26 dic. 2010

NO …NO ME PUEDO ENAMORAR OTRA VEZ (I)


Casi la tomó por sorpresa, pero si, no había dudas, hacía días que le parecía que él la miraba de una forma especial y ahora lo había pillado otra vez y eso le gustaba, claro que le gustaba.
Hacía mucho que se conocían. Habían sido compañeros en el Instituto, siguieron juntos en la Facultad, de vez en cuando coincidían en algún grupo de estudio o en alguna reunión y de tanto cruzarse y mirarse, se hicieron amigos.
Así ella conoció a su familia, a sus amigos, a sus exnovias, que le gustaba el Colacao sin azúcar y su fanatismo por el Madrid aunque eso a ella no le gustaba porque era del Barça.
Sabía cuando él tenía sueño porque comenzaba a guiñar los ojos y que nunca le gritaba aunque estuviera muy enfadado, y él sabía que a ella le gustaban los helados de chocolate con nueces, la playa aunque fuera invierno, los lunes de CSI y que siempre cantaba cuando conducía su super bólido por las calles de la ciudad que los veía pasar todos los días riendo y discutiendo acaloradamente por todo y por nada.
Él siempre sabía que a ella le gustaría la película que había elegido para ir a ver el sábado en el cine, que siempre pedía coca cola con hamburguesa como primera tapa y ella sabía que a él le encantaban las patatas con alioli y que era muy cariñoso pero cuando una mujer le gustaba se ponía un poco tonto.
Sabía muchas cosas de él, hasta podía decir de memoria la ubicación de sus pecas en la espalda, pero había algo que no sabía y desde que lo había descubierto mirándola de esa forma tan especial, con una pequeña sonrisa tonta dibujada en su cara, se había puesto a pensar que no sabía cómo besaba, ni cómo hacía el amor.
No conocía las palabras que le decía a una mujer en la cama, ni sus gustos y preferencias al besar. No… no lo sabía…y quería saberlo…si que quería.
Por esa razón fue que le mantuvo la mirada y le sonrió cuando le sorprendió por enésima vez esa semana mirándola embobado cuando estudiaban en la Biblioteca de la Facultad.
Sintió un click en su corazón y una punzada en el estómago le indicó que ya era hora de conocer como la acariciarían esas manos que a veces la habían rozado y como la besarían esos labios y como la amaría ese hombre con el que tanto había compartido, del que conocía detalles, pero que en definitiva no conocía y quería conocer más.
Y tuvo la certeza de que lo iba a amar.
Continuará...