20 oct. 2010

LA LUNA FUE TESTIGO...(II)



Se levantó lentamente mirándola, le encantaba verla despertar y en un arranque de ternura la tomó entre sus brazos.

Ella le miró fijamente, aturdida por su silencio y porque aún estaba como en una nube de ensueño. Le notó dulce pero preocupado, no sabía que decir, tan solo se dejaba abrazar a la espera de una palabra que le devolviese la tranquilidad y las ganas de sentirlo nuevamente fundido en su alma.

Él le habló quedamente al oído y la besó nuevamente. Le dijo con palabras tiernas cuanto la deseaba y que siempre, siempre, quería estar a su lado. Aunque en su mente solo una idea daba vueltas, algo que no quería decir, pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo.

Ella le miró con extrañeza, porque su mirada le indicaba que algo ocurría, que algo le preocupaba, pero temía preguntarle y empañar el momento, porque no quería que él dejara de abrazarla, quería seguir así, abrigada por sus brazos. 


Él continúa abrazándola pero advierte que dos lágrimas tímidas corren por sus mejillas. Conmocionado por verla llorar, la abraza aún más fuerte, cubriendo cada centímetro de su piel.


Al final comprende que no puede dilatar más el momento, que debe decirle lo que acongoja su corazón, que los silencios aumentan las dudas y espera que ella le entienda.

Cuando las primeras palabras comienzan a brotar de su boca, ella le detiene, le dice que lo intuía desde hace unos días y acepta la separación aunque le destroce el corazón, porque sabe que jamás le olvidara. 


Desde que le conoció y por la situación en que estaba inmerso, sabía que podía llegar ese momento en que él se tendría que marchar, pero tenía la esperanza de que pudiera quedarse, de poder ayudarle, de que siempre estuvieran juntos, de que ese amor que sentían el uno por el otro fructificara.

Pero el destino es así, sus caminos tienen que separarse, ...¿por cuánto tiempo?, ...ninguno de los dos lo sabe.

Continuará…