20 dic. 2010

PERIPECIAS DE UNA CONDUCTORA DESPISTADA (X)

El llanero solitario al rescate

Estacionar era mi asignatura pendiente, sobre todo cuando había que hacerlo paralelo al bordillo de la acera, porque en batería no tengo problemas. 

Ahora me defiendo un poco más, pero el año pasado, hacer maniobras para estacionar era una verdadera lucha, pero lo que más me agobiaba y aún sigue haciéndolo, es buscar lugar para estacionar, sobre todo a las 7 u 8 de la tarde en cualquier zona de Almería. 

A esa hora es prácticamente imposible y sobre todo en zonas muy habitadas y sin parkings cercanos. Encontrar unos centímetros para estacionar, se convertía en toda una aventura de obstáculos.

Ya conté una vez, que cerca de donde vivía una amiga había un descampado y allí era donde siempre estacionaba cuando iba a su casa si no encontraba otro lugar donde estacionar.

Un día que fui a visitarla, vi que no había lugar para estacionar al lado de su casa, así que continúe rumbo al descampado y recorrí la calle entera para encontrar algún huequito, pero nada, todo ocupado también. 

Como no podía girar para regresar, llegué hasta el final de la calle, donde veía que habían puesto dos vallas con un cartel que decía “Prohibido estacionar por trabajos eléctricos”.

Me cachis!!!, dije y yo que pensaba dejar el coche allí porque era el único espacio disponible.

Así que tenía que girar y regresar por donde había venido. Al girar, noté que había una inmensa roca en el medio de mi camino, así que retrocedí, e intenté pasar por el costado de la misma, el espacio de maniobra era reducido, lo que me obligaba a dar marcha atrás y adelante varias veces, girando el volante, hasta que…..quedé atrapada entre el bordillo y la roca completamente y sin posibilidades por lo menos para mí de salir de allí.

Después de intentarlo algunos minutos más y sin suerte, había tirado la toalla y había decidido dejar el coche e irme, para cuando pudiera y con más calma, regresar y sacarlo de allí.

De repente vi que se acercaba un muchacho con ropa de trabajo y una botella de agua Bezoya debajo del brazo y con una sonrisa muy graciosa me dice, ¿quieres que te ayude?, ¿te saco el coche de allí?.

Realmente caído del cielo, porque por ahí no pasaba un alma y era la primer persona que veía en casi diez minutos que estaba luchando con la roca y mi coche, así que le contesté, “todo tuyo”, me bajé del coche, me subí en el asiento del copiloto y vi como en dos maniobras y sin mucho esfuerzo, el Corsa salía como por arte de magia de su prisión.

Me sentí aliviada y solo atiné a decirle gracias y hacerle adiós con la mano a mi llanero solitario rescatador cuando él continuó su camino a pie y yo seguí buscando donde aparcar, aunque se merecía un abrazo.

Cuando le conté a mi amiga lo que me había pasado, me preguntó, ¿le habrás pedido el número de teléfono, por supuesto?, le contesté que no, y me dice, serás soseta, ¿y quién te rescatará cuando estés en una situación similar?….pues nada....mmmmm..….si es que no estoy en lo que tengo que estar, le dije.