10 nov. 2010

LA MURALLA



¿Se puede construir una muralla con palabras, con hechos, con actitudes?, se preguntaba María mientras tomaba café sentada en la terraza de su casa.

Pero así se sentía, porque con las palabras que tantas veces había escuchado de él o en realidad con las que él no decía, con las que ella creía entender, y con las que intuía, había construido una pared que hoy le parecía sólida y protectora.

Antes de conocerle le habían hecho mucho daño, así que ante cualquier señal, comenzaba a construir un muro insorteable. Y eso le había pasado con él, aunque cuando se encontraban la pasaban muy bien juntos, compartían gustos musicales, gustos en comidas, en ocupaciones en los ratos de ocio, pero aún así, no quería que volviese a sonreírle de aquella manera, ni que le volviese a hablar en ese tono que lo hacía y que tanto le gustaba, tampoco quería tenerle frente a sus ojos, porque estaba segura de que estropearía todo lo que había trabajado en aquel muro que había levantado entre los dos, poco a poco.

Miedo….si….miedo a sufrir nuevamente….miedo a que te engañen…miedo a amar tienes María, le decía su amiga Blanca. Ella asentía, pero no le quería dar la razón del todo y se excusaba diciendo que él no era todo lo que pintaba, que no le conocía bien y que tiempo al tiempo, que si las cosas se tienen que dar, se darán, le contestaba.

Pero ella sabía que era verdad, que tenía miedo, y por eso cuidadosamente construía esa muralla imaginaria que la separaba, no solamente de él, sino de todo aquel que se acercara y le hiciera ver otro punto de vista.

A veces pensaba que era mejor destruir esa construcción infranqueable, saltarse las reglas, cosa que de vez en cuando le gustaba y aunque nunca había sido de hacer trampas,  era muy tentador saberle ahí, cercano y lejano a la vez, a golpe de teléfono…pero…el angelito protector que le ayudaba a construir la pared le decía…”una retirada a tiempo es un triunfo, guapa…así no volverás a sufrir”…y se quitaba el auricular del teléfono del oído.

Pero otras veces pensaba que no podía seguir compartiendo su vida con la soledad, que no todo es controlable en esta vida y que tenía mucho que dar.

¿Pero a quién le daría todo eso? Porque si construyes esta pared que nadie puede saltar, si te alejas sin permitir que se acerquen, guapa, siempre estarás sola, se dijo al fin.

Se miró al espejo y sonrió, se pintó los labios lentamente, delineó sus ojos y con un mazo imaginario comenzó a destruir la muralla. Cogió el teléfono y discó los números que le acercaban a él…..otra muralla la protegería de hoy en adelante…la de sus brazos.