5 oct. 2010

UN CAFÉ CON VOS (V)



Mariela estaba en su casa y pensaba si llamar a Manuel o no. Su huida intempestiva de la cafetería podía ser considerada por él como sospechosa. Con Ricardo no había hablado en esos días  y no sabía que habrían hablado entre ellos y esto la tenía intranquila. 


Hacía tres días que había visto a Manuel y a pesar de ser una mujer valiente y decidida, no se animaba a llamarle. Manuel tampoco la había llamado, pero al final pensó, que no se podía quedar con esa duda, así que le llamó.

- Hola Mariela,- contestó Manuel.

- Qué tal Manuel?, - preguntó ella.

- Bien, te me has adelantado, porque estaba pensando en llamarte, esto parece hasta telepatía, - dijo él con un tono de voz que denotaba que se alegraba de hablar con ella. 

- Si, tienes razón, - dijo ella y sonrió. Te llamaba para disculparme, porque el otro día me fui apresuradamente de la cafetería y sin despedirme. Cuando salí del aseo, te vi hablando con Ricardo y preferí, para evitar sospechas infundadas, irme. Además se me estaba haciendo tarde y tenía que volver al trabajo.

- Si, no pasa nada. En otro momento podemos quedar y seguir charlando, aunque no pudimos hablar mucho. Tu conversación es muy agradable y tu compañía mucho más.

- Pues,...si quieres, ...te invito a tomar café en mi casa, te parece?. Tengo la tarde libre y me han regalado un café de Colombia muy sabroso que creo te gustará.


Manuel al escuchar a Mariela, se quedó sorprendido. No sabía que contestar, pero no podía decir que no a una invitación de ese tipo, así que contestó:

- Gracias por la invitación, acepto realmente encantado. Para acompañar ese café llevaré unas pastas o un bizcocho. Cerca de mi casa hay una confitería alemana que hace unas tartas espectaculares.

- Uyyy Manuel, perderé la línea con eso.

- Qué no, mujer!, Si estás verdaderamente estupenda.

- Gracias...eres muy amable, - dijo ella riendo. Entonces, te espero. ¿A qué hora estarás por aquí?, así te espero con el café listo.

- Ponle una hora, ¿te parece?

- Si, para mí está bien. Y le dio la dirección de su casa en una urbanización exclusiva de una zona residencial de la ciudad.

Manuel, salió de su casa, se dirigió hacia la Confitería y compró una tarta de chocolate. Subió a su coche y se dirigió a la casa de Mariela. Tenía la sensación mientras conducía que iba a ser una tarde especial. Ella le gustaba y mucho, no estaba muy seguro de que pasos seguir, pero ella le atraía, aunque le frenaba un poco su amistad con Ricardo. Todo lo que ella le había dicho en la cafetería, había sido confirmado a medias por su amigo con el que había hablado unos 10 minutos. Ricardo no le había dicho mucho en cuanto a que tipo de relación lo unía a  Mariela y él tampoco le había preguntado directamente porque no quería que su amigo sospechara de su encuentro y de su interés, que a esta altura le parecía mutuo, porque la invitación que le había hecho ella de ir a su casa, le había sorprendido y mucho. 

Él solo tenía la idea de tomar café en alguna cafetería para seguir conversando y nunca se le había cruzado por la mente ir a su casa, pero allí estaba rumbo a un nuevo encuentro. 


A veces creía que lo mejor no era pensar mucho en estas situaciones y dejarse llevar. Mariela le parecía una mujer muy interesante, atractiva y sumamente decidida y más con respecto a él, y eso lo emocionaba.

Cuando llegó Manuel, ella le esperaba con el café listo y unos bombones sobre la mesa. Él la saludó con dos besos y le dio la tarta que había comprado.

Se sentaron en el salón a disfrutar del café, pero había algo especial en el ambiente, algo que hacía que se miraran y sintieran el deseo de estar juntos, de abrazarse, era como si una fina y  suave cuerda los fuera tironeando uno hacia el otro y los entrelazara.

Ella se levantó y puso música. Sonaba una canción que a él le gustaba y que hacía mucho no escuchaba. Sintió ganas de bailar, así que se levantó, le cogió la mano y la invitó a bailar.


Se abrazaron y casi instintivamente sus labios se encontraron en un beso largo y apasionado. Y siguieron besándose hasta que terminó la canción. La atracción que sentían el uno por el otro los mantenía unidos. 

Él comenzó a acariciarle el cuello y ella se dejaba acariciar mientras le desprendía los botones de la camisa, para dejar al descubierto un torso bien formado.

Manuel seguía besándola mientras Mariela acariciaba su torso desnudo y trataba de desprender el cinturón de su pantalón. Ya no hay marcha atrás, pensaba Manuel, como quien dice, ya está todo el pescado vendido. Los dos sentimos que queremos estar juntos y solo eso importa ahora.

Mariela le susurró al oído, sígueme y dirigió sus pasos hacia el dormitorio en donde una cama en tonos de azul les esperaba para vivir todo ese deseo.

En solo unos instantes, sus cuerpos estaban entrelazados como cuando se habían abrazado para bailar, pero ahora el contacto era mayor, piel con piel, y se entregaron al deseo irrefrenable que desbordaba todos sus poros, entre besos y caricias incontrolables, llegando a ese momento mágico en que se siente que el tiempo se detiene.

Continuaron abrazados unos minutos más, sin moverse, con los ojos cerrados, sintiendo y recreando una vez más lo que acababan de vivir juntos.

Mariela no daba crédito, jamás había sentido de esa forma, un placer inmenso la invadía y recorría todo su cuerpo.

Manuel la besó cálidamente en los labios y se fue al baño a ducharse, un poco confundido pero emocionado por lo que había pasado.

Tomaron otro café y comieron tarta de chocolate, casi sin hablar, diciéndose todo con la mirada.

Y luego de repetir en el mar azul de esa cama, Manuel se despidió con un nos vemos pronto preciosa, te llamo, me ha encantado estar contigo.

Cuando Mariela se quedó sola, comió otro trozo de tarta y se dispuso a coger el teléfono que sonaba insistentemente, cuando vio quien le llamaba su cara se transformó.

Continuará….