13 dic. 2010

PERIPECIAS DE UNA CONDUCTORA DESPISTADA (III)

Las clases de conducir (uuuff que agobio, y no para mí, sino para el instructor, jaja)

El hecho de no haber cogido un coche durante tanto tiempo me preocupaba, pero como soy una mujer valiente, me dije, cogeré unas clases y listo, conducir un coche es como andar en bicicleta, eso nunca se olvida y me lo repetía tratando de bucear en mi mente si realmente recordaría como hacerlo.

Hablé con el esposo de una compañera de trabajo que tiene una Autoescuela para que me reservara un lugar y así coger unas clases, esperaba que no muchas, porque sino el chiste de la compra del coche me iba a costar carísimo y con las crisis uno no puede estar derrochando dinero.

En mi primer clase, a fines de abril de 2009, conocí al instructor, un señor muy paciente, super amable, muy agradable, algo calvo, cuando le vi, pensé, este ha perdido el pelo por tantos alumnos como yo.

Me subí al coche, acomodé el asiento, porque soy un poco baja y no llegaba bien a los pedales. Recordé, el embrague con el pie izquierdo, con el pie derecho freno y acelerador. Palanca de cambios, velocidades, bien, me estoy acordando, hasta me sorprendía. Cinturón, freno de mano, llave en el contacto, arranca, me dijo. Vale, primera  y adelante. Y el coche arrancó, suavemente, como una seda pensé, bien, y lo importante es que lo estoy llevando yo, después de tanto tiempo.

Bueno, hasta aquí todo bien, había pensado que me conduciría a un lugar grande para que pudiera practicar, así como lo había hecho en mi primera clase cuando aprendí a conducir hacía ya 10 años. Pero iba muy errada, él me dijo, como ya tienes carnet, vamos a salir a andar por la calle, no te preocupes que yo controlo la doble pedalera, te indicaré lo que tienes que hacer. Vale, pensé, pero sentía como la adrenalina recorría todo mi cuerpo, una hora a pura tensión.

Salimos a una calle que tiene 4 carriles, de las más transitadas de Almería, con autobuses y autocares, así que no podía descuidarme ni un ápice. Me hizo ir siempre por la derecha y seguimos viaje hacia una rotonda enorme con 6 salidas, que tuve que hacer completa para regresar. Estaba en lo mejor de la rotonda y todo iba fenomenal, me sentía muy contenta, cuando en un plis plas todo eso cambió, un coche que sin previo aviso se cruzó por delante de mí  y tuve que pisar el freno, en realidad no fui yo....por suerte el profe fue más rápido, además de pitarle al hombre y recordarle lo bonita que era su madre. Más adrenalina y que calor, aunque estábamos a principios de mayo y aún estaba fresco. Y que buena clase, me dije, además de conducir, aprendo a cómo tratar al resto de los conductores.

En esta primera clase tuve que hacer dos rotondas, cosa difícil, que al final no hice del todo mal, salvo por ese incidente, siempre por la derecha, y mirando atentamente, aunque diré que cuando alguien me va hablando al lado y me dice que hacer, me bloquea bastante, así que algunos errores cometí, pero era normal, después de 9 años de no conducir.

Me prometí que cuando fuera en mi coche evitaría las rotondas, cosa imposible en Almería y aledaños, cada dos metros hay una, ¡qué mala suerte la mía! ¡Quiero vivir en el medio del campo, aunque ahí se me crucen las vacas o las ovejas, no importa!.

Sanos y salvos, me despedí del instructor después de una primera clase un tanto movida, quedando de encontrarnos al día siguiente. Aunque pensaba para mis adentros, pobre profe, no sé si podrá aguantarme, aunque a estas peripecias deben de estar acostumbrados. Dios nos encuentre confesao’s para mañana, por las dudas  le preguntaré si sabe rezar, ….seguro que si sabe...jeje.