, le decían sus amigos y le palmeaban la espalda. Y se sentía fenomenal, con 35 años había llegado a donde muy pocos y esperaba seguir avanzando por sus méritos, porque había trabajado duro y no bajaba los brazos nunca.

Bueno, si, los había bajado con respecto a Silvia. Los primeros meses de casados todo era color de rosa, la vida les sonreía, eran una pareja que se compenetraba casi telepáticamente, se entendían maravillosamente en todos los aspectos. Eran felices y lo demostraban en todo momento. Ella trabajaba de profesora de inglés en un colegio privado, así que cuando él llegaba de su trabajo, ya tenía la cena preparada, y los mimos y caricias que le ayudaban a recuperarse de la larga jornada laboral.

Todo transcurría según lo planificado por él en sus pensamientos. En la semana, la rutina del trabajo lo absorbía, cuando llegaba a casa encontraba ese remanso de paz y tranquilidad que le proporcionaba Silvia. Los fines de semana los dedicaban a salir, visitar amigos, divertirse, ir al cine o perderse por algún lugar alejado y gozar el estar juntos.

Pero llegó el momento menos pensado por él y todo cambió, Silvia ya no le recibía igual cuando regresaba de trabajar, aunque la cena siempre estaba preparada, alguna de las noches debía cenar solo, porque ella se iba al gimnasio o preparaba sus clases y se iba a su escritorio, siempre tenía alguna nueva tarea que hacer.

Julio comenzó a sentir la ausencia de su mujer, sus mimos, sus caricias, también eso lo notaba en la cama y los fines de semana ya no quería salir con él como antes.

Algunas veces pensaba en eso, se preguntaba que le estaría pasando a Silvia, pero se decía que sería momentáneo, que quizás ella estaría agobiada por algo que no quería comentar con él, aunque se lo había preguntado y ella no decía nada, o contestaba con alguna excusa más o menos creíble.

En fin, pensaba Julio, yo también estoy agobiado por el curro, debe ser eso, se conformaba.

Y se fueron alejando cada vez más. A la noche en la cama, solo un beso y un hasta mañana. El contacto que tenían se daba en algún fin de semana que otro y porque él se ponía cariñoso, por parte de Silvia ya casi no había caricias, salvo cuando él la encendía, ahí sí que respondía y volvía a ser la mujer que él había conocido.

Después de eso, regresaba la calma, la paz y la tranquilidad de siempre, pero también las ausencias y el poco interés.

Hasta que un día Julio escuchó las palabras que no quería escuchar, Silvia le dijo: “tenemos que hablar”. Hasta ese minuto fatídico habían transcurrido 2 años, 8 meses y 25 días desde que se habían casado, de los cuales los últimos cuatro meses habían sido de una casi total separación.

Julio temió lo peor y no estaba errado. Silvia sin mucho preámbulo le dijo que ya no era feliz junto a él, se sentía sola, lo sentía distante, que ya no la atendía como antes, creía que su trabajo era el culpable de ese distanciamiento.

Julio trató de argumentar, pero Silvia a esa altura lo tenía claro, él le decía que no se apresurara con las decisiones, que lo pensara un poco más, pero ella dijo la palabra fatídica, “separación”, eso era lo que quería. Decía que había incompatibilidad de caracteres.

Y Julio no sabía qué hacer, amaba a Silvia, entendía que había algo que los había separado, pero pensaba que podían salvar su matrimonio, que podían intentarlo. Al final quedaron en pensarlo unos días. Ella se iría a la casa de su madre para poner en orden sus ideas y descansar de esa situación agobiante.

Él, mientras tanto, tenía que viajar por trabajo y quedaron de hablar nuevamente cuando regresara.

Continuará…

23 abr. 2010

EL INDIO TEHUELCHE QUE ME ENSEÑÓ A LEER

Hoy en España y en otros países, se celebra el Día Internacional del Libro, conmemoración de nivel internacional con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor.

La elección de éste día, procede de la coincidencia del fallecimiento de los escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616, aunque realmente no fuese en el mismo día, debido a que la fecha de Shakespeare corresponde al calendario juliano, ( 3 de mayo del calendario gregoriano) y que Cervantes falleció el 22, siendo enterrado el 23. También coincide con la fecha de nacimiento de William Wordsworth (1850) y fallecimiento de Josep Pla (1981).

La propuesta fue presentada por la Unión Internacional de Editores a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. El 15 de noviembre de 1995 la Conferencia general de UNESCO aprobó la propuesta en París, a partir de la cual el 23 de abril es el "Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor".

Fuente: WIKIPEDIA

De todo esto me he enterado hace 5 años cuando llegué aquí al ver como la gente se regalaba libros en este día, porque en Uruguay el Día del Libro se celebra el 26 de mayo, conmemorando la fundación de la Biblioteca Nacional.

Muchos de los blogs que sigo han elegido como tema del día homenajear a los libros y a la lectura.

Así recordé que cuando era pequeña, con apenas dos años, leía o eso era lo que creía hacer (porque en realidad inventaba) instalada en mi sillón de mimbre, las aventuras del indio Patoruzú , un cómics argentino del cual mi padre era asiduo lector, así como de otras historietas que él compraba en el kiosko y eran su lectura antes de dormir la siesta, junto con las Selecciones de Reader's Digest, de la cual tenía una colección enorme.

Ya con cuatro años y después de agotar la paciencia de mis padres con: “léeme esto”, “qué dice acá”, “dale…contáme”, o “eso no es lo que dice acá por la figurita…vos no me lees bien”, mi madre me enseñó a leer.

Fue así que aprendí a leer con las historias del indio Patoruzú que se hizo mi amigo inseparable durante muchos años.

Hoy en día leo todo lo que cae en mis manos…pero le guardo un cariño especial a ese indio valiente, porque gracias a él aprendí a leer.

UN MORDISCAZO SABROSÓN

CreatiBea del blog VINIVIDIVINVI me ha otorgado el premio "MORDISCAZO SANGRIENTO".



Junto con el premio debo decir la escena de terror literaria o cinematográfica que más me ha impactado.

No soy de libros de terror y menos de pelis pero alguna que otra he visto y la escena de película que más me ha marcado es:

La película Halloween 20 en la que el asesino Michael Myers se las arregla para encontrar a su hermana y aniquilar a todo el que se cruce en su camino.

He quedado helada de espanto al ver al asesino con su máscara blanca y con el cuchillo en la mano. Lo sé, lo sé, no es pa’ asustar mucho pero a mí me parece espeluznante.

Y ahora, le voy a dar mordiscos a:



Magdalena Barreto de Mi vida en retales

Sorry….espero que no os duelan mucho.

Besos.

22 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (V)


Mariana iba detrás de José, en su coche y ya iban llegando al piso donde él vivía, cuando de repente y sin avisar, él se detuvo unas calles antes de llegar, así que ella frenó detrás. Se bajó para saber si le pasaba algo y él hizo lo mismo. La abrazó fuertemente y la besó con calidez en los labios. Mariana se sorprendió y le preguntó ¿qué ha pasado?, ¿por qué te has detenido? José le contestó, tenía ganas de besarte, ¿espero que tú también?, y ya veo que sí, rió.

