16 dic. 2010

PERIPECIAS DE UNA CONDUCTORA DESPISTADA (VI)

Primera excursión y primer bollo……y no de chocolate

Había llegado, por fin, el fin de semana y el buen tiempo. Era junio de 2009, casi verano.

Una de mis amigas supercontenta porque yo tenía coche me había dicho, ¿qué tal si vamos a recorrer las bellezas de Almería, Cabo de Gata y alrededores?. Yo que ya he estado allí algunas veces, sé que las vistas son espectaculares, me encanta todo el parque, así que digo, hoy excursión a Cabo de Gata.

Para empezar, diré que cada vez que he ido, me han llevado, y que cuando me llevan a algún lado, nunca pongo demasiada atención por donde voy, siempre voy cantando y mirando el paisaje. Así que esta era la primera vez que iba a ir conduciendo yo, sin saber bien por dónde, aunque iríamos hasta el pueblo con una amiga adelante en otro coche como guía y desde allí a la aventura, pero eso no me amilanaba, el mundo es de los arriesgados y como soy una kamikace ambulante, estaba decidido, Cabo de Gata nos esperaba.

Once de la mañana y mi amiga me esperaba cerca de su casa, porque vivía en una zona en donde las calles son angostas. Así que cuando pasé por ella, giré a la derecha y luego a la izquierda por una calle angosta, me puse algo nerviosa por los espejos del Corsa y las paredes que se nos acercaban peligrosamente, el coche estaba impecable y quería conservarlo así. Pensaba que por algún lugar tenía que salir rápidamente de esas calles tan angostas y giré en la primer calle a la derecha sin fijarme que era en dirección prohibida, me di cuenta 2 segundos después porque con el primer coche que me topé, fue con un coche de la policía local, que salió de la nada y venía en dirección a mí, menudo susto!!!. Traté de poner mi mejor cara de conductora desesperada, aunque a esa altura no me costaba nada y les dije cuando me pararon que estaba confundida, que sabía que estaba en dirección prohibida pero que no tenía idea de cómo salir de ahí, porque todas las calles por las que pasaba eran en dirección contraria, no había manera a mí entender. Los policías viendo mi desesperación y la de mi amiga que hablaba sin parar, amablemente me explicaron que tenía que girar en la siguiente calle a la derecha y luego a la derecha otra vez y saldría de ese laberinto. Además me perdonaron la multa, cosa que agradeceré toda mi vida.

Llegados al punto del segundo giro, era una calle angosta con coches estacionados en ambos sentidos de la calle, el espacio para realizar la maniobra era reducido y realmente me costó bastante. A su vez había un coche estacionado en la esquina, que se interpuso en mi camino, con mucha mala suerte, en la batalla el mío perdió su virginidad en cuanto a bollos y al otro coche no le pasó nada, salvo un raspón....¡qué mala pata!....pobre Corsa, ....pero bueno que le íbamos a hacer, gajes del oficio.

El resto del viaje sin más novedades y disfrutando del paisaje de Cabo de Gata y San José, que recomiendo, aunque eso sí, no se les ocurra ir con viento, porque quedarán masticando arena como nos pasó.

Para regresar me preocupaba como salir de San José, su preciosa calle principal tiene solo un sentido, así que para regresar a Almería, había que ir por otro lado, pero ¿por dónde?. De todo esto no hablé con mi amiga para que no se preocupara, pero lo había pensado durante tooooda la tarde.

Por suerte, siempre se me da por seguir a alguien y ese alguien va para donde voy, sino terminaría en la China como mínimo. Sin saber como también, llegué a la Autovía y con dirección a Almería, no sin antes tener que hacer un alto y un giro porque casi termino en Murcia. Al anochecer, al fin, llegábamos a Almería, sanas y salvas, contentas por el día vivido, con arena hasta en lo alto del copete, y un poco apenada por el Corsita que ya tenía su primer herida de guerra.