14 sept. 2010

EL QUE PIERDE ERES TÚ...(III)



Juan Francisco aparcó su coche en la puerta de la casa de Marina. La miró y sintió unos deseos irrefrenables de besarla y así lo hizo, se abrazaron sin querer despegarse, y así seguían besándose como preámbulo a lo que después ocurriría.

Subieron en el ascensor, mirándose entre beso y beso sin articular palabras.

Al entrar en la casa de Marina, se quedaron parados casi al lado de la puerta, besándose y acariciándose.

Él mientras rozaba su espalda, comenzó a bajar lentamente la cremallera del vestido negro, ese que tanto le había gustado y que había pensado toda la tarde en quitarle, en verlo en el suelo, descubriendo el cuerpo de Marina, ese cuerpo que le atraía, que quería sentir muy cerca suyo.

Ella le dejo hacer mientras acariciaba su torso, ese que asomaba por debajo de la camisa, fuerte y viril. Juan Francisco le parecía un hombre muy atractivo y más aún ahora que le tenía pegado así. Comenzó a desprenderle uno a uno los botones de la camisa negra y a besarle cada pedacito de piel que descubría lentamente.

Lentamente, sin dejar de besarse, ella le fue guiando hasta el dormitorio, una cama enorme les esperaba y en donde casi cayeron los dos abrazados para seguir besándose y acariciándose.

Cada centímetro de piel gozaba con las caricias y gritaba por más y así entrelazados se dejaron llevar hasta el momento mágico y sublime que los llenó de placer.

Siguieron abrazados por unos minutos sin decir nada, hasta que Marina rozó con la punta de sus dedos la nariz de Juan Francisco y le hizo reír, la abrazó fuerte, la besó y le dijo, eres encantadora, eres una mujer encantadora Marina.

Se levantaron y ella le ofreció unos bombones Ferrero Rocher que tenía en una cajita arriba de la mesa de noche, él cogió uno, lo desenvolvió y delicadamente se lo ofreció a Marina casi apoyándoselo en los labios para que ella mordiera.

- Te gustan los bombones Marina?, - le preguntó.

- Pues si, aunque no los como seguido, los tengo para momentos especiales como este.

- Vaya, me sorprendes y me gustas mucho y ahora más, no sé qué decirte, me he quedado sin palabras. Y dicha esa frase, la besó.

Cuando se despidieron, los dos sabían que volverían a encontrarse, aunque no sabían cuándo.

Marina entre esperanzada y soñadora, esperaba que fuera pronto, porque algo empezaba a sentir por Juan Francisco. Pero no quería ilusionarse, no tan rápido, aunque el recuerdo de los besos de él aún quemaban sus labios.

Continuará….