Siguieron rumbo al piso con la sonrisa dibujada en sus caras, cada uno en sus coches, pero deseando estar juntos para poder hablar y compartir ese momento.

Al traspasar la puerta del edificio, él le acarició tiernamente la cara y la abrazó otra vez. Se le notaba que estaba muy contento de verla, por fin la tenía otra vez en sus brazos. Siempre pensaba que el conocerla había sido como un milagro. Al principio habían sido encuentros para conversar, tomar un café y compartir opiniones de la vida diaria. Poco después, comenzó el acercamiento, un buen día al despedirse después de una charla muy agradable, él sintió el deseo de besarla y así lo hizo, sin cortarse, ella le devolvió el beso, sorprendida y encantada. Desde ese momento sus encuentros tenían charla y contacto. Cuando se besaban, algo muy especial sentían, era cariño, con una mezcla de deseo, ternura y pasión.

Subieron al ascensor y se abrazaron. Mariana le dijo, tenía muchas ganas de verte José, de veras. El lunes pasado la reunión duró 5 minutos, si hubiera sabido eso, te hubiera pedido que me esperaras y así nos veíamos.

- He estado pensando en ti desde el domingo, le contestó él.

- Y eso? ¿Por qué? le dijo Mariana.

- No lo sé, quizás me sentía un poco solo. Tú sabes cómo pienso. Pero a veces siento que me gustaría estar con alguien, compartir mis momentos. Este fin de semana me hubiera quedado solo y hubiera encontrado cosas para hacer, sin duda. Me hubiera ido a la montaña, o a la playa que aún hace buen tiempo con mi grupo de amigos. Pero esos momentos también los puedo compartir con alguien más cercano, aunque tampoco quiero estar con alguien por necesidad, para llenar un hueco, sino porque realmente quiero estar con esa persona, porque siento algo, porque me gusta su compañía. Y cada vez que esos pensamientos rondan mi cabeza, no sé porqué, pero pienso en ti. Será porque me siento muy bien a tu lado?. Tengo otras amigas con las que a veces salgo y tú lo sabes, pero es contigo con quien tengo más confianza, con quien me siento más a gusto, me tranquiliza mirarte, conversar contigo, compartir opiniones. Y a pesar de no vernos muy seguido, siempre estás ahí, te siento muy cercana a mí. Me siento muy a gusto contigo en todos los aspectos. Ella le contestó con un beso cálido en los labios.

Al entrar al piso, José la abrazó por detrás, le dio un beso en el cuello y la hizo girar para besarla en los labios y así siguieron besándose. Fue un beso intenso, que duró unos minutos, a ella le pareció que había durado una eternidad y quería seguir así entre sus brazos. ¡Qué bien se sentía pegadita a él!.

Se separaron un instante y Mariana avanzó hacía el salón. El ventanal estaba abierto y veía la ciudad toda iluminada. José vivía en una séptima planta en un edificio moderno en el centro de la ciudad y desde allí se divisaban las montañas. Ella había estado allí algunas veces y le encantaban esas vistas, esa noche había luna llena e iluminaba un cielo oscuro y estrellado, era una noche ideal, aunque esas vistas no se comparaban con las que ella tenía en su casa desde donde divisaba la mar.

Mientras Mariana miraba por el ventanal, José aprovechó para poner música, otro de sus pasatiempos, como los llamaba él, la música era una de las cosas que más le gustaban.

Se quedó parada allí viendo las luces de la ciudad y él se le acercó le cogió de la mano, le dio un beso en la mejilla y le dijo, tengo ganas de bailar, me haces el honor?, y la abrazó para comenzar bailar. Ella rió encantada. Otra de las cosas que le gustaban era bailar y más en tan buena compañía.




Mientras escuchaban a Phil Collins y bailaban, él la acariciaba dulcemente. Siguieron abrazados unos instantes al terminar la canción y él le dijo, te deseo, te deseo muchísimo. Y casi sin pensarlo y besándola comenzó a empujarla tiernamente hacia la puerta del dormitorio. Ella se dejó guiar por él.

- Te tengo ahora donde quería tenerte preciosa, le dijo.

- Y yo estoy donde quería estar….. entre tus brazos, guapo, solo entre tus brazos, le contestó ella.

La acercó hacia así y la abrazo fuertemente, ella apenas podía respirar, se ahogaba entre sus brazos, sentía todo su calor y su deseo. Se miraron entre beso y beso, siempre lo hacían y esas miradas escondían pasiones reprimidas que querían liberarse del todo, muchos sentimientos ocultos que no se animaban a decir, porque antes de hablar preferían besarse. Ya habría tiempo para decirse todo lo que querían, ahora dejaban que sus labios y sus manos expresaran esos sentimientos. Sentimientos a flor de piel, caricias, besos, mucha pasión. Sus manos se buscaban, se unían, sus cuerpos se atraían como imanes, se separaban por segundos, pero otra vez se abrazaban magnéticamente.

Mariana lo miró fijamente, excitada por los besos y caricias de él, aturdida por el silencio que solo era roto por la respiración de ambos y por los latidos de sus corazones, esos corazones que tenían tantas cosas que decirse pero que dudaban a la hora de entregarse completamente, pero que en realidad querían una nueva oportunidad para amar, para sentir, para latir al unísono.

Él con sus caricias le fue quitando lentamente la ropa y ella a su vez fue denudándole a él, aunque lo que más quería era desnudarle el alma para penetrar poquito a poco en ella, para llegar a lo más profundo de sus sentimientos y de sus pensamientos, porque al final comprendió lo que sentía por él en toda la inmensidad de sus sentimientos.

José la miró otra vez, la vio tan guapa, tan mujer, tan tierna, que se le escaparon dos palabras en un suave susurro, dos palabras que salieron de su corazón y que se le atragantaron en su boca, pero al final logró articular, acariciándola dulcemente, se las dijo lentamente, y al fin Mariana entendió lo que él le decía, rompiendo el silencio con esas dos palabras que él le repitió para que se disiparan todas las dudas: “Te amo”, le dijo.

Ella se deja llevar por la emoción, por la pasión, por todos esos sentimientos que guardaba celosamente bajo cuatro llaves en su corazón y logró decirle: “Yo también te amo” y lo abrazó con el corazón y con el alma.

Desde ese momento todo fueron caricias, besos, entrega y pasión, dejando que solo hablaran sus corazones y todo el deseo que encerraban, dejando paso a que los suspiros fueran nuevamente los protagonistas de la situación.

Ya exhaustos y abrazados no se hablaban, solo se miraban tiernamente.

Al final Mariana le besó en los labios y en un susurro le dijo,

- El otoño se ha marchado ya y el calor del verano abriga nuestros corazones otra vez. Espero que siga allí y no se marche nunca.

Y José le contestó abrazándola, claro que si guapa, claro que si, así será.

FIN.


A LOS 42


Hoy el post me lo dedico y disculpen que corte la historia de Otoño, pero es mi cumpleaños y aunque no tengo ganas de festejarlo - cosa rara porque siempre me han gustado los festejos - este año solo me haré este pequeño homenaje.

