2 oct. 2010

UN CAFÉ CON VOS (II)




Manuel corrió presuroso al armario, se quitó la camisa, y eligió una negra para ponerse. Se miró al espejo. No era de extravagancias en el vestir, más bien que siempre iba de vaquero y camisa, tampoco se fijaba mucho en la ropa que se ponía día a día, porque el negro era su color favorito. En esa ocasión quería ir bien vestido, no sabía bien porque, pero quería causar una buena impresión y además suponía que ella iría tan guapa como la había conocido, aunque solo fuera un café, pero intuía que así sería.

Subió a su coche y salió rápidamente hacia la cafetería.

La cafetería Tinta Roja le quedaba un poco alejada de su casa, así que trató de ir rápido, aunque respetando los límites de velocidad. Encendió la radio y se encontró escuchando la canción "Loba" de Shakira, se sonrió, vaya letra ha escrito esta mujer, si es que la tía está que se sale. Esta canción le pega a Mariela, porque es muy sensual. Ahora cada vez que la escuche, me la recordará.

Al llegar a la esquina, respiró hondo y aguardó que el semáforo cambiara a verde. Tenía 4 coches delante, y esperaba que cuando cambiara la luz le diera tiempo para poder girar y coger la carretera. Casi, casi raspando y ya en amarillo logró pasar delante del semáforo y pisó el acelerador a fondo, toda esa operación le había llevado más de 5 minutos y no quería llegar tarde a la cafetería.

Iba llegando y delante de la Biblioteca un atasco. Jolines, pensó, esto no cambia más, siempre aquí tiene que pasar algo. No llego, joder, que no llego. Y realmente no le gustaba llegar tarde a ningún lado, ni tampoco que lo hicieran esperar. Paciencia, que le vamos a hacer, espero que Mariela no se vaya.

Quince minutos de atasco, madre mía, tengo que apresurarme y además contar con que pueda estacionar en la puerta misma de la cafetería, cosa difícil, porque siempre esa cafetería está llena a esta hora y en la puerta de la misma no aparca ni un alfiler.

Logró estacionar casi a una calle de la cafetería y corriendo llegó hasta la puerta. Miró dentro y no vio a Mariela, examinó el interior de la cafetería completamente llena de gente y se fijó además en la barra, pero ella ya no estaba.

No puede ser, se ha ido, se dijo, cabizbajo. Miró la hora y se dio cuenta que había demorado en llegar más de 45 minutos, entre el atasco y el tiempo perdido para estacionar.

Pensó en preguntarle a la camarera por Mariela, pero considerando que había mucha gente, descartó la idea. Salió de la cafetería caminando despacio, mirando hacia todos lados por si la veía y se dirigió a su coche. Pensaba en llamarla por si aún ella estuviera cerca, pero al final decidió no hacerlo, pensó que era mejor dejar las cosas como estaban, ya tendremos otra oportunidad de tomar un café juntos, se dijo.

Se subió al coche y al girar en la esquina, la vio caminando por la acera, así que detuvo la marcha, bajó el cristal y gritó: “Mariela, Mariela, espera, que quiero tomar un café con vos”.

Continuará….