1 nov. 2010

VIVIR PARA SIEMPRE




Ayer por la tarde fui al cine y la oferta de películas en realidad no era mucha, por lo menos las que me parecían interesantes con solo leer el título y los actores, ver la publicidad e imaginarme de que iba.


Después de reflexionar un poco al lado de la taquilla, me decidí a ver “Vivir para siempre”.

Contaré un poco de que va, pero sin dar muchos detalles por si les apetece verla.

“Vivir para siempre”, cuyo guión fue escrito a partir de la novela Ways to Live Forever, de la inglesa Sally Nicholls (en España Esto no es justo), narra la historia de Sam, un niño de doce años al que le encantan los datos, recopilar historias espeluznantes, sucesos fantásticos y además quiere ser un científico famoso. Digamos que quiere lo que todo niño quiere a su edad. También le gustaría saber qué se siente al tomar cerveza, fumar su primer cigarrillo y besar a una chica. Sam quiere saber cómo se sienten los adolescentes porque y lamentablemente para él y su familia, él no llegará a serlo, porque tiene leucemia y de un tipo que no se cura. Le plantea infinidad de preguntas a sus padres, a su profesora y a su amigo Félix, con quien comparte muchos de los sueños que quiere realizar y quien le ayuda a hacerlos realidad. Los adultos sólo le responden con ambigüedades, con evasivas, como evitando responder a la peor pregunta y al peor hecho al que un padre se puede enfrentar. Pero él insiste, porque quiere conocer todos los datos y detalles sobre la muerte, su muerte. Está dispuesto a averiguar las respuestas a todas sus preguntas, y por eso decide escribir un libro. Un libro que es su diario, que además graba en videos, que también es a la vez  una “investigación científica” con sus observaciones y una lista de las cosas que quiere hacer antes de morir, porque según le dice la profe, una de las maneras de “vivir para siempre” es perpetuarse en su obra, en lo que podamos dejar para la posteridad.

La película no se queda en los simples sentimientos, ni en la sensibilidad total, ni en la lágrima que está en casi todo su transcurso (recomiendo llevar caja de pañuelos), porque también tiene momentos de alegría, de comunicación, de dar las gracias y estar alegre por sentirse vivo a pesar de todo.

Es duro ver con que entereza se puede llegar enfrentar un niño a la muerte y decirle a sus padres que no estén tristes, que lo recuerden con alegría, que no quiere música triste en su funeral, que lo entierren con sus gafas o que tiren sus cenizas en su lugar favorito.

No quiero hacer aquí la crítica de la película, puesto que no soy crítica de cine, lo mío pasa por una cuestión de piel, me gusta o no me gusta, me llega o no me llega.

Y puedo decir que esta película me ha llegado. Me ha gustado esta reflexión sobre el sentido de la vida, el apoyo solidario de la familia y las ganas de vivir haciendo lo que queremos, lo que nos gusta, a pesar de la tristeza, de la enfermedad, poniendo todo el empeño por saber y conocer.

Y me ha gustado sobre todo porque da fuerza, porque los que han perdido a algún ser querido saben que mal se pasa en ese momento y después más, que jamás se olvida.

Hoy es un día para recordar
a los que ya no están.
Aunque esto hay que hacerlo siempre,
pero hoy es un día especial,
de flores, de sentimientos,
de alguna lágrima que escurre por la mejilla y no se seca.
Y recuerdo a los que me cuidan desde no sé donde,
y me protegen cuando se me da por hacer locuras.
A los que me arropan por la noche
como cuando era niña y no estaba sola.
A los que no hacía falta decir te quiero
porque con una mirada
expresaba todo el sentimiento.
Pero hoy se me antoja gritar,
que los quise y aún los quiero,
que siempre los querré,
que los siento vivos en el recuerdo.