Cuando llegué a los 40, pasó de todo en mi vida, cosas muy removedoras pero que al final me hicieron aprender a ver la vida tal cual es.

Así que a los “ponchazos” aprendí algunas cosas, entre ellas a no quedarme callada y a decir las cosas como son, lo que pienso y lo que siento, aunque antes también lo hacía, pero lo hacía tímidamente.

Antes buscaba agradar a todo el mundo, pero al final aprendí que era un gasto de energía innecesario, que es mejor mostrarnos tal cual somos, que cada uno es como es, que habrá cosas que nos gusten de los demás y otras que no y a los demás les encantará como somos o no…para gustos los colores, dicen.

Aprendí a esta edad a expresar mis sentimientos, a decir te quiero sin cortarme un pelo, aunque a veces sabía que no iba a ser correspondida, porque la “cuarentena”, en mi caso, vino acompañada de una verborrea y una insolencia educada que antes no tenía.

Aprendí que no se puede forzar determinadas situaciones y es mejor esperar, pero sin desesperar y si eso ocurre, pues como decía mi madre “paciencia y tomar quina, la mejor medicina”.

Aprendí que no hay que perder las oportunidades que se presentan en la vida, hablo de las buenas oportunidades, y hay que tirarse al agua, porque si lo hacemos con cuidado no nos daremos la cabeza contra el trampolín.

Aprendí a la fuerza a aceptar un rechazo pero también a seguir peleando por lo que quiero, porque hasta no romperme la cabeza contra la pared no paro, como siempre.

Aprendí también que lo que vivimos hay que vivirlo, aunque a veces nos traiga sufrimiento y dolor, pero hay que buscarle la vuelta para que la lágrima no salga y que la sonrisa no se nos quede en mueca.

Aprendí que a pesar de los malos ratos, la vida continua, aunque a veces tengamos ganas de tirar la toalla, pero que al levantarnos al día siguiente otra vez nos toca ir al frente, cual soldado en la línea de batalla, siempre dispuestos a intentarlo una vez más.

Aprendí que aunque algunas personas estén lejos, están muy cerca de mí, y que solo basta descolgar el teléfono para sentirme acompañada.

Aprendí a tomarme las cosas con humor, aunque siempre lo había hecho, a reírme mucho más de mi misma y de lo tonta que puedo llegar a ser a veces.

Aprendí a insultarme cuando me lo merezco, porque también soy muy crítica conmigo, pero también aprendí a perdonarme cuando me equivoco y a lamerme las heridas solo lo necesario y no quedarme estancada en la compasión.

A los 42 estoy aprendiendo a priorizar, en realidad a priorizarme, a decirme eres importante por lo menos para una persona, para mí y tienes que cuidarte antes de pensar en cuidar a los demás como antes lo hacías, porque si no te cuidas, nadie lo hará por ti.

Aprendí que puedo vivir sola, pero que anhelo la compañía de unos brazos que me rodeen y me abracen con cariño.

Aprendí que el amor y la pasión tienen fecha de caducidad aunque me gusta pensar y engañarme a veces que puede durar toda la vida, pero no, el amor dura lo que dura, porque no es eterno.

A esta edad, aprendí a estar más tranquila, a tener un poco más de paciencia, a saber que las cosas llegan cuando tienen que llegar, que si se busca se puede encontrar, pero que si no se busca, también se encuentra.

Aprendí que si uno no arriesga no gana, que no siempre se consigue lo que uno quiere, pero también hay que seguir luchando, porque la vida no es fácil, no es un paseo en línea recta y que hay que ir a una velocidad adecuada disfrutando del camino.

A mis 42 me di cuenta que sola no puedo con todo, que no soy una super woman, que todo no lo sé y que no siempre tengo la razón.

A mis 42 digo que soy un bichillo malo, aunque una amiga me dice que soy una persona buena, en realidad aprendí que no somos tan malos como nos creemos ni tampoco tan buenos, todo depende de las circunstancias.

Aprendí a no tomarme las cosas catastróficas que me pasan a la tremenda, ni liarme por cosas que no valen la pena, a ser más resolutiva y a no darle miles de vueltas a las cosas y a no hablar y hablar porque cansa, ni buscarle la quinta pata al gato, porque no la tiene ..…y a relativizar, porque eso he aprendido, y cuando ya no me es posible relativizar las situaciones y me agobian mucho, hago borrón y cuenta nueva…..para poder ver la luz al final del túnel y saber que me estoy acercando cada día más a ella.

Aprendí a apreciar las pequeñas cosas que me regala la vida y a estar agradecida y a no dejar que nada ni nadie me borre la sonrisa de la cara.

Aprendí que aún me quedan muchas cosas por aprender y que muchas veces sé que no sé nada y por sobre todo aprendí que debo seguir luchando para estar siempre feliz y contenta.

Feliz cumple!!!!

21 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (IV)


Después de hablar con José, su cabeza no dejaba de pensar. No puede ser, no puede ser y no puede ser, se decía, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Qué repetida estoy, pero no lo puedo creer, después de tanto tiempo que no nos vemos, me llama y yoooo qué hago??? nada, me quedo como una tonta, como una pasmarota, diciéndole que no puedo verlo porque tengo una reunión. Joooerr…Mariana… al diablo con la reunión y el cliente, si yo lo que quería era verlo. Maldita responsabilidad la mía, te odio responsabilidad y que lo sepas, te ha quedado claro, verdad?. Fin de la transmisión.

Se abrió la puerta de su despacho y una cabeza asomó por el resquicio.

- Buenas tardes, dijo Mariana. Pase por favor y tome asiento Guillén.

- Buenas, aquí estamos, dijo el hombre tímidamente mientras se sentaba. Te aviso que no he podido traer los documentos que me has pedido, los tienen en la asesoría y no me los han dado hoy. Me han dicho que me los darán mañana, así que te los enviaré por fax en cuanto los reciba, sin falta.

La cara de Mariana se transformó y pensó: ¿para qué vino hasta aquí, entonces?, Podría haberme avisado que no tenía la documentación cuando me llamó por teléfono. Jooo….. ¿Para qué me he quedado aquí?. Para escucharle decir que me envía la documentación por fax mañana, madre de dios. Y además el proyecto no puede continuar sin esa documentación. ¡Jolines al cuadrado, cómo es la gente!. En fin, … no pasa nada, tranquila, ooooohhhmmm.

Trató de componer una semisonrisa y le dijo:

- Guillén, como Ud, comprenderá sin esa documentación no podemos seguir avanzando, la necesitamos para continuar, así que no se olvide por favor de enviármela a primera hora de la mañana.

- Si, si, no se preocupe, contestó Guillén y se levantó. La saludó con un hasta mañana y salió por la puerta del despacho rápidamente.

