3 oct. 2010

UN CAFÉ CON VOS (III)


Mariela miró quien gritaba su nombre desde un coche y reconoció a Manuel, sonrió y le dijo que si con la cabeza.

En realidad se había tomado el café hacía bastante y había esperado a Manuel también, y eso que nunca esperaba a nadie, estaba acostumbrada a que la esperaran. Era así, dueña de sí misma, decidida, que cuando quería algo luchaba a brazo partido por conseguirlo y usaba toda su inteligencia.

Últimamente, no se sentía del todo bien con su vida, era una mujer muy ocupada, su trabajo, sus clases en la Universidad, pero no se sentía satisfecha con todo eso, necesitaba sentir, sentirse viva, que la suave pluma del amor le hiciera cosquillas nuevamente en el corazón.

Había una persona en su vida, Ricardo. Se habían conocido en las clases de alemán y de pronto habían congeniado, después de un café, en realidad varios. Tenían aficiones similares, les gustaba esquiar y de vez en cuando algún viajecito juntos a los Pirineos habían hecho, se sentía bien a su lado, pero le faltaba algo más, a veces le parecía que estaba con él por estar, por no sentirse sola, algo así como un “peoresnada”. Sabía que Ricardo estaba colgadísimo por ella y si bien a ella le pasó lo mismo al principio, ahora no se sentía así y quería aire, pero no se lo decía, porque temía hacerle daño y además porque esperaba que la situación cambiara y enamorarse de él, como Ricardo se merecía. Tampoco era cuestión de quedarse sola, porque aunque no le temía a la soledad, la compañía de Ricardo, a pesar de alguna de sus actitudes, le gustaba. Él era un hombre bueno, agradable, amigo de sus amigos, que por sobre todo la quería y la complacía, pero a veces se sentía agobiada por su forma de ser, algo dependiente de ella y eso la hacía pensar que tendría que hablar en algún momento con él, para nuevamente sentirse libre.

Cuando conoció a Manuel, le llamó mucho la atención su forma de hablar y de pensar, por eso le había dado su número de teléfono. Sabía que estaba haciendo algo mal, aunque no se sentía mal por ello, de todas formas pensaba que no tenía nada de malo tomar un café y conocer un poco más a uno de los amigos de Ricardo. Pero no sabía como le caería esto a Ricardo, en el fondo sabía que a él no le gustaría. Con algún cariñito sé que lo conformaré, pensaba, pero…nada, mejor no pienses más Mariela, se decía.

Y allí estaba Manuel, gritándole quiero tomar un café con vos, ¡que gracioso!, pues si, vamos a darle la oportunidad de un café, me tomaré otro café, aunque esta noche no duerma. Él vale una noche de insomnio.

Manuel estacionó en un hueco que encontró entre un Smart y un Audi, se bajó del coche y le sonrió.

- Uuuuyyy Mariela, lo siento, no es por justificarme pero he pasado por un atasco en la puerta de la Biblioteca, parece que están de obras por allí y por eso el tráfico está fatal. Menos mal que te encontré aquí, no quería que pensaras que me había arrepentido del café.

- No pasa nada Manuel, de todas formas nos hubiéramos visto en otra ocasión, porque nos hubiera quedado un café pendiente.

- Así es, pero ya que estamos y si tienes tiempo, podemos tomárnoslo ahora, te parece?

- Si claro que si…nos tomaremos ese café, - contestó ella sonriente.

Y comenzaron los dos a caminar nuevamente hacia la cafetería.

Entraron y se sentaron en una mesa vacía, casi al fondo. Parecía como que se ocultaban inconscientemente, los dos tenían la sensación de que estaban haciendo algo mal, pero así y todo se sentían contentos de estar allí juntos.

Ella pidió un café solo y él uno con leche.  

- Mariela,- dijo él acercándosele y casi susurrando.

- Dime.

- Tengo que decirte que fue toda una sorpresa para mí que me invitaras a tomar un café.

- Será porque me resultas agradable, por eso fue y porque eres amigo de Ricardo y no hacemos nada de malo, no te parece?,- dijo ella transmitiendo lo que los dos pensaban en ese momento como para convencerse.

- Así es…me gusta estar aquí hablando contigo.

De repente se abrió la puerta de la cafetería y los dos instintivamente miraron quien entraba.

Continuará….