1 sept. 2010

LAS COSAS DEL QUERER (III)



Ana era una mujer discreta, su vida era muy tranquila, de su casa al trabajo y viceversa. Algún café de vez en cuando con sus amigas, una copa de vino tinto algún domingo que otro con ellas, pocos compromisos, noches de insomnio con la compañía del televisor, silencios rotos por la música de su minicadena.

Pero un buen día conoció el amor, un cruce de miradas, seguida de charla casual, confidencias, risas, paseos y la soledad que siempre la acompañaba se fue alejando poco a poco.

Quería ir con cautela, muchas veces la habían decepcionado, pero el corazón se le desbocaba, no podía controlarlo, así que se lanzó a la conquista del hombre que ocupaba su pensamiento día tras día y noche tras noche.

Pensó una y mil veces como conquistarlo, porque en ese momento en lo único que pensaba era en él y no le importaba nada más. Veía que él tenía cierto interés en ella, pero no se definía concretamente, y pensaba que sería por timidez.

Dispuesta a todo, utilizó los artilugios que sabía podrían funcionar para lograr su objetivo, además consultaba a sus amigas cual era la táctica más adecuada, como seducir con gestos, insinuaciones, como vestir cuando salía con él para resultar más interesante. Pero él le era esquivo cuando ella más insistía y eso más le provocaba, aunque era sutil y delicada para no demostrar totalmente sus intenciones.

Al final se cansó de tanta táctica y tanta insinuación, y pensó que quizás el hombre de su vida podía estar ocupado con otra sin que se lo hubiera confesado, seguramente la mujer equivocada, pensaba.

Así que se dijo, hay que coger el toro por los cuernos y se tiró a la piscina, habló ella primero de lo que le estaba pasando, de lo que sentía cada vez que estaban juntos. El hombre la miró sorprendido y encantado, atendiendo a sus demandas.

Y pasaban los meses del calendario, las estaciones una tras otra y el amor casi unilateral iba creciendo, porque era ella que lo alimentaba, él poco hacía en esa relación.

Luego de atesorar besos, cartas de amor y muchas promesas algunas no cumplidas, llegó el día en que escuchó por casualidad el nombre de una mujer, ese fue el click de la pistola que aniquiló su corazón.

No lloró casi, pero le dolía profundamente. Hacía tiempo que lo suponía aunque su corazón se negara a creerlo, pero sabía lo que podía pasar.

Se juró y perjuró que no le diría nada, dejó que los días pasaran, se retiró poco a poco, dejó de asistir a las citas, y ponía excusas poco creíbles como antes había hecho él, pensaba que así sospecharía que algo pasaba, aunque después comprobaba que él no se daba cuenta de nada. Trató de no amar aunque le era difícil, trató de olvidar y volvió a la rutina de sus días, de casa al trabajo, del trabajo a casa y algo más fuerte que vino tinto con sus amigas.

Y que fue del hombre de su vida? Quizás aún se encuentre ocupado con la mujer equivocada pensaba, o no…..quién sabe…por lo menos tengo una compañera que aunque un poco pesada nunca me engaña….al fin y al cabo le decía a sus amigas…mi soledad me acompaña.