¿Y ahora qué guapa?, pensó, como diría mi madre, vestida y sin visita. Si es que podría haber salido antes sabiendo que esta reunión iba a durar un suspiro,…. no más de 5 minutos han sido y ¿para esto me he quedado? se decía. Ya no hay vuelta atrás, José debe estar bastante lejos y no le voy a llamar para hacerle regresar. Por lo visto seguiremos sin vernos por un tiempito más. Tengo ganas de verle, vaya que si, pero ¿cómo hacerlo si no nos podemos ver porque no coincidimos?. Bueno, no pasa nada, bonica, se animaba, tienes otras cosas que hacer, por lo pronto arregla los papeles que tienes sobre el escritorio que sino dentro de poco no podrás encontrar nada. Organízate y ya que estamos, un poco de música y me pongo a cantar mientras ordeno. A veces pienso que no se conforma quien no quiere.

La canción de Amaral, Como hablar, sonaba en Cadena 100. Esto no puede ser, ¿porqué la música me dice lo que estoy pensando?. Comenzó a cantarla, pero agradeció que terminara pronto y pasaran a una canción en inglés, así podía organizar sus pensamientos y seguir ordenando los documentos que tenía encima de su escritorio, Hablaba inglés medianamente bien, pero a pesar de saberlo, le costaba entender cuando cantaban, si es que tengo sordera musical idiomática decía a veces, lo peor es que con las canciones en español me pasa lo mismo, ¡qué desastre!, porque a algunos cantautores españoles tampoco les entendía bien, recordaba que cambiaba las letras de las canciones de Shakira, parece que tengo una patata en cada una de las orejas, pensaba y reía.

Llegaron las 7 y cogió su bolso, ya había terminado la jornada laboral, me voy a casa, por fin, pensaba. Como siempre hacía, miró en el móvil si tenía algún mensaje o llamada perdida que no hubiera escuchado. Los tiempos modernos decía, todo el mundo pendiente del móvil y cuando lo olvidamos o perdemos es una catástrofe nacional. Tenía un mensaje nuevo que decía: “Me hubiera gustado verte. Otra vez será. ¿Un café con trufas?. Un besillo”.

Sonrió, y volvió a leer el mensaje de José, ¡qué gracioso es!. Ese mensaje le daba la pauta que él tenía muchas, pero muchas ganas de verla, sobre todo por el detalle de las trufas. Otra vez será José, pensó y espero que sea pronto. Cuando llegue a casa le contestaré.

Llegó a su casa, se duchó y encendió la TV, pasaban CSI esa noche y quería verlo mientras cenaba su plato favorito, me lo merezco por haber tenido un día agitado, se dijo. Ver al guapo de Gil Grissom resolver los asesinatos uno tras otro la desconectaba.

La semana transcurrió sin grandes novedades, así que ese fin de semana podría disfrutar de paz y tranquilidad, era lo que deseaba.

El viernes a las 7 de la tarde, cuando salió del despacho se dijo ¡¡qué suerte al fin es viernes!!, este finde descansaré y veré que hago. Subió a su coche y pensó que en lugar de ir por la carretera de la costa iría por la autovía así evitaba los atascos. Cogió la salida de la autovía y encendió la radio, sonaba Seguridad Social con Quiero tener tu presencia.

quiero tener tu presencia
quiero que estés a mi lado
no quiero hablar del futuro
no quiero hablar del pasado

¡Qué razón tenía esa canción!, pensaba. A veces del pasado es mejor no hablar y el futuro no ha llegado, ¿para qué imaginarlo?. Vivimos la vida diciendo haré tal cosa o tal otra mañana, y cuando ese mañana llega, zaaasss!!! no hacemos lo que habíamos planificado. Es mejor vivir el presente, hay que hacer las cosas cuando se deben hacer si es posible, ya lo dice el dicho: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, hay que vivir, vivir el presente pensaba mientras seguía tarareando la canción.

La salida en la que tenía que girar para ir a su casa se acercaba, pero estaba tan ensimismada en sus pensamientos y en la canción, que se distrajo y no giró. Se dio cuenta cuando al observar el siguiente cartel decía que la próxima ciudad estaba a 150 km. Uuuppsss, esto es muy fuerte!!!, siempre me pasa lo mismo, que despistada soy. ¿Ahora qué hago?, ¿dónde giro? Aquí no puedo hacer un giro estilo Alonso. Girar en el pueblo siguiente, es una posibilidad, pensaba, pero ¿y si sigo de largo? se preguntaba. Pues venga, sigo, ya lo he decidido, son 150 km nada más, en 1 hora y media más o menos llego y le doy una sorpresa a José.

Era planificada y le asustaba la improvisación, pero a veces le pasaba que se despistaba y tenía que decidir rápidamente. Lo hacía casi sin pensar, impulsivamente, y al final, tenía que reconocerlo que era lo que mejor resultaba.

Al llegar, paró en la gasolinera de la entrada de la ciudad para poder llamarle.

- Hola preciosa, contestó José.

- Hola, ¿cómo estás?. No lo vas a poder creer!, pero estoy a 10 km de tu casa, en la gasolinera.

- ¡Qué bueno!. Has venido antes, no te esperaba hasta mañana, le dijo José

- No vas a creer lo que me ha pasado?, bueno en realidad si te lo creerás, como siempre mi maldito despiste ha hecho su aparición, le dijo divertida.

- ¿Qué te ha pasado?, río José.

- Me he pasado de la salida de la autovía cuando regresaba del trabajo a casa y al final decidí seguir y venir a verte. Llego en nada.

- Vale, que bien, contestó él sonriendo aún más. ¿No te perderás al llegar, verdad?, mira que tienes que girar en la segunda salida a la derecha.

- Si, vale, no me la compliques mucho, que puedo terminar en Bilbao.

- Jajaja, rió José, espera, quédate ahí mejor y voy a buscarte, así no te pierdes, le dijo.

- Vale, si mejor, agradeció Mariana. Porque entre el cansancio que tengo y la hora que es, lo más seguro es que erre otra vez la salida. Te espero aquí. Un beso.

- Un beso, preciosa, no tardo nada.

Mariana vio llegar a José en su coche blanco. Cada vez que se veían y le veía llegar, pensaba en la serie Verano Azul, cuando Pancho iba en su caballo blanco cabalgando por la playa en busca de Bea, ¡qué romántico y qué épocas aquellas!. Y que cursi que estoy, pensaba y se reía, pero al verle siempre se sentía así.

- Por fin nos vemos, ehh!!!, exclamó José en cuanto bajó del coche y la abrazó. Vamos sígueme, debes estar cansada, realmente me has sorprendido, pero es una muy linda sorpresa. ¿Y sabes qué? Mis hijos se han ido de camping y estoy solo en casa. Me iba a poner a hacer la cena, cuando has llamado, ahora la haremos juntos.

- Vale, le contestó ella y le dio un beso.

José se subió a su coche y ella hizo lo mismo pensando ¿cuánto hablaremos por fin esta noche, o no?, ¡quién sabe!.

Continuará…

20 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (III)



Sonó el despertador y José instintivamente hizo ademán de apagarlo, pero estaba tan cansado que no le atinó, así que el reloj siguió sonando, cosa que le hizo reaccionar. Vale, vale, sé que me tengo que levantar, ya está, basta con la escandalera le dijo al despertador, que por supuesto no le contestó. Venga, uno, dos y arriba, uno, dos y arriba, repetía. ¿Por qué estaré tan cansado esta mañana, si me he acostado más o menos temprano ayer?. No hay caso, los lunes tienen siempre eso, por más temprano que te acuestes el domingo, el lunes siempre cuesta levantarse.

