4 dic. 2010

SIN SONRISAS



Cuando se conocieron, sintieron que eran como dos piezas de relojería o de cualquier otra maquinaria porque encajaban a la perfección. Momentos compartidos intensos, charlas reveladoras, miles de sonrisas y canciones cantadas a viva voz, declarándose amor con los ojos.

A ella siempre le pareció que era capaz de leerle el pensamiento con solo mirarlo y  cuando le miraba de esa forma tan especial, él le sonreía tiernamente.

Pero a veces y a pesar que se esforzaba e insistía con mirarle con sus inquisitivas pupilas negras, no lograba comprender lo que él tan celosamente guardaba en su mente y se afanaba en ocultarle con una actitud aunque cariñosa, muy taciturna.

En esos momentos ella no sabía qué hacer, se ponía nerviosa por no entenderlo, trataba de bucear en la oscuridad buscando más allá, esperanzada en hallar un atisbo de luz. Pero la sensación que le quedaba era que el túnel era muy largo, muy negro, muy frío y no se animaba a caminar en medio de la nada y decidía esperar a que él le hablara o le explotara en la cara lo que no quería escuchar.

Él la miraba y esbozaba una sonrisa impenetrable, queriéndole decir que no se preocupara, que todo estaba bien, aunque bien sabía que no. Pero no era por ella, si bien le afectaría de igual manera.

No quería herirla, ni que ella sufriera, y así seguía con su actitud de sonrisa puesta, de proteger su interior, de distancia, de contarle lo mínimo, de quiero pero no puedo. A veces le decía que se sentía a gusto, que quería estar con ella, pero otras no podía, y no sabía bien por qué, aunque la quería.

Tardó en llegar, pero al fin, hubo un final. Ella se rindió a las charlas de decir y no decir nada, a los silencios, a los no puedo ahora, a los te llamo luego sin respuesta, a la sonrisa forzada, a la espera sin esperanza.

A pesar de todo, se sentía suya, pero él no le pertenecía y no quería seguir atisbando entre las tinieblas, esperando un mañana mejor que nunca llega. Necesitaba sus caricias, sus besos y sonrisas y no las muecas que últimamente veía día tras día y eso cuando las había.

Un día cualquiera y entre las lágrimas que arribaron a sus ojos, tuvo una revelación muy adentro en su corazón: “no puede querer quien no sabe cómo hacerlo”, pero no le culpaba por ello, sabía que él lo había intentado y ella también, pero se sentía cansada de tanto hacerlo sin resultado alguno.

Esperó una última llamada, un último encuentro para darle un último beso. No sabía si darle alguna explicación, pero le parecía que él ya lo suponía. De todas formas, sentía que era mejor decir algo más que un amargo y solitario adiós, y se lo debía por todos esos momentos de alegría que le había dado al principio cuando recién se conocían.

Después de su despedida, se sintió mejor por su sinceridad, se había quitado un peso de encima. Él la había mirado imperturbable y sin decir prácticamente nada, le dedicó una sonrisa que ella creyó era como un premio de consolación, pero era tarde, muy tarde ya.

Dicen que el tiempo todo lo cura y aunque el frío que sentía en su corazón era intenso, pensaba que no había nada que no curara una tierna y linda sonrisa que sabía algún día llegaría.


AVISO: Tengo la conexión a internet “escacharrá” (algo previsible al mudarme) y aunque están haciendo todo lo posible por solucionar el problema en poco tiempo, según me han dicho esta mañana, ya llevo tres días que no logro conectarme de una forma que me permita actualizar, contestar comentarios y leer vuestros blogs asiduamente…que estoy “medio conectá-medio desconectá”.
En cuanto la conexión regrese correctamente, me pondré al día….Gracias por estar ahí…Besos a todos.