9 sept. 2010

LAS COSAS DEL QUERER (XI)



Lo habían hablado alguna que otra vez y en una de esas charlas ella le dijo: “La pelota está en tu cancha, te toca jugar a tí”.

Lo había dicho e inmediatamente se había arrepentido, pero no podía volver atrás y era verdad, porque las dudas, los problemas y la indecisión no eran suyas.

A él le quedaba la parte más complicada ahora, la opción de decidir seguir adelante, darse un tiempo o decir no va más.

Una decisión que a él le agobiaba tomar, porque la quería por sobre todo, aunque dudaba que hacer. Tenía muchas complicaciones en su vida y esto era lo que no le dejaba pensar y lo alejaba de ella. Cuando tenía que solucionar algunos asuntos, ella ocupaba sus neuronas y no podía pensar en otra cosa, y cuando al final del día quería que ella invadiera totalmente su pensamiento, los problemas se le entrecruzaban en su cabeza y así no podía seguir.

Recordaba los días en que todo brillaba. El día en que se conocieron, cuanto le gustaba su compañía, sus charlas, su olor, su presencia, hacerle cosquillas, verla reír feliz. Parecía que hubiesen transcurrido siglos por lo bien que se habían compenetrado el uno con el otro, pero solo hacía dos meses que se conocían.

Él sabía que a ella le hubiera gustado que se quedara por más tiempo, pero tenía tantas cosas que resolver que eso no era posible, pero esperaba y deseaba que la distancia no les separara del todo. Aunque también pensaba que no tenía nada que ofrecerle, solo problemas. Ella encontrará a alguien que le pueda ofrecer muchas cosas, cosas que yo en este momento no puedo darle, se convencía.

La distancia, maldita sea la distancia, pensaba mientras la veía alejarse cabizbaja y él se dirigía a la sala de embarque del aeropuerto.

Se habían prometido estar en contacto y así lo hicieron al principio. Transcurrían los días y seguían hablando. Se contaban lo que hacían, él le preguntaba que comía, porque sabía que ella poco aficionada a la cocina, al no estar con él no cogería ni ollas ni sartenes. Ella le repetía riendo que se sabía cuidar pero que le hacían falta sus fajitas de pollo y su arroz a la cubana, pero no quería que él se preocupara, quería que solucionara sus problemas para que pudiera regresar cuanto antes y se había propuesto ayudarle en todo, apoyarle, tranquilizarle, hacérselo más fácil para que su cabeza tuviese claro el sendero por el que debía caminar.

Con cada llamada, con cada beso telefónico, con cada te quiero, él sigue manteniéndose cercano le decía ella a sus amigas.

Pero la realidad era muy otra, al pasar el tiempo, ella le notaba distante, porque sentía que él le hablaba como si de una amiga se tratara. Sentía como se iba formando un abismo entre ellos, que llenaba poco a poco de silencios, de dudas, de inseguridad, de dolor, de lágrimas, el espacio que los separaba, un abismo en el que no quería caer, tratando de seguir en contacto, tratando de que él notara su presencia aunque fuera a la distancia. De vez en cuando sentía que conseguía un acercamiento, pero en otras ocasiones sentía que él estaba en otro planeta y sin posibilidades de regresar.

Eso era lo que ella últimamente pensaba, que no estarían juntos, que no tendrían un futuro común, algo de lo que habían hablado muchas veces, pero que ahora veía lejano, tan lejos como él se encontraba. De hecho se lo había dicho una vez, que no había futuro posible, y él la tildó de poco optimista.

A pesar de sus pensamientos, cada vez que hablaban, trataba de mantenerse sonriente, para que las dudas no la asaltaran, para no preocuparle, para seguir manteniendo la llama viva, para no perder lo poco que tenían, no podía dejar que sus dudas estropeasen lo que habían iniciado con tanta ilusión.

Esas dudas a veces no la dejaban dormir, porque también pensaba si todo ese esfuerzo valdría la pena. ¿Y si él en el momento de tener sus problemas resueltos me dice que ya no quiere estar conmigo?, porque la decisión la tiene que tomar él, es la ventaja que le he otorgado. ¿Y si yo dentro de un tiempo veo que ya no quiero seguir? ¿Qué pasará? se repetía una y otra vez.

Y así seguía pensando, hasta que para poner su mente en off, se decía: “Todo se andará….y si no puede ser… nadie me quita lo bailado”.