Dirigió sus pasos hacia el baño, pero uno de sus hijos se le había adelantado. Vale, no pasa nada, tómate tu tiempo le dijo desde la puerta, voy a preparar café, su hijo nada contestó. Espero que salgas rápido le decía mientras se alejaba rumbo a la cocina, si es que este niño siempre me ocupa el baño los lunes por la mañana.

El café ya estaba listo, cuando su hijo salió del baño y con un adiós papá desde la puerta lo dejó con la taza en la mano. Vale, no pasa nada, dijo otra vez, me tomaré dos cafés, si es que los necesito.

Mientras se afeitaba repasaba lo que tenía que hacer esa mañana, esperaba que en el trabajo no le tocara ir demasiado lejos, no tenía ganas de pasarse todo el día conduciendo de acá para allá. También recordó su conversación con la anciana en el parque. Jaja, si es que la sabiduría de los ancianos es sorprendente, espero llegar a su edad con ese conocimiento, eso te lo dan los años vividos, sin duda, pensaba.

El recuerdo de la anciana y su amena charla le ubicaron otra vez en el pensamiento a su amiga, se preguntaba si aún querría verlo, si no la molestaría, porque hacía mucho que no se veían. Mariana en broma le decía a veces, que su próximo encuentro sería para el año 2015, y él reía por la ocurrencia y le contestaba, en realidad antes, seguro que mucho antes guapa. Pero aún no se habían dado las circunstancias de verse, o en realidad si, aunque él no había querido llamarla. Hacía poco que había pasado cerca de donde vivía ella, pero no la había llamado, después se decía, que tonto soy, si tenía ganas de verla, pero también las dudas se instalaban en su cabeza. Algunos días después cuando hablaban se lo comentaba, y siempre recibía la misma respuesta, Mariana le decía, si no me llamas, tú te lo pierdes.

Hacía poco le había dicho que pasaría por su casa a tomar café, pero se le hizo tarde y ni siquiera la llamó. Un poco más tarde, recibió un mensaje de ella que decía, te he esperado con trufas y café, pero como no has venido, te las has perdido guapo, porque me las estoy comiendo todas, jaja. Se tomaba todo con un humor increíble, aunque él sabía también que ella tenía carácter, pero siempre la veía tranquila, paciente, como si nada la molestara. Su tranquilidad lo fascinaba y estando con ella, también se tranquilizaba.

Al llegar al trabajo y mirar la pizarra con las tareas del día, vio que tenía que ir a un pueblo cercano a donde ella vivía, que casualidad se dijo. Pues bien, si termino temprano nos veremos, seguro que sí, espero que ella pueda, porque tiene unos horarios de trabajo tan extensos y algunas veces esa había sido la causa de que no se pudieran ver, si es que trabajas mucho le decía él.

Se subió al coche, eran casi las 9 de la mañana y puso rumbo al pueblo donde debía realizar las reparaciones, esperaba que ese trabajo no le llevara mucho tiempo. Y deseaba que nadie más le llamara, así podía tener un momento libre para ver a su amiga. Llegó al pueblo una hora y media después, contento por haber puesto buen tiempo en la autovía y además porque sabía que si las cosas se daban como él quería pasaría la tarde en buena compañía.

A mediodía observaba con desesperación todo el trabajo que le quedaba por terminar, esto no lo termino ni en tres horas, calculaba.

Eran prácticamente las 4 de la tarde cuando por fin ajustó la última máquina, bien se dijo, ahora la llamaré, tenía muchas ganas de verla.

Su teléfono sonaba, una, dos, tres veces. Mmmm, no me lo coge, ¿qué pasa?, lo intentaré de nuevo. Sigue sonando, una, dos veces. Ya, por fin!!!.

- Hola, contestó Mariana.

- Hola preciosa, ¿cómo estás?. ¿Sabes quién habla?, ¿aún me recuerdas? Jaja.

- Claro que si, ¿cómo estás, José? le responde Mariana con alegría.

Y la sonrisa se instaló en la cara de José al escucharla.

- Estoy cerca de ti, guapa, ¿si quieres nos vemos? ¿a qué hora sales del trabajo?

- Madre mía, es increíble, le contesta ella, hoy no puedo, me es imposible.

- ¿Por qué? ¿qué pasa? preguntó sorprendido José

- Estoy sumamente complicada y no puedo salir temprano hoy, si me hubieras avisado antes, quizás hubiera sido posible, pero me han puesto una reunión dentro de media hora con un cliente y ya viene en camino, me lo acaba de avisar.

- Vaya, que pena, dijo José un poco triste, pero …. ¿a qué hora calculas más o menos que puedes quedar libre? Porque si no demoras mucho en tu reunión, puedo esperarte y nos tomamos un café. Tengo ganas de verte, insistió José.

- No creo que pueda terminar temprano, tengo que ver muchas cosas con este cliente y además me trae documentación que necesito para continuar con el trabajo que le estamos haciendo, le contestó Mariana.

- Vale, no pasa nada, otra vez será, le dijo José un poco triste.

- Un besote grande guapetón, si puedo este fin de semana te aviso y voy por tu ciudad y almorzamos juntos, ¿te parece?. Ya te avisaré si puedo, porque últimamente planifico las cosas, pero luego se me destruye todo el plan y tengo que improvisar.

- Bien, ya quedaremos, dijo José. Avísame si vienes, así te espero. Otro beso para ti.

Bueno, lo había intentado, si es que a veces cuando necesitamos que las estrellas se crucen y ocurra un milagro este no se da por más que lo deseemos fervientemente. Otra vez será, se dijo, seguro que sí, porque tengo muchas ganas de verla y hablar con ella.

Continuará…




19 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (II)


Iba con mucha prisa conduciendo su coche por la carretera de la costa. Una curva y otra, ahora el túnel y ya le quedaba poco por llegar. Una buena amiga la había invitado a almorzar y llegaba tarde, como siempre. Al único lugar que llegaba temprano era a trabajar, su responsabilidad no le permitía llegar tarde nunca, siempre era la primera en la mañana y prácticamente la última en irse a la tarde. A veces pensaba que ese era el destino de su vida, ir a lo loco pero aún así llegar tarde, y eso se daba en casi todo, también en el amor, excepto, claro está, en el trabajo y en su carrera.

Le gustaba su trabajo, se sentía apoyada, era ardua la tarea, pero la hacía contenta. Hacía más de cinco años que trabajaba en esa empresa en donde ocupaba un buen puesto. Al principio le había costado coger el ritmo y no porque fuera muy rápido, sino porque era diferente, pero de a poco, se fue adaptando y consiguió también y en poco tiempo que el resto del personal se adaptara a ella y a su forma de trabajar.

