17 dic. 2010

PERIPECIAS DE UNA CONDUCTORA DESPISTADA (VII)

Una noche de San Juan accidentada

Llegué por la tarde a mi casa, era 23 de junio de 2009, la esperada Noche de San Juan se aproximaba, la noche mágica, noche de compañerismo, amistad, barbacoa y deseos.

Me puse a preparar una de mis especialidades en la cocina, una empanada gallega, aunque diré que bastante simple, que compartiría con todos mis amigos en la playa del Zapillo.

Tenía que pasar a buscar a dos amigas que me esperaban en sus respectivas casas, así que pasé por ellas, y me dirigí hacia la playa.

Día de locos para ir en coche hasta la playa. El tráfico a las 8 de la tarde estaba más que caótico y me estaba poniendo nerviosa. Toques varios entre coches (el mío se iba salvando) con los consabidos disgustos. Seguí mi camino hacia la playa, mis amigas no paraban de darme indicaciones, ve por aquí, gira allá y eso que la que tiene carnet soy yo y no ellas, pero como decimos en mi país, todo el mundo se siente en algún momento director técnico, así que las dejé, aunque no les hacía mucho caso, además no contaba con fiso suficiente en el coche para taparles la boca y que se callaran. Anotación: la próxima vez que las lleve a algún lado, incluir entre los bártulos de viaje, además de comida, fiso, jeje.

Ya veía que iba a estar complicado el estacionamiento, iba mirando atentamente algún lugar donde estacionar, giré varias veces por diferentes calles y nada, ni 2 cm de estacionamiento para mi Corsita. Al tercer giro en una calle y detenida en un semáforo, veo que sale un poco de humo del capó de mi coche, pero no le di importancia, pensé que sería por el calor, que era mucho a esa hora. Un señor que cruzaba la calle, miró mi coche con cara de extrañado y a mí también me extrañó su actitud, pero seguí adelante.

No tenía muchas esperanzas de estacionar cuando vi que en un espacio abierto cerca de la playa había coches estacionados y una persona que indicaba los lugares para estacionar, así que me dirigí hacia allí. Observé nuevamente que salía humo de mi coche, que raro pensé. Al aparcar en el lugar indicado y apagar el coche, una humareda terrible salió, lo que nos hizo salir en estampida. Dios, pensé, me he quedado sin coche y esto qué es?. Un muchacho que estaba cerca me dijo, muy acertadamente, es un manguito, te debes de haber quedado sin agua, porque se te ha roto un manguito. ¿No has visto que el motor se recalentaba?, me preguntó, y sinceramente no me había fijado en eso, estaba tan nerviosa por el tránsito, mis amigas parlanchinas y el escaso estacionamiento, que no había tenido tiempo de fijarme si la aguja que indicaba la temperatura del motor se mantenía en una zona adecuada o iba llegando a zona roja. Eso me hizo pensar que podría haber roto el motor, que agobio, pobre Corsita, pero bueno, luego lo confirmaría en el taller.

Después de eso, llamadas al Seguro, esperar la grúa, mis amigas que no sabían qué hacer, que querían que me quedara en la playa con ellas y con el resto de la gente para poder disfrutar de la noche de San Juan, pero yo no tenía muchas ganas a esa altura, solo pensaba en como volver a casa, a esa hora y con el coche inutilizado.

Llegó la grúa y coordiné de dejar el coche en la puerta de mi casa, porque a las 10 de la noche ya no habría talleres mecánicos abiertos, además no sabía a cual llevarlo, aún no tenía ningún mecánico de cabecera, que son como los médicos, hay que elegirlos bien porque sino después te puede costar caro. Por el camino, veía otras grúas y el chofer de la grúa me dijo, esta noche además de mágica es de mucho trabajo, la mayoría de los coches terminan empantanados en la arena o con algo roto, vaya noche nos espera, me dijo, has hecho bien de llamarnos ahora y no más tarde.

Al día siguiente contacté con un mecánico, quien confirmó que era solamente un manguito roto, el depósito del agua vacío y nada más.

Aleluya, que alegría, tres días sin coche porque la búsqueda del manguito se complicó y al final mi Corsita operativo nuevamente.

De esto aprendí dos cosas, la primera, cada dos por tres mirar la aguja de la temperatura y la segunda, llevar agua destilada y anticongelante en el maletero por las dudas.