18 dic. 2010

PERIPECIAS DE UNA CONDUCTORA DESPISTADA (VIII)

El freno de mano

Lo que voy a contar aquí, de vez en cuando pasa cuando uno va con tres mil cosas en la cabeza y es despistada como yo...obviamente.

Una noche salí de la casa de una de mis amigas, que vivía en una zona un tanto regular de Almería. Había dejado el Corsa en un descampado, me subí, y tranqué las puertas. Nunca lo hago, pero como estaba en esa zona y era de noche, estaba preocupada, así que preferí encerrarme en el coche, por cualquier inconveniente. 

A continuación encendí las luces, me puse el cinturón y arranqué. Siempre sigo el mismo ritual, pero esta vez, noté que al coche le pasaba algo, pero no podía precisar bien que, así que seguí, 12 km hasta mi casa,........con el freno de mano sin quitar.

Y recién me di cuenta cuando llegaba a mi casa, porque al dejar la carretera tenía que subir una cuesta, y por supuesto el pobre Corsa no tiraba ni con su alma, ahí fue  que observé la luz encendida del freno de mano en el cuadro y lo quité.

Cuando estacioné en la puerta de mi casa, el olor a goma quemada era insoportable. Así que no bien entré, me conecté a internet para buscar información, porque si llamaba a alguien y  contaba lo que me había pasado, me iban a decir que más que despistada soy una atolondrada total.

La información era variada, desde que podía haber roto el freno de mano, hasta el embrague y no sé cuantas cosas más, pero me quedé con la recomendación que hacía un mecánico. Decía que era mejor seguir circulando, así que me subí al coche nuevamente a las 12 de la noche y conduje hasta el pueblo siguiente, 6 km de ida y otros 6 de vuelta, más o menos y con eso esperaba que el olor a goma quemada desapareciera, probando el freno además, para ver si funcionaba correctamente.

Por suerte, todo bien, el Corsa era de “fierro” y de ley, realmente, porque le había tocado en suerte aguantar a una despistada como yo.