Para amenizar el viaje y ordenar su cabeza que siempre iba a mil, encendió la radio. Sonaba una canción que nunca había escuchado, era pegadiza realmente y decía así:

Siento como tu mirada
se ha clavado en toda el alma
y tu voz que me susurra se aloja en mi locura
y me aleja de mis dudas
si me dejas que te quiera
yo te quiero a mi manera me acurruco
en tu sonrisa espere hoy la prisa
que mi corazón ya grita

Atentamente escuchó el estribillo, que se puso a tararear:

Déjate querer,
si no quieres
no quiere el destino
Déjate querer,
si no te tengo
tienes un amigo
Déjate querer,
y sueño contigo
Te llevo en mi piel


Uuuuyyyy, pensó, vaya letra la de ésta canción, parecía que el autor se hubiera basado en su vida para escribirla. Más de un hombre le había dicho lo mismo, déjate querer como decía el coro.

Y se había dejado querer, eso era verdad, pocas veces, eso sí, y había querido también, aunque esas relaciones no siempre habían tenido buenos resultados, pero no se quejaba y con algunos de esos hombres conservaba una linda amistad.

Cada vez que una relación se terminaba, pensaba que era una experiencia más y la había vivido y nadie podía quitarle lo bailado. La vida no es fácil y de vez en cuando la complicamos más aún, porque en el amor y en la vida no siempre se puede bailar con el más guapo. Se sonrió mientras pensaba eso, vaya filosofía tengo, pero en realidad debo pensar en lo que es importante y en las cosas que dependen de mí me va medianamente bien y estoy contenta, feliz y contenta siempre. El trabajo y su carrera profesional eran para ella su vida en ese momento, lo que le daba más satisfacciones y reconocimiento. Ya vendrá alguien que me dé vuelta el coco y me ponga el corazón a mil, pensaba, además no se sentía sola, se sentía muy a gusto con su vida y lo que había logrado y siempre aplicaba la máxima de los sistemas de calidad, la mejora continua, que graciosa soy, se decía, siempre aplicando cosas del trabajo a la vida diaria, si es que no puedo con mi condición, se decía moviendo la cabeza.

Pero su vida no solo giraba en el trabajo, porque si algo tenía claro es que tenía que desconectar para poder rendir y sentirse bien, así que hacía deporte cuando podía y su vida social no era para nada aburrida, porque salía y se divertía. Tenía amigos con quien compartía buenos momentos. Con sus amigas generalmente se iba de tapas, al cine y de vez en cuando alguna copita en algún pub porque le encantaba bailar. También tenía amigos que la invitaban a almorzar, tomar café y con algunos de ellos había tenido una relación más cercana.

De hecho en ese momento tenía un amigo especial, como le gustaba llamarle. Con José compartía buenos momentos de charla y encuentros agradables. Su amigo era un hombre muy interesante, con ideas claras y sonrisa cautivante, moreno y muy guapo. Desde que le conoció le había sorprendido por la forma en que pensaba. Cada vez que se veían él le preguntaba sonriente, que te gusta de mi? Y ella le contestaba casi siempre algo diferente, porque le descubría algo nuevo y atrayente. A veces le decía, me gusta tu sonrisa, otras le contestaba, la expresividad de tus ojos, algún día le había dicho que le gustaba su forma de pensar, otros le decía me gusta como late tu corazón, parece que lo hace al compás de una canción, aunque hoy está un poco frío, así que lo abrigaremos un poco y le daba un beso. Él también le decía, mmmm, me parece a mí que tú también tienes un poco de frío en el tuyo y le devolvía el beso. Le gustaba hablar con él, y esos ratitos de buena charla, se fueron haciendo cada vez más cercanos hasta compartir más que un café. Se sentía muy a gusto con él y sabía que a José le pasaba lo mismo. Lástima que vive algo lejos, cavilaba y nuestros encuentros no puedan tener la continuidad que me gustaría, pero no pasa nada, de todas formas estamos en contacto, para que están los teléfonos e internet, aunque no es lo mismo, pero para que más, cada uno tiene su vida, pensaba y se conformaba.

En eso pensaba cuando se iba acercando a la casa de su amiga, quien la esperaba en la puerta de su casa con cara de esperar mucho, diciéndole en cuanto estacionó: Jolines Mariana!!!. Tía, como siempre llegando tarde, ¡qué se me pasa el arroz!, ya sabes lo que es hacer paella.

Se rió y le dijo: Chiqui, no te enfades, ya estoy aquí y no sabes qué bonita canción he escuchado mientras venía, la busco en youtube y la escuchas, parece que la hayan escrito pensando en mí o este tío que la canta conoce mi vida, jaja, me hizo recordar a ya sabes quién, si es que la música tiene eso, te transporta a otro mundo. Y siguió pensando en José mientras buscaba la canción, ojalá pronto le viera, tenían muchas cosas de que hablar.

Continuará...


18 abr. 2010

OTOÑO EN EL CORAZÓN (I)


Se levantó temprano y preparó café. Le encantaba el aroma a café recién hecho, acompañado de unas tostadas con mermelada, ese sería su desayuno de domingo.

Escuchó atentamente, la casa estaba en silencio, parecía que estaba solo, sus hijos seguramente dormían, los había sentido llegar tarde en la noche.

Miró por la ventana, estaba soleado, aunque nunca se sabe, el tiempo en otoño es cambiante. ¿Qué puedo hacer hoy?, se preguntó, sería una buena idea salir a caminar por el parque. Aún quedan turistas en la ciudad y me divierte verlos pasear de aquí para allá sacando fotos con sus cámaras de última generación, también pasaré por el kiosko a comprar el periódico para leer sentado en el parque.

Son buenos planes para este día, se dijo y le apetecía además comer fuera, en algún bar de tapas, buen pescaíto frito y cerveza.

La última vez que había disfrutado de la misma comida había sido con una de sus “amigas”. Amigas con mayúscula en realidad, pensó, como a él le gustaba llamarlas, porque realmente sentía que lo eran. No tenía muchas amigas, pero las que tenía, eran mujeres seguras, activas, inteligentes, de mente abierta y con ideas claras. Las mujeres que disfrutan de su libertad son las que más me gustan, decía, con un toque de dulzura y por sobre todo cariñosas.

Desde su separación hacía casi dos años, había conocido muchas mujeres, alguna que otra había sido importante, pero ninguna relación duraba más de unos meses. Él siempre decía que aún no estaba preparado para vivir otra vez en pareja, ni tampoco se lo planteaba, se daba tiempo, es más, se sentía bien así, aunque a veces decía sentirse solo. Más de una de sus “amigas” había querido atraparlo, pero él huía, huía de cualquier situación que le complicara la vida. Una de ellas un día le dijo que él siempre hacía mutis por el foro cuando veía que las cosas se ponían serias por alguna de las dos partes, que era algo así como “agárrame si puedes”, cosa que lo hacía reír, porque se le dibujaba la imagen de él corriendo delante de un grupo de féminas persiguiéndolo. Otra de las veces le decía que él tenía el otoño instalado en su corazón, ni mucho frío ni mucho calor, digamos que templado pero con un jersey a mano para abrigarse de vez en cuando. ¡Qué graciosa y qué guapa es Mariana!, pensaba.

