7 sept. 2010

LAS COSAS DEL QUERER (IX)


Santiago salió de su casa sin rumbo fijo. Pensaba en Mariana. Como me duele que no estemos juntos, se repetía una y otra vez.

Pasó por la cafetería donde habían tomado el primer café hacía tanto tiempo. Se detuvo en la puerta sin decidirse a entrar. Los recuerdos se lo impedían, no quiero sentarme solo se dijo, no quiero recordar su risa, no quiero recordar el momento en que por primera vez cogí su mano, donde vi sus ojos entre tantos otros y supe que era ella, la mujer con la que quería estar para siempre.

Siguió de largo y se perdió por las calles, por esas calles donde solían pasear.

El recuerdo de Mariana seguía instalado en su memoria y no podía arrancarlo de allí. Recordaba cuando la esperaba que saliera del trabajo y la llevaba a su casa, esperando que en la esquina el semáforo se pusiera en rojo para robarle un beso, los besos de semáforo, los llamaba ella. Los mismos semáforos que lo veían solo ahora y que antes se habían emocionado al verlos pasar por las calles que percibían su amor y lo veían crecer junto con la ilusión que se multiplicaba por un millón y más.  

Pero todo eso se terminó, se dijo, algo falló entre nosotros. Pienso y repienso y no sé que fue, quizás debí darle más, quizás fui yo el culpable, por no estar siempre a su lado, pero tenía que trabajar, me pedía más tiempo juntos y traté de dárselo, traté de darle todo, pero creo que no fue suficiente, algo se rompió y la echo de menos. Me cuesta acostumbrarme a que ya no está en mi vida, me cuesta acostumbrarme a que tengo que seguir solo. Me había imaginado una vida distinta. Me había hecho la idea de ver siempre sus ojazos, de escucharla reír, de tenerla a mi lado en todo momento, todos los planes que habíamos hecho, y no sé cómo seguir, el castillo de los sueños se me ha derrumbado y no sé como reconstruirlo.

De repente y sin querer sus pasos le guiaron hasta la calle en donde ella vivía.

- Madre mía,- dijo en voz alta. Juro que no pensaba llegar hasta aquí. Si ella me ve pensará que la estoy espiando y no me creerá que esa no era mi intención, pensará que quiero verla. Y si, es la verdad, porque quiero verla, quiero nuevamente, café mediante, perderme en su mirada, rozar su piel y estar muy cerca, porque la quiero, pero no puedo, no debo. Seguiré mi camino, … porque solo pasaba por aquí.