15 nov. 2010

EN CADA PUERTO...



Por su trabajo, él viajaba mucho, de aquí para allá, sin establecerse en ningún lugar. Un mes aquí, dos meses más allá, otros tres meses en la gran ciudad. Así transcurría su vida y así era también en cuestión de amores.

Sus amigos le decían que parecía un marino, porque tenía una novia en cada puerto. Y eso le hacía reír, sobre todo porque le gustaba la mar en toda su extensión, ya estuviera en calma o embravecida.

La nombraba en femenino siempre, porque decía que la mar era como una mujer, tan bella como ellas, tan suave al besar la arena y tan brava cuando quería domarla al navegar, aunque eso pocas veces lo hacía porque lo que más le apasionaba era descubrir sus infinitos secretos al bucear.

Y así como buceaba en la mar, trataba de bucear en el alma femenina, en sus corazones, en sus mentes y en sus cuerpos. Pero sus encantos no lograban atraparlo por mucho tiempo así como lo tenía enganchado la mar.

Hasta que llegó a su vida aquella muchacha de sonrisa cálida, ojos negros, rostro y voz de niña que lo atrapó con su dulzura.

La conoció dando una larga caminata por la orilla de la mar una tarde de otoño y la saludó con un simple hola, ella le miró y le sonrió.

Ese fue el principio de muchas caminatas juntos, de largas e interminables charlas, de miradas, de momentos compartidos, de navegar juntos sobre mares tranquilos de alegría, de sonrisas y de conocimiento mutuo.

Pero así como las olas llegan a la orilla y la abandonan, él tuvo que partir una vez más una fría tarde cuando el otoño casi daba paso al invierno.

Su corazón le dictaba quedarse, su mente y sus obligaciones decían que no y se sentía triste, porque deseaba abrazarla como otras tantas veces sin tener que despegarse, besarla hasta perder el aliento y quedarse con ella, porque era la primera vez que quería quedarse con alguien, pero no podía.

¿Por qué las cosas no pueden ser de otra manera? pensó, mientras la abrazaba y las lágrimas caían por sus mejillas y las de ella.

Volveré le dijo y ella asintió sin decir nada.

Saber cuál es el camino de regreso es importante….y si está grabado en el corazón…jamás se olvida....aunque tardemos en regresar.