Mariana era una mujer con carácter, castaña, de ojos grandes, algo menuda pero de formas armoniosas, era una de sus mejores amigas y disfrutaba muchísimo de su compañía y de la complicidad que existía entre ellos.

Hacía mucho que no se veían, y realmente la echaba de menos, echaba de menos su conversación, tan agradable, tan inteligente, echaba de menos el compartir opiniones delante de un café y de vez en cuando estar juntos. Cuando se encontraban y se miraban, una sensación de electricidad le recorría toda su espalda y sentía una necesidad inmensa de abrazarla y besarla. Ninguna mujer le causaba esa sensación tan fuerte, la última vez que se habían visto, la había levantado al abrazarla como si levantara una pluma. ¿Sería aquello una señal?, él quería creer que no, en realidad se resistía a creer nada, seguir en la línea de su pensamiento, de su soledad y de su libertad para él era importante, pero de vez en cuando dudaba.

Mariana siempre le sorprendía, tenía un buen trabajo y él pensaba porque siendo ella tan guapa y tan inteligente estaba sola aún, porque era una mujer que tenía mucho que dar. Alguna que otra vez, tocaban ese tema y ella le decía como para no dar muchas explicaciones, porque nunca se me cruzó un hombre como tú en mi vida y lo dejaba sin palabras. Eso le hacía pensar que quizás ella sentía algo más que cariño de amiga por él y que consideraba esa relación más que una amistad profunda. También era cierto que cuando estaban juntos, saltaban chispas entre los dos, se compenetraban muy bien, otra de las cosas que lo hacían pensar, si él sentía cariño de amigo y deseo o algo más.

Cuando pasaba cerca de la casa de Mariana, si las tareas le llevaban a su ciudad, pensaba en llamarla y encontrarse, de vez en cuando lo hacía y lo pasaban en grande. Ella se veía feliz, feliz y contenta le decía que estaba siempre y parecía que nada ni nadie destruía su sonrisa. Pero también algunas veces pensaba que sería mejor alejarse un tiempo y seguir su camino, que era mejor tomar distancia, que ella necesitaba a su lado un hombre que estuviera por ella y para ella y no a alguien como él que no le ofrecía otra cosa que una amistad y algunos encuentros esporádicos, aunque ella nunca le pedía nada y siempre le decía que cuando no se sintiera a gusto con esa “amistad” se lo diría. Es verdad, que una vez le dijo que lo quería, pero también le dijo que ella se sentía bien con esa amistad, que solo quería que él lo supiera. Esas palabras lo tranquilizaban porque sabía que era una mujer adulta y sincera, que hablaría con él claramente llegado el momento, pero como le tenía tanto cariño no quería hacerle daño ni tampoco perderla como amiga.

Seguía pensando en ella mientras caminaba con el periódico bajo el brazo y se acercaba al parque. De lejos divisó una banca desocupada, pero mientras dirigía sus pasos hacía allí vio que la banca era ocupada por una anciana que se sentó donde él pensaba hacerlo. De todas formas la banca era grande, así que podría disfrutar de la lectura de su periódico en el otro extremo.

Al sentarse, observó que la anciana le miraba, así que la saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa amable. Ella le saludó a su vez, devolviéndole la sonrisa y diciéndole “lindo día joven, ¿qué tal?”. La expresión le causó gracia, joven le habían dicho, a él que rondaba casi los 45 y se sintió contento. En realidad se consideraba joven y se mantenía en forma haciendo ejercicio de vez en cuando y senderismo cuando podía. Sonrió aún más, veía las intenciones de la anciana de conversar y se dijo porque no, la sabiduría de los ancianos le parecía sorprendente y le encantaba. La anciana fue directa al grano cuando le preguntó en su siguiente frase, ¿Qué hace un hombre joven y guapo tan solo en un día bonito como éste?. Y sus pensamientos otra vez se dirigieron hacia Mariana y se prometió que la llamaría la próxima vez que pasara cerca de su casa para verla porque hace mucho que no nos vemos y quiero conversar con ella.

Continuará...


17 abr. 2010

MENTÍME QUE ME GUSTA!!!...(VII)



Álvaro pensaba, es la última vez que la llamo, tengo que curarme de este enganche, de esta cosa loca que siento cada vez que la veo. Me ha hecho tanto daño y yo como un idiota ando atrás todavía, ¿por qué? Y se contestaba: por qué soy tonto y no lo puedo remediar. Ella tiene un imán que me atrae y no me deja vivir, no hago otra cosa que pensar y pensar en ella. ¡No puedo seguir así!.

Tengo que ser fuerte, seguía pensando, esto no puede ser, estoy tirando mi matrimonio por la borda de este barco llamado Catalina, un barco de desesperanzas y mentiras, eso es ella. Mucha cara bonita, mucho maquillaje y ropa de moda, que además he comprado yo, pura superficialidad es, pero nada de sentimientos, adentro debe de estar vacía, su ser es como un agujero negro que todo lo engulle, se traga mi energía, mi voluntad, mis ganas de resistirla.

Solo me ha buscado como entretenimiento, como un pasatiempo, como la tabla de salvación que necesitaba para poder salir de su casa en donde dice que la agobiaban y no la dejaban hacer lo que ella quería. Claro, lo que ella quería hacer, pues nada, pasar de florcita todo el día con el ordenador a cuestas, chateando a diestra y siniestra con algún incauto que creyera en ella y que se fijara en sus fotos de sonrisa falsa y en sus jiji y jaja, como yo.

En ese juego entré hace tres meses y recién me he dado cuenta de cómo son las cosas, bendito o maldito viaje, pero ¿cómo se me ocurrió preguntarle cuándo regresábamos que significaba yo para ella? la respuesta me reventó en plena cara, pero me lo merezco, si además me lo veía venir.

Mentiras y más mentiras, pero la peor mentira fue la que me hice a mí mismo y todavía me hago…..pero se terminó, ahora sí que se terminó se dijo antes de romper su ordenador a martillazos y tirar el teléfono móvil por el water…..¡así corto con el cordón umbilical!, exclamó.

Abrió la puerta de su casa, brillaba el sol, hoy es el primer día del resto de mi vida, pensó y respiró hondo…se sentía mejor.



MENTÍME QUE ME GUSTA!!!...(VI)


“El que se va sin que lo echen, regresa sin que lo llamen”, buena frase pensó Noelia mientras leía el mensaje que Pedro le había enviado por sms.

Así que no la había borrado de su vida, como ella creía, por lo menos había conservado su número de móvil, vaya sorpresa, después de tanto tiempo, él le decía que quería hablar. Para qué sería? se preguntaba. Estaba tentada a contestarle, pero le haría esperar si podía, no era cosa de responder inmediatamente el mensaje. Y a su vez podía pensar que hacer y qué decir, sopesar todas las posibilidades.

Cuanto tiempo había transcurrido desde aquella noche en que él le dijo la misma frase que ahora aparecía en el sms, seis meses quizás, pero en ese momento ella sabía que todo se terminaría entre los dos, y así fue, en aquel bar entre montaditos y cerveza, él le dijo que debía pensar que hacer, como seguir, que no quería fracasar, no estaba seguro de nada, que quería estar solo unos días sin interferencias de ninguna clase, eso quería decir que no lo podía llamar hasta que él se comunicara. Noelia se levantó, su primer impulso fue dejarlo ahí sentado con sus dudas y sus indecisiones, pero luego recordó que había dejado su bolso en el coche de él, así que no se podía ir. Se sentó pero no tenía ganas de escucharle, él hablaba y hablaba pero ella no le escuchaba, lo único que quería era irse de allí y estar sola, para poder desahogarse, para poder gritar, llorar, patalear, pero a solas, no le gustaba que nadie la viera cuando lloraba. Al fin Pedro la llevó a su casa y se despidieron con un beso de cortesía, porque la situación era tirante.

Noelia tenía la esperanza de que él llamara pronto y le dijera “quiero seguir contigo”. Esperó dos, tres días y ninguna señal, tranquila pensaba, se lo está pensando, a no desesperar, lo que hemos vivido juntos es tan fuerte y tan bonito que él me llamara. Pero no lo hizo, a los cuatro días recibió un simple mail diciendo lo siento, lo nuestro fue bonito pero tengo dudas, hay otra persona que llena en este momento mi pensamiento y no sé si mi corazón y quiero intentarlo con ella.

Se derrumbó, no lo esperaba, se preguntaba que había pasado, eran preguntas que no iban a obtener respuesta porque había decidido no hablar más con él. Si él prefería a otra antes que a ella, no valía la pena insistir, era mejor olvidar.

Una noche un sueño la despertó, había soñado con él y una voz que le decía: “dentro de unos meses él regresará a ti”. Sobresaltada, se dijo, solo es un sueño, porque ya no le esperaba, él era una etapa superada en su vida, ni siquiera le recordaba.

Y ahora él, como tantas veces, estaba allí parado junto a su coche esperándola. Cuando Noelia salió de su casa, Pedro la miró sorprendido, ella estaba más guapa que seis meses atrás.

Esa noche, él no hizo otra cosa más que mirar cómo se movía, como hablaba y como bailaba, realmente la notaba cambiada, más bella, más mujer.

Cuando la dejó nuevamente en su casa, no sabía qué hacer, otra vez, las dudas, las malditas dudas lo asaltaban y lo hacían flaquear, así que le dijo: “te llamaré, nos veremos”.

Ella sabía que era la última vez que lo vería…y así fue.


15 abr. 2010

MENTÍME QUE ME GUSTA!!!...(V)



José María era un reconocido empresario, casado hacía 5 años con Manuela. Tenían dos hijos pequeños, Javier y Carolina, sus dos ojos derechos.

Su vida era estupenda, tenía una bella y buena mujer, que lo quería por sobre todo, dos hijos adorables y un negocio que iba de maravilla a pesar de la crisis que se vivía en el país.

Pero él no se sentía bien, le faltaba emoción en su vida, quería más, y no sabía bien qué, hasta que conoció a Adriana, una bailarina rumana, rubia y con unas curvas de vértigo, que le sorbió el seso y la billetera. La iba a ver al club donde ella trabajaba tantas veces como podía. Y luego la llevaba a su casa, en donde Adriana le volvía loco bailando la danza de los siete velos que él le quitaba uno a uno.

Al regresar a su casa casi de madrugada, le decía a Manuela que se despertaba al verlo llegar, que había salido a cenar con algún empresario que estaba justamente en la ciudad o que se había complicado algún proyecto en el que estaba inmerso desde hacía tiempo y había tenido que quedarse a solucionar los problemas. Siempre tenía la excusa perfecta y sabía que Manuela no sospechaba nada.

Una noche Adriana le hizo una escena de celos, que a él no le gustaban, pero a ella le perdonaba todo. La bailarina quería que él se quedara toda la noche, quería dormir acompañada, y le decía que se lo merecía por todo lo que hacía por él. No pudo decirle que no y se quedó. Ya pensaría en alguna excusa para decirle a su mujer, algo que fuera creíble, como siempre.

Manuela esperaba a su marido despierta. Eran las dos, las tres, las cuatro de la mañana, y él no regresaba a su lado. Al final el sueño la dominó y se durmió, la despertó el canto de los pájaros, miró el reloj de su mesa de noche, ya eran las 7, tanteó en la cama, pero el lugar de José María estaba vacío y se le llenaron los ojos de lágrimas. Había querido ocultar la verdad que ahora se confirmaba con esa ausencia en la cama.

Se levantó, se dio una ducha y preparó el desayuno para sus hijos y para ella. Los despertó, y los aprontó para llevarlos al colegio, como todas las mañanas. Aunque sabía que esa mañana era especial, había abierto los ojos y ya no aceptaría ninguna mentira más.

Cuando regresó a su casa, escribió este correo que envió a la cuenta de su marido en la empresa:

“Hola y adiós…. no es necesario que me des explicaciones….lo sé todo … mi abogado te llamará dentro de poco.

PD: Siempre te he querido y me será difícil olvidarte… pero no me merecía esto… sabes que me gusta la verdad y esperaba que me la dijeras...siempre esperé eso de ti…desde hace mucho tiempo.”


MENTÍME QUE ME GUSTA!!!...(IV)

Con un "Hola guapa" comenzaba el correo que recibió Ángela en su bandeja de entrada. Ese correo se lo enviaba Cristóbal y seguía así: " he visto tu perfil en facebook y tus fotos, ¡eres realmente encantadora!. En todas las fotos tu sonrisa irradia una luz especial. Realmente me encantan tus fotos y me encantas tú, pero más me encantaría conocerte personalmente…jeje.

Muy bonitas las fotos de tu casa también, con su jardín y esa estupenda piscina que tienes. Te imagino nadando en verano en ella o siendo la anfitriona atenta en alguna fiesta. Dices además que viajas mucho y a mí también me gusta viajar, quizás algún día podamos coincidir o viajar juntos a algún lugar remoto, alguna playa paradisíaca en que tú y yo podamos nadar y broncearnos, realmente que me encantaría.

Para comenzar a conocernos podemos quedar a tomar un café cuando tú quieras. Espero tu respuesta guapísima. Un besillo muy gordo. Cristóbal, tu admirador”.

Cuando Ángela terminó de leer el correo en el ordenador portátil del despacho de su patrón, se le cayó la fregona de las manos. Mmmm que bien, pensó, alguien quiere conocerme. Ha dado resultado el poner las fotos de la casa de María Luisa donde limpio martes y jueves, jajaja y las fotos de la piscina, éste ha picado. Vamos a ver que le contesto al tal Cristóbal.....



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“Hola Cristóbal”, leyó él en el correo que recibió de Ángela, …”en este momento no me encuentro en España, estoy de viaje de negocios en Singapur pero cuando regrese, te avisaré y así podré disfrutar de ese café y tu compañia. Un beso y nos vemos.

PD: También me han gustado tus fotos. Sobre todo en las que apareces sonriente....me recuerdas a alguien pero no sé a quién....eres muy guapo".