10 sept. 2010

LAS COSAS DEL QUERER (XII)

Y para terminar con la serie de “Las cosas del querer”, aquí les dejo un clásico en dos versiones….una que termina como nunca queremos que finalicen las cosas del querer y la otra…si…por fin…con final feliz…que alguno tenía que poner en esto….porque los finales felices aún existen.



VERSIÓN 1



- ¿Qué has descubierto?. Dímelo, porque desde que me has llamado por teléfono no dejo de pensar en que puede ser. ¿La cura contra el cáncer?. ¿Un nuevo alimento funcional? ¿La piedra filosofal? ¿El elixir de la eterna juventud?,- dijo él sonriendo.

- Que ya no te quiero,- contestó ella rápidamente. Lo siento. Estoy hecha un lío, porque me he puesto a pensar y he llegado a la conclusión de que creo que tú tampoco me quieres.

- Madre mía…peligro…peligro, cuando te pones a pensar…¿y me lo dices así, sin anestesia?...qué cruel eres!!!. Ya habíamos hablado al respecto y habíamos dicho de darnos un tiempo, seguir en contacto e intentarlo…pero ahora con lo que me dices …no sé…, además no entiendo. ¿Por qué dices que yo no te quiero?,-dijo él con los ojos algo vidriosos a punto de llorar.

- Si lo sé….he sido un poco brusca…lo siento….pero no puedo dejar pasar el tiempo…tenía que decírtelo, no quería que te crearas falsas expectativas y que yo tampoco me las hiciera. Además ¿para qué darnos más tiempo? si esto no puede seguir porque le falta algo…le falta lo más importante…sentimiento….,-contestó ella mirándole fijamente.

- Pues sí, tienes razón, - dijo él secándose la primera lágrima que rodaba por su mejilla.

- Vamos hombre, no llores, que me vas a hacer llorar a mi también. Qué sensible me has resultado!!!- dijo ella palmeándole la espalda en un intento de abrazo.

- ¿Podemos quedar como amigos?¿Qué te parece?,- dijo él con tono suplicante.

- Si…podría ser,- contestó ella dubitativamente. Ya hablamos…me tengo que ir.

Le dio un beso en la mejilla y se alejó, primero despacio y después apurando sus pasos para no dar vuelta y mirarlo, para no arrepentirse de lo que había dicho, de lo que había hecho. Sabía que él lo superaría tarde o temprano.

Ella estaría bien y volvería a sonreír, como siempre.



VERSIÓN 2


- Hola, cómo estás?, - dijo ella en cuanto contestó la llamada de él.

- Bien y tú?,- contestó él. Te llamaba porque tengo algo importante que decirte.

- ¿Me tengo que echar a temblar?, -preguntó ella haciendo gala de su buen humor, ese que la invadía cuando hablaba con él.

- Nooo…nooo…lo que tengo que decirte es muy bueno, - contestó él.

- Uuuuufffff…que alivio, porque no estoy yo hoy para malas noticias, - dijo ella. Pero bueno, por fa, no te hagas de rogar y dímelo ya que me estoy poniendo muy nerviosa.

- Es mejor que quedemos para tomar un café, ¿te parece?. Te paso a buscar y lo hablamos,- dijo él.

- Vale, te espero.

Se arregló como solo lo hacía cuando salía con él. Estaba nerviosa por lo que él tenía que decirle, es que el “tenemos que hablar” siempre la asustaba, más de una vez había escuchado esa famosa frasecita previa a una ruptura y no estaba como para otra más en su vida, además de que lo amaba demasiado y lo único que quería era compartir el resto de su vida con él.

Sonó el timbre y se dirigió presurosa a abrir la puerta y al hacerlo, chocó contra un gran ramo de rosas rojas que él le ofrecía sonriente.

- Madre de dios, - exclamó. Qué bonitas!!!.

- Me alegro que te gusten, pero creo que lo que tengo que darte y decirte a continuación te gustara aún más…o eso espero, -dijo él aumentando el suspenso.

- ¿Y qué es eso tan importante que tienes que decirme?,- preguntó ella.

- ¿Quieres casarte conmigo?,- dijo él extendiendo su mano abierta en la que tenía un bonito anillo.

- Si, - contestó ella y le besó con los ojos llenos de lágrimas